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Sanguinetti: “El tema no es si sos de derecha o izquierda, sino moderno o antiguo”

El dos veces presidente de la República y Pablo Cohen dialogaron con El País sobre Habla Julio, el primer libro de entrevistas que concede en su vida

Pablo Cohen, Julio María Sanguinetti y Martín Aguirre. Foto: Darwin Borrelli

Después de haber agotado más de 11 mil ejemplares con Todo un país detrás: el GACH, o los 450 días en que la política redescubrió a la ciencia (publicado por el diario El País), el periodista y escritor Pablo Cohen vuelve con Habla Julio: Sanguinetti, un espejo del Uruguay en primera persona, el primer libro de entrevistas que el dos veces presidente de la República Julio María Sanguinetti concede en su vida.

El libro, cargado de revelaciones, incluye tres textos especialmente escritos para la ocasión: el prefacio, del presidente de la República, Luis Lacalle Pou; el prólogo, del gran filósofo argentino Santiago Kovadloff; y el epílogo, del prestigioso analista político Carlos Pagni.

Habla Julio se publicará en exclusiva con El País el próximo viernes 17 de diciembre y se puede reservar por tres vías: los canillitas, el sitio web coleccionables.elpais.com.uy o por el teléfono 29004141.

Sobre este trabajo y sobre diversos temas de interés público, el ex presidente Julio María Sanguinetti y Cohen dialogaron profundamente con Martín Aguirre, Director de Redacción de El País. Lo que sigue es un resumen de esa entrevista.

-MA: El presidente Sanguinetti lleva una vida frente a la opinión pública. ¿Qué tiene este libro para sorprendernos?

-PC: Diría que tiene muchas novedades, a pesar de que es un libro atemporal. Siempre repito que los libros no son notas de prensa largas, sino que tienen esa característica distintiva. Y en este caso las entrevistas, que son recientes y muy intimistas, están divididas en tres secciones: “El intelectual”, “El político” y “El hombre”. A lo largo de esas conversaciones, el presidente Sanguinetti tiene la particularidad de hablar de temas concretos, desde las redes sociales hasta su relación con Jorge Batlle, con Fidel Castro y con Wilson Ferreira, con visos de universalidad que rebasan los asuntos particulares a los que se refiere. Por ejemplo, hay un tema que sé que te interesa mucho, Martín, que es el de las elecciones chilenas, respecto al cual Julio hace toda una reflexión sobre el modo en que el inconformismo de algunas generaciones lleva de forma involuntaria a los extremos ideológicos. Durante todo el libro, Sanguinetti habla con una sinceridad impresionante y con esa sensibilidad tan pudorosa que lo caracteriza.

-MA: Intelectual, hombre, político. ¿Cómo se define el presidente Julio María Sanguinetti?

-JMS: Me he definido toda mi vida como periodista. Todo lo que he escrito lo he hecho desde esa función. He escrito de arte, he escrito biografías, como la de Figari, he escrito de política, pero siempre he sido periodista. Cada vez que me ponen un formulario adelante en algún aeropuerto escribo “periodista”. También lo hacía cuando era presidente. Es la única profesión que no me abandonó. Ni yo la abandoné a ella.

-MA: ¿Eso qué quiere decir?

-JMS: Que me siento siempre un cronista que mira y que sabe que es observado. Porque el cronista narra y cuenta lo que les sucede a los demás, pero sabe que los demás lo van a leer también. Entonces, es interesante saber qué es lo que narra. ¿Qué es lo que encuentra? ¿Qué es lo que esconde? ¿Qué es lo que no ve? Por encima de todo yo soy eso, más que abogado, más que político, si se quiere, o en todo caso soy un todo. Porque se puede ser político y se puede también ser periodista. Ahora está muy de moda la asepsia periodística, aunque sabemos que es tan falsa como la histórica (risas).

-MA: Esto me hace acordar a una frase de Churchill: “La historia va a ser benigna conmigo, porque pienso escribirla”. En los libros que usted ha escrito, ¿hay algo de eso?

