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Un botón dorado que llegó de Cuba y otras cosas que pasaron en Got Talent Uruguay

Una edición que tuvo candombe, folklore, el rap del papá de un niño con TEA, otros momentos de grandes emociones y algunas injusticias

Los jurados de «Got Talent» en el estreno de la segunda temporada. Foto: Captura

Un emotivo y más que merecido botón dorado, un par de exitosas segundas oportunidades y momentos graciosos, marcaron, como siempre una nueva emisión de la segunda temporada de Got Talent Uruguay.

Los jurados se mostraron en algunos casos discrepantes (incluyendo algunas reyertas amistosas entre María Noel Riccetto y Orlando Petinatti) y en otros en completa unanimidad aunque a veces privilegiaron atributos que no se vieron a simple vista y rechazaron méritos que parecían más notorios. Pero así es como funciona el programa y les funciona bien.

Al principio no se entendió por qué Claudia Fernández le dio un boto rojo (o sea que no le gustó nada) a la actuación de Saydis Calzado, una niña cubana que vive en el Cerro, que, la verdad, estaba dejando una versión en salsa de «I Will Survive» con una voz y una soltura que contradecían sus escasos 12 años. Era con trampa porque cuando Saydis terminó de cantar, Fernández invitó a la familia a que acompañara a la niña y les regaló un merecido botón dorado, el pase directo a la semifinal.

Saydis se lo había merecido, además, porque su historia de vida y de amor con su madre, tuvo todos los ingredientes para emocionar a la parcialidad. Y tiene un talento notorio. Cuando subió al escenario Natalia Oreiro le dijo que veía en sus ojos que iba a triunfar. Tenía razón y ahí hay condiciones para estar en la final del certamen.

En el programa hubo, además, un par de retornos. Primero Pilar, una cantante de Punta del Este que había concursado el año pasado y en la revancha demostró que se había tomado en serio las sugerencias del jurado que esta vez le dio el salvoconducto para avanzar una etapa.

Más sorpresivo fue el regreso de Alfredo Swier, conocido en el ambiente como «El Ciber», quien el año pasado estuvo rozando la vergûenza ajena con «El demonio rojo» y esta vez volvió con una banda de apoyo (en la que estaba, por ejemplo, el legendario blusero local Juan Faccini), una nueva canción («Cáscara de banana») y otra disposición. 

Le alcanzó para conseguir los cuatro votos del mismo jurado que en la edición anterior le habían sacado la tarjeta roja. Antes de su presentación, Faccini y Santiago Tavella de El Cuarteto de Nos, recordaron la presencia de Swier en la escena cultural uruguaya en la década de 1990.

El programa había empezado a todo candombe con el grupo K’ndombe liderado por un hijo del Cachila Silva, una institución de la cultura afrouruguaya. Entregaron un show de tambores interesante que, además, de hacer bailar en el escenario a Natalia Oreiro (y sus cibernéticos cubrecaras) y a Fernández, le dio un pase a la siguiente ronda.

Siguieron Megacrew, con una coreografía urbana que sedujo al jurado y Bryan Sanchez quien entregó un número que no corrió la misma suerte, como tampoco Alvaro Luna, un imitador del estilo de Michael Jackson que hizo que Petinatti subiera a escena alentarlo pero con su único voto, se terminó allí su participación en el show.

Más polémicos parecieron los dos votos negativos a la interpretación que hizo Gastón Redón de Carlos Reyles, Durazno, de una canción de Los Nocheros. No estuvo tan mal, después de todo. Lo mismo puede decir de los dos votos negativos contra Nicole, una chica que cantó, con cierta soltura la canción de Toy Story. Tampoco pasaron Kronos, un grupo que trabaja con acrobacias en cuerdas y un dúo de padre e hijos de Pueblo Achard, Tacuarembó.

Alfonso Ruiz, un empleado de 26 años, superó la prueba del falsete de Mica con una versión muy interesante que se llevó cuatro sí y sigue para adelante. Lo mismo con Agustín, que hizo una versión multinstrumental de una canción de Abel Pintos, que le encantó a Casanova y contagió su entusiasmo hasta conseguir los tres votos para seguir adelante. También avanza Ana Camargo que interpretó otro tema de dibujo animado, la canción de Pocahontas.

Sorprendente también fue lo que ofrecieron Juan y Nico quienes presentaron una disciplina llamada slackline, que es una combinación de equilibrio y acrobacia que dejó a todo el mundo, menos a Petinatti, sorprendido y con ganas de ver más. Van a seguir.

Y para el final, Got Talent reservó un punto fuerte y emotivo cuando Diego Garrido interpretó un sentido rap a su hijo Emmanuel, que tiene nueve años y sufre un trastorno de espectro austista. «Fue un himno», le dijo Petinatti, quien justificó su voto negativo con que Garrido vino a dejar un mensaje y ya lo había hecho. Los otros jurados le dieron el pase para seguir un peldaño más.

Fuente: Tvshow