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Vuelta a clases con menos miedo por contagios y más fatiga familiar

Ayer asistió a clase el 74% de los niños de educación inicial que estaban convocados. El año pasado, la asistencia en ese nivel había sido del 67%.

Educación inicial comenzó ayer con 74% de asistencia. Foto: Leonardo Mainé

Bastaron un año, nueve informes de los pediatras del GACH aconsejando las clases presenciales, muchas horas de deberes, videoconferencias y quejas de “me aburro” para que hubiera un antes y un después en la asistencia a las aulas.

Hace justo 12 meses, cuando los pediatras del GACH hicieron su primera recomendación del retorno a la presencialidad, solo un tercio de los escolares del ámbito rural dijo presente en la clase. Los datos preliminares del sistema informático de Primaria muestran que ahora el promedio de concurrencia supera el 85%.

Algo similar ocurrió ayer en la vuelta a las aulas de la educación inicial: la concurrencia fue del 74%, cuando el promedio del año pasado había sido del 66,9%. En 2020, “el miedo fue más grande de lo que pensábamos y eso se reflejó en las altas cifras de inasistencias del año pasado”, reconoció la directora de Planificación Educativa de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Adriana Aristimuño.

Las calles semivacías, las familias confinadas -por su propia voluntad- dentro de sus casas y las escuelas con las persianas bajas y las puertas cerradas fueron, hace un año, la muestra de una sociedad que estaba asustada. Era un miedo a lo desconocido que siguió presente por meses, incluso tras las recomendaciones de los pediatras de retornar a las aulas y la evidencia de que “los niños contagian y se contagian menos que los adultos”.

Esa es la principal razón que encontraron Aristimuño y su equipo técnico para explicar por qué cuando los niños fueron convocados a clase, durante el año pasado, la asistencia cayó de 86% (en 2019) a 75%, es decir más de 10 puntos, según los datos que se desprenden de la 19ª edición del Monitor Educativo de Primaria.

La ANEP difundió a fines de la semana pasada el relevamiento estadístico donde queda de manifiesto que, por el recorte del calendario, los escolares asistieron a clase menos de la mitad de los días que un año cualquiera: en promedio fueron 63 días, cuando la cifra más baja había sido 155 el año de la gripe A H1N1 (2009).

La caída en la asistencia a clases de los escolares en 2020 “puede atribuirse a la no obligatoriedad hasta mediados de octubre, a la percepción de riesgo sanitario (dada la epidemia en curso) y finalmente a las dificultades de las familias de organizar la concurrencia de los niños en un contexto de intermitencia”, reza el documento.

Las Escuelas Especiales, que son aquellas que atienden a niños con algún tipo de discapacidad, habían sido de las primeras en retomar la presencialidad el 1° de junio del año pasado. Sin embargo, quienes concurren a estos establecimientos asistieron (en promedio) solo 55 días en el año y, cuando fueron convocados a clase, casi cuatro de cada 10 faltaron. El Monitor Educativo insiste en que parece haber incidido el factor de “percepción de riesgos de las familias en la evaluación de los costos y beneficios de la asistencia”.

En la educación inicial, que ayer comenzó su retorno gradual a las aulas, la asistencia siempre es más baja que en la escuela común. La ANEP y Unicef concluyeron hace casi una década que esto se debía a que los padres no entendían del todo la relevancia de la enseñanza formal en los más pequeños, motivo por el cual se constató menos predisposición para enviarlos a clase. El año pasado no fue la excepción y el promedio de asistencia fue de 67%, ocho puntos por debajo que en Primaria común.

¿Qué cambió para este 2021? Entre las autoridades educativas existe un consenso de que fue “un error” haber dejado en suspenso la obligatoriedad de la asistencia a clase. El consejero Juan Gabito declaró a la radio M24: “Se dijo que (la presencialidad) no era obligatoria y eso fue un error (…) son necesarios mensajes claros”.

También hay más evidencia de la baja contagiosidad en niños. Ayer el diario brasileño O Globo publicó un informe del instituto Fiocruz que da cuenta de que “transmiten menos el virus” y que los contagios acontecidos entre mayo y setiembre en la localidad de Manguinhos habían sido por contacto con adultos o adolescentes.

En la opinión de Aristimuño, hay otro factor clave para que en este 2021 mejoren los resultados de asistencia: el cansancio que conlleva la prolongación de la pandemia. “Las familias sienten la fatiga, reconocen la relevancia de la escuela y necesitan de ella”. La demanda de una rutina, lo más parecida a la vieja normalidad, hace que Primaria prevea reabrir el próximo lunes los comedores escolares en los centros públicos y que los retornos a las aulas sean durante horario completo.

Para conocer mejor las expectativas de los padres sobre la vuelta a las aulas, la ANEP lanzará mañana una encuesta orientada a las familias.

Asistencia en Rivera fue la más baja
Las escuelas rurales fueron el año pasado las primeras en abrir y las que registraron menos brotes. En Montevideo y el área metropolitana, en cambio, las clases comenzaron más tarde y acabaron primero por la alta transmisión comunitaria del virus.

Y Rivera fue el departamento en que más brotes obligaron al cierre temporal de los centros educativos. Tanto es así que en Rivera los escolares asistieron a clase 48,7 días (14 días menos que el promedio nacional) y los niños de educación inicial concurrieron 39,7 días (10 días menos que el promedio del país).

Por otro lado, el Monitor Educativo de Primaria concluye que, el año pasado, la asistencia fue mayor en el interior que en Montevideo. “No obstante lo anterior, el departamento con menor nivel de asistencia fue Rivera, en consonancia con las excepciones establecidas para este departamento en función de la prevalencia de las infecciones por SARS-CoV-2. Asimismo, presentaron relativamente bajos niveles de asistencia los departamentos de Rocha (donde la localidad de Chuy recibió un tratamiento especial) y Cerro Largo (también aquí hubo brotes que determinaron un tratamiento especial). Los departamentos más urbanizados tuvieron también menos concurrencia a aulas.

Fuente: Elpaís