-JMS: Mirá: a las autobiografías y los libros de memorias no soy demasiado afecto. He escrito libros de aspectos fundamentales de mi vida, sí, por ejemplo La agonía de una democracia, en que la memoria, lejos de ayudarme, me traicionaba. Cuando uno se pone a escribir, dice “bueno, ¿pero esto ocurrió antes o después? ¿Esto lo dijo esta persona o lo dijo esta otra?”. Así que la memoria se me ha presentado como una especie de enemigo al acecho. De manera que mis libros de la llamada “historia reciente” son lo más notariales posible. Siempre va a haber quien los impugne, porque ya sabemos que la objetividad absoluta es imposible, ¿no? Ocurre lo mismo todos los días en un diario, porque cuando tú elegís un hecho por sobre otros, lo estás haciendo en función de tus ideas y de tus parámetros. Por eso ponés determinado título. Eso es cierto. Pero como dice el gran epistemólogo Paul Ricoeur, lo que importa es la “intención de verdad”.

-MA: Pablo, ¿cómo definirías la estructura de Habla Julio?

-PC: En primer lugar, diría que es el primer libro de entrevistas que Julio da en su vida. Y si bien está dividido en tres secciones, como hablamos antes, esa división es un poco arbitraria o, al menos, no tan rígida como podría parecer desde afuera, porque Sanguinetti es al mismo tiempo el intelectual, el político, el hombre, el periodista, el crítico de arte, el abogado, el presidente honorario de Peñarol, el esposo de Marta o el flamante miembro de la Academia Brasileña de Letras, todo lo cual marca el tono y el contenido de sus respuestas. Y creo fundamental resaltar el valor agregado que implican los textos del presidente Lacalle, de Santiago Kovadloff y de Carlos Pagni, autor de una verdadera joya que, bajo forma de epílogo, entrelaza un poco la vida pública del presidente con esas múltiples facetas a las que hacíamos alusión. Vos sabés bien, Martín, que una entrevista despierta interés, en primer lugar, por el tono que establecés con el entrevistado. Después, a partir de ese tono y de la comodidad que el entrevistado sienta, podés indagar en su vida. Por supuesto, aquí me enfrenté al desafío de entrevistar a un hombre cerebral y brillante, a un periodista que conoce el oficio y a una persona que, como dije antes, es pudorosa. Pero creo que logré que el doctor Sanguinetti dijera cosas que nunca había dicho.

-JMS: Este tema es muy interesante, porque el que hace un reportaje condiciona al reporteado al elegir la pregunta. En consecuencia, pone el acento donde le parece que hay que ponerlo. En la televisión, por ejemplo, de repente uno ve que lo que tiene más gancho es colocar al entrevistado en una situación de incomodidad, porque cuando a uno lo ponen entre la espada y la pared actúa en función de sus reflejos, de sus convicciones íntimas, y eso no da tiempo a pensar. Después, a veces tengo un problema con mis colegas periodistas, a quienes me pongo a darles clases de viejo y les digo: “Cuidado con el grabador, úsenlo para que no los desmientan, pero anoten y traten, como decía Borges, de no traducir lo que escribí, sino lo que quise decir”. El periodista es un intérprete.

-MA: Hablando de eso, ¿cómo está viendo este momento del periodismo, que enfrenta tantos desafíos? En Habla Julio se aborda el tema de las plataformas digitales y los cambios que ha habido en el patrón de consumo de la información.

