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Seis de cada diez escolares de contextos más críticos no tienen comprensión global de texto

“Hay un estancamiento de aprendizajes en niveles bajos; hay mucha inequidad”. Esa es la conclusión a la que llegó Javier Lasida, presidente del Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

Hay “un importante porcentaje de alumnos en los niveles bajos de desempeño”, dice el informe. Foto: Francisco Flores

Los resultados de Aristas -la prueba estandarizada que mide los aprendizajes de los estudiantes uruguayos– muestran que, en los últimos tres años, la “película educativa” parecería estar detenida… como si la pantalla hubiese quedado congelada. El presidente del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, Javier Lasida, lo resume así: “Hay un estancamiento en niveles bajos de logro de aprendizajes y hay mucha inequidad”.

Seis de cada diez escolares de tercer año de los contextos más críticos es incapaz de una comprensión global de los textos, según los datos de 2020. Es decir: en la escala del uno al cinco que comprende esta prueba, no alcanzaron siquiera el tercer nivel. Entre los alumnos de ese mismo grado, pero en los sectores más favorecidos, son dos de cada diez los que no lograron ese nivel de comprensión.

El contexto hace la diferencia. Pasa con Lectura, Matemática y con las habilidades socio-emocionales que tienen los alumnos. Lo dice la literatura científica internacional, las pruebas PISA y lo confirma Aristas. Tanto es así que, si se compara a estudiantes de un mismo nivel socioeconómico, los resultados son similares: no importan si van a una escuela pública o privada, si asisten a tiempo completo o un único turno.

Aristas también reafirma que, más allá de las diferencias socioeconómicas, hay “un importante porcentaje de alumnos en los niveles bajos de desempeño”, reza el informe de resultados que desde hoy es público. Según Guillermo Fossati, directivo del Ineed, “son demasiados los alumnos que aprenden muy poco”.

Pablo metió la mano en su mochila y “al sacarla sus ojos estallaron: una araña no muy grande (para él gigantesca) subía por su mano”. ¿Por cuál de las siguientes expresiones se podría cambiar la palabra “estallaron” sin que se modifique el sentido la expresión? ¿Por “se alegraron”? ¿“Se horrorizaron”? ¿“Se entristecieron”? ¿“Se cerraron”?

En el año 2017, cuando había sido realizada la prueba por última vez, el 47,6% de los escolares de tercero no lograba responder correctamente a cuestionarios de este tipo. Tres años después, el 39,8% tampoco es capaz de lograrlo.

En comparación con 2017, y pese a la emergencia sanitaria, los resultados de Aristas muestran que hubo una leve mejora en los resultados (como máximo de siete puntos porcentuales) o, como dicen los técnicos más precavidos, “al menos no hubo un descenso de los aprendizajes”. Eso se nota en lectura y matemática, a excepción del desempeño de matemática en sexto año que permaneció invariado.

¿Cómo es posible que en la pandemia no hayan caído los desempeños? Las maestras reconocieron que, pese a haber habido menos tiempo de clase, se hizo más énfasis en las dos disciplinas que mide la prueba: Lectura y Matemática. No solo eso, la mayoría de grupos de clase fueron subdivididos, por lo cual los docentes pudieron haber trabajado más focalizados en cada niño. Esas mismas maestras reconocen, además, que en los últimos años están usando más los libros de texto escolares y las herramientas de Ceibal. Todo eso sería parte de la explicación, dijo la directora técnica del Ineed, Carmen Haretche.

Pero hay un elemento extra que pudo haber incidido: aumentó el número de estudiantes que perdieron el vínculo con la escuela (de 0,9% a 2,8%). ¿Cómo afecta ello los resultados? Si los niños no asisten, no participan de la prueba.

Esta desvinculación “es algo que no estábamos acostumbrados a ver en Primaria y es preocupante”, reconoció Haretche. El Ineed llegó a este cálculo según las respuestas que dieron las maestras en el formulario de las pruebas Aristas, pero “coincide con los registros” que maneja la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).

Según Pablo Caggiani, representante de la oposición en la directiva del Ineed, estas cifras “pueden presentar un problema (futuro) para Uruguay… los efectos de la desescolarización no son tan fáciles de revertir”.

La asistencia a clase, dijo la directora técnica Haretche, “hace la diferencia”. Eso, como el peso del contexto socioeconómico, queda incluso reflejado en las habilidades socioecomocionales que manejan los estudiantes.

El contexto socioeconómico y cultural del centro no tiene incidencia sobre las habilidades de motivación y autorregulación; en contrapartida, sí lo tienen el sexo (a favor de las niñas) y la edad (en favor de quienes cursan los estudios en tiempo y forma). Pero cuando se analizan las habilidades interpersonales e intrapersonales (como trabajar en equipo), ahí el contexto parece clave y mejora en las zonas más favorecidas económicamente.

La vuelta al aula

A medida que aumenta la frecuencia de asistencia al aula, disminuye el porcentaje de alumnos con bajos desempeños y crecen los mejores resultados. Esa es una conclusión de Aristas 2020, en la que se afirma que “la presencialidad hace la diferencia”. Al respecto, el ministro de Educación, Pablo da Silveira, manifestó que la vuelta a la presencialidad a partir del 3 de mayo es lo que a las autoridades “les gustaría” porque “el gobierno es fuertemente partidario de la presencialidad”, pero este paso dependerá de “qué pasa en las próximas semanas con la pandemia”.

El ministro adelantó que las prioridades que maneja el gobierno para el retorno de clases son los alumnos de escuelas rurales y de educación inicial. Sobre el primer grupo, dijo que como es “poca gente y desperdigada, en términos de movilidad tiene un impacto muy acotado”. Respecto a los más pequeños, resaltó que “el componente afectivo de la relación educativa es más importante cuanto más chico es el alumno” y que la suspensión “tiene efectos más difíciles de manejar”.

Fuente: Elpaís