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“Son todos hombres y nerds”: algunos de los mitos en el empleo más cotizado

Las empresas de la tecnología de la información -más conocidas por su sigla TI- cargan con estereotipos que poco tienen que ver con la realidad.

Jóvenes jugando ping pong en una oficina en Uruguay. Foto: Estefanía Leal

Hay unos hombres -casi siempre son varones y jóvenes- vestidos de camisa a cuadros por dentro de los pantalones que teclean a gran velocidad. Casi no hablan entre ellos. Sus ojos, achicados detrás de los lentes de alta graduación, no se despegan de las pantallas en las que figuran ecuaciones y símbolos exóticos. Así pasan las horas.

Las empresas de la tecnología de la información -más conocidas por su sigla TI- cargan con los estereotipos de esta imagen que parece salida de la película La venganza de los nerds. Pero que poco tienen que ver con la realidad. Y son esos clichés los que imposibilitan el crecimiento más acelerado de una industria que promete significar el 5% del PIB de Uruguay para 2025 y que hoy tiene un déficit de 5.000 puestos laborales.

No solo eso: según el relevamiento de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), en plena pandemia, cuando buena parte de la economía local se vio resentida, el 92% de las empresas del sector de TI encontraron nuevas oportunidades de negocio y el 66% prevé contratar personal.

“El problema es que los estereotipos que recaen sobre esta industria (muchas veces derivados del humor, pero que son equívocos) terminan alejando a muchas personas de esta industria y ocasionando sesgos que impiden el desarrollo personal”, explica Matías Boix, directivo de la CUTI e integrante de la comisión de formación y talento de esa cámara.

Con el intento de derribar esos mitos, los expertos del sector sellaron un convenio con la UTU para el trabajo directo con los estudiantes, están asistiendo a los liceos en busca de demostrar que la tecnología “está en todo y no solo es saber programar”, y están promoviendo talleres para abrir las puertas a jóvenes y adultos (sí, esta industria no tiene fecha de caducidad) a la industria que acaparará buena parte de los “empleos del futuro”.

Mientras tanto, ¿cuáles son los grandes mitos que recaen sobre esta industria? El País consultó a los expertos y seleccionó estos cinco:

MITO 1

“Hay que ser programador para trabajar en TI”

El desafío de las empresas tecnológicas no recae en desarrollar una pieza de software, sino “en trasformar un negocio, una organización o un proceso mediante tecnología”, enfatiza Boix. Eso implica abordar un cambio cultural en el que se requieren diseñadores, analistas de negocio, psicólogos y antropólogos capaces de entender el comportamiento humano, comunicadores, neurocientistas, expertos en medio ambiente y hasta filósofos. “Si la tecnología está en todo, eso significa que el abanico de perfiles profesionales es amplio y heterogéneo; solo una mínima cantidad de los empleados se dedican a la programación informática”.

MITO 2

“Hay que ser bueno en matemáticas”

Menos del 40% de los empleados del sector proviene de carreras que tienen una base matemática fuerte como la Ingeniería. Al menos eso estima la CUTI. El quid de la matemática aplicada a esta industria se basa en la habilidad de resolver problemas, en ser creativos para la búsqueda de soluciones, pero no en ecuaciones complejas, en derivadas o exponenciales. Incluso la programación, que no es requisito para entrar al sector, “es más lógica que matemáticas, es más lenguaje que números”, explica Boix. El testeo de videojuegos, una de las aristas que más viene creciendo en Uruguay, “casi no requiere de conocimientos numéricos; no se necesita cálculo ni álgebra”.

MITO 3

“Es una industria solo para hombres”.

“Este es uno de los estereotipos más peligrosos, porque el género no tiene nada que ver con el desarrollo de una profesión”, advierten desde la CUTI. En las compañías uruguayas de TI, de cada 10 empleados hay siete hombres y tres mujeres. Y si bien “la formación de mujeres viene creciendo (hubo un aumento del 76% en las carreras de ciencias, matemáticas y tecnologías previo a la pandemia), todavía existe una brecha muy grande que es necesario achicar: no solo por las necesidades de la industria sino, sobre todo, por el derecho de las mujeres a acceder al desarrollo en un sector que está cada vez más presente en la vida cotidiana”, dice Boix. Mucho más si se tiene en cuenta que un desarrollador gana en promedio $ 139.313 mensuales, muy por encima de la media de otros empleos en Uruguay.

MITO 4

Este mito podría revertirse con una frase archiconocida: “Nunca es tarde para aprender o reinventarse”. Pero la CUTI intenta en sus talleres explicar algo más bajado a tierra: la reconversión no implica empezar de cero. Porque la propia experiencia del profesional, y su talento, son clave para un sector que necesita de diferentes perfiles. Boix explica que “es probable que una persona que trabajó durante décadas en modelos de negocios, tenga un montón para aportar y la tecnología sea solo un vehículo para la puesta en práctica del modelo”. A diferencia de lo que ocurre en medicina o psicología, en TI no se requiere un título habilitante para ejercer.

MITO 5

“Son todos nerds y antisociales”.

Si la tecnología “lo atraviesa todo”, es probable que las empresas del sector sean un reflejo de la sociedad y haya “de todo”. Pero en esencia esta es una industria de trabajo colaborativo. Las compañías se organizas en equipos, por lo general multidisciplinarios, en los que se rompe la clásica jerarquía de un jefe que controla a un súbdito que cumple ocho horas y que está aislado frente a su computadora. Al contrario: las reuniones, los momentos de creatividad y de esparcimiento (desde fiestas hasta salas de música) son parte del incentivo que ofrecen estas compañías. Es la vida del Silicon Valley, como le dicen en referencia a la cuna de las tecnológicas en el oeste de Estados Unidos. En ese sentido, esta industria suele estar en la avanzada de las relaciones laborales: se fomenta la diversidad y el multiculturalismo, el trabajo remoto se conjuga con el presencial y los viajes, y la pirámide del poder se invierte haciendo que el control sea sustituido por “intentar que la persona (el empleado) se sienta cómodo y pueda crear junto a sus compañeros y compañeras”.

Por eso, insiste Boix, “es falso cuando se piensa que esta es una industria de nerds y hackers; basta poner un pie en cualquiera de las empresas del sector en Uruguay y a muchos se les caerían todos los prejuicios”.

Fuente: Elpaís