Exitosa primera carrera de vehículos controlados por ondas cerebrales

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Carrera de vehículos controlados por ondas cerebrales en la UTEC fue un éxito; en 2022 será con sillas de ruedas

Vehículos robóticos controlados por ondas cerebrales. Foto: UTEC

«El pelo ‘ensucia’ la señal. Entonces le corté el pelo a algunos compañeros, inclusive a los del otro equipo. Nos rapamos y la señal estuvo mucho más limpia. Fue una estrategia muy buena”, dijo Emiliano Álvarez a El País momentos después de ganar la primera carrera de vehículos robóticos controlados por Interfaz Cerebro Computadora (ICC) organizada por la UTEC Fray Bentos.

Ese fue un detalle menor en 10 meses de trabajo pero habla del compromiso que pusieron los estudiantes de los equipos Mentalink (el ganador) y Neurorace para protagonizar una competencia inédita para el país y la región: movieron vehículos por una pista de obstáculos dándole órdenes únicamente con el cerebro y captadas por un casco con sensores.

La ICC lo que hace es registrar directamente la actividad electroencefalográfica del cuero cabelludo del sujeto, la interpreta y la procesa y, en consecuencia, genera un comando para que una computadora ejecute el pedido: moverse en alguna dirección, agarrar un objeto o hablar.

“Lo más complicado fue la integración de los tres módulos: el que tomaba las señales cerebrales, el que la enviaba y el que las recibía que era el vehículo. Unificar eso en tiempo real y que se lograra mover el vehículo casi al instante que se están tomando las señales fue lo más complicado. Pero lo hicimos. Estas tecnologías son el futuro”, señaló Álvarez, de 21 años y estudiante de la carrera de Ingeniería Biomédica.

Vehículos robóticos controlados por ondas cerebrales. Foto: UTEC

Objetivos para 2022.

Lucas Baldezzari, docente de óptica y radiaciones de UTEC, lideró el aprendizaje, desarrollo y desafío final entre Mentalink y Neurorace. No se conforma con el éxito de la primera carrera y ya piensa en otros planes. “El objetivo para 2022 es hacer una competencia para controlar una silla de ruedas que se moverá por diferentes ambientes como en la vida cotidiana”, señaló a El País. Aquí el trabajo con ICC dejará de tener una meta lúdica (más allá del aprendizaje) para implementar tecnologías asistivas para personas que hayan perdido funciones motoras y de comunicación por accidentes de tránsito, accidentes cerebrovasculares (ACV) o enfermedades del Sistema Nervioso Central (SNC) como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Pero una ICC puede tener múltiples usos. Una aplicación posible es el control seguro de automóviles. Baldezzari indicó que el sistema puede monitorear la actividad cerebral del conductor para saber, por ejemplo, si se cuenta fatigado para impedir la acción o asistirlo en diferentes maniobras. Esto también puede ser aplicado en el ámbito militar para pilotos de aviones de guerra o tanques y también para el equipamiento industrial. Una ICC también puede analizar si un paciente en aparente estado comatoso tiene todavía “cierto rango de conciencia o si está realmente en un estado vegetativo” como puede presuponer el personal médico. La industria del entretenimiento también puede encontrar aplicaciones útiles de una ICC. Por ejemplo, se puede monitorear la actividad cerebral de un individuo mientras juega un videojuego para saber si lo disfruta o lo aburre y, en caso de que suceda lo último, el sistema puede ofrecerle otros estímulos para mejorar el momento.

“Pasar de un vehículo robótico de ‘juguete’ a una silla de ruedas no sería de salto tan abismal. La teoría y el background son los mismos. Creo que este es el camino”, afirmó a El País. Una silla de ruedas debe tener sensores de obstáculos y cierta inteligencia y autonomía.

Baldezzari añadió: “Si todo sale bien el año que viene vamos a invitar a estudiantes de la Universidad de la República y a la UTEC de Rivera para hacer esta competencia a nivel nacional. Queremos formar grupos más multidisciplinarios y regionales y el día de mañana hablar con Argentina y con Brasil. Pero pasito a pasito”.

Fuente: Elpaís