-JMS: Creo que el periodismo hoy es más importante que nunca. En el fondo, en el periodismo se está jugando la mayor parte de la vida democrática de las instituciones. ¿Por qué? Porque el mundo de las redes, que es el mundo de la comunicación entre la gente e implica notables avances para la vida social, para la ciencia, para el comercio y para el trabajo, también, como dice Umberto Eco, le ha dado micrófono a todos los imbéciles (risas). Entonces, lo que ocurre es que se termina generando un coro desafinado. Cuando yo era un muchacho y hacíamos política, siempre algún veterano afirmaba: “En la calle dicen…”. Y me acuerdo de que un día don Carlos Fischer le contestó a alguien: “Dígame, ¿en qué calle vive usted? Porque en la calle Uruguay, donde yo vivo, dicen otra cosa” (risas). Bueno, esto es igual: en las redes dicen. ¿Quién dice? ¿Qué dice? ¿Quién es el editor responsable de esa noticia? Hace 10 años estábamos todos con el embeleso de las redes, pero ahora estamos con su cuestionamiento. Fíjense que Zuckerberg aseguraba: “Yo inventé Facebook, es neutral, es una carretera y no tengo nada que ver con lo que circula”. Bueno, está claro que no hay asepsia posible, y también que las redes actúan, a tal punto que Twitter censuró al presidente de los Estados Unidos. Porque más allá de las barbaridades que dijera Trump, con quien no simpatizo para nada, eso fue una censura inaceptable. Quiérase o no, estamos hablando de una empresa privada que maneja un bien público que llega a las masas. Entonces, en ese contexto el periodismo es la herramienta gracias a la cual al ciudadano le puede llegar algo distinto a ese aluvión cloacal. El periodismo digital, más liviano y repentinista, o el de diario de papel, que uno añora con nostalgia amorosa, es el que, independientemente de la plataforma en que nos llegue, ordena la cabeza. Y también ordena la cabeza de los demás medios. No es casualidad que el mundo lo estemos interpretando basándonos en las grandes páginas de los diarios, esos grandes centros del pensamiento.

-MA: Pablo, en el libro aparecen en un rol importante Kovadloff y Pagni. ¿Cuál considerás que es el rol del presidente en este grupo de intelectuales argentinos?

-PC: Bueno, no fue sino hasta que empecé a trabajar en Argentina que me di cuenta del verdadero rol que ocupa Sanguinetti en la intelectualidad de ese país: el de una figura profundamente admirada que es, antes, un intelectual que un político. Otra cosa que me llamó la atención es la divergencia que existe en la percepción ideológica de Sanguinetti entre el Uruguay y el mundo hispanoamericano. Porque en este país hay gente que acusa al doctor Sanguinetti, considerado internacionalmente un socialdemócrata, de ser de derecha, lo que no deja de ser una alucinación si uno es más o menos imparcial (risas). Después, al escribir el libro e intentar tener una visión lo más abierta posible, aunque sin dejar de referirnos a nuestro país, que es lo que nos importa como orientales, me sorprendió que, independientemente del tema que tratara, Julio fuera tan moderno. Él siempre dice: “Tengo 85 años, soy un dinosaurio” (risas). Bueno, eso es una broma. Quienes lean Habla Julio verán que el hombre que se refiere a Vázquez, a Seregni, a Wilson, y que fue tan importante para la conformación de la Coalición Multicolor, ha evolucionado, lo cual habla bien tanto del protagonista del libro como de la tradición republicana uruguaya. Pero además, el presidente Sanguinetti, en el acuerdo o en la discrepancia, no pierde una visión que, anclada en ciertos valores, es contemporánea, se refiera a la democracia liberal, a los anti vacunas o a algunos científicos que constituyen el otro extremo, soberbio y tecnocrático, de los anti vacunas. ¿Por qué? Porque siempre está actualizado. Mientras realizamos Habla Julio de un modo tan armónico, eso me asombró.

-JMS: Eso que tú decís de la modernidad es muy importante. Por algo mi amigo Felipe González afirma que el tema no es si sos de derecha o de izquierda, sino moderno o antiguo. Basta con oír algunos discursos encendidos, que son de izquierda pero bastante antiguos. Cuando uno los escucha, piensa: “¿Dónde estoy, en el San Petersburgo de 1917? ¿Están por asaltar el Palacio de Invierno y fusilar a los Románov?” (risas).

Fuente: Elpaís