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Salinas, de outsider cuestionado a ser el ministro más popular: ¿cuáles son sus atributos?

Los analistas destacan su empatía, simpatía, cercanía y capacidad de trabajo. No se lo asocia con Cabildo Abierto ni tiene un discurso partidario y eso “le juega a favor”.

Salinas tiene 71% de aprobación, según Cifra. Entre frenteamplistas lo avala el 55%. Foto: Gerardo Pérez

Lejos quedaron los cuestionamientos a sus actividades laborales previas, los rumores de renuncia y las catarsis excesivas con periodistas (“le regalo mi cargo”, “el estrés mío ya se fue al diablo”). Daniel Salinas es hoy el ministro que mejor rankea en la opinión pública. Siendo un outsider de la política, asumió un ministerio en apariencia inofensivo, como Salud, y terminó al frente de un tsunami. Por momentos lo tapó el agua. Pero mientras él sentía que se ahogaba, los uruguayos fueron construyendo una imagen positiva de él, que se empezó a gestar al inicio de la pandemia, se hizo más notoria en el segundo semestre de 2020 y se mantiene hasta ahora.

“Un ángel, un ángel para las personas mayores. Por eso te amo, te amo tanto”, dice entre sollozos una señora en un vacunatorio de Canelones, ante la cámara de Telemundo y el rostro mudo de Salinas, que asiente. “Dios lo bendiga mucho, doctor, por todo lo que hace por nosotros. Que Dios lo ayude muchísimo, se lo merece”, le desea otra mujer.

Intercambios no tan edulcorados tiene a diario en Twitter, una red que usa con asiduidad al menos desde marzo de este año. Allí tiene algún que otro cruce del que sale generalmente con ironías, pero el grueso de sus intervenciones son informativas. Habla de dosis, de plazos, de agenda. Caso a caso, el ministro les responde a todos.

Y parece funcionarle. Esta semana Cifra difundió los resultados de una encuesta que hizo en febrero y que arroja que a Salinas lo aprueba el 71% de los uruguayos. Entre los oficialistas el porcentaje es 86% y entre los opositores, 55%. Solo un 15% desaprueba su gestión. Además, se despega 15 puntos porcentuales del siguiente ministro con mayor aprobación, Jorge Larrañaga.

Los resultados de otras consultoras van en la misma línea. En octubre Opción ya había encontrado que Salinas era el ministro mejor evaluado, con 69% de aprobación, apenas 8% de desaprobación, y un saldo ampliamente favorable incluso entre frenteamplistas, con 57% de aval y 15% de opinión negativa.

Equipos también viene detectando el fenómeno Salinas. Su última encuesta de popularidad de líderes fue en febrero, al igual que la de Cifra, y arrojó resultados similares. Además, a fines de marzo Equipos relevó aprobación por área de gobierno y salud es la mejor valorada, lo cual se retroalimenta con la imagen de Salinas.

Una salvedad: las mediciones son de febrero, cuando la primera ola parecía haber quedado atrás y empezaban a llegar las vacunas. El escenario cambió desde entonces y eso puede haberle restado popularidad a Salinas. O no, porque hasta ahora ha permanecido bastante protegido de las críticas por las muertes o de cuestiones inherentes a las vacunas. En otros países, esos dardos son para los ministros de Salud.

Manini: “Lo elegí por su solvencia profesional”

Guido Manini Ríos y Daniel Salinas se conocen hace más de 30 años porque sus esposas son “amigas de toda la vida”. Entre ellos también hay una relación de amistad. Cuando fue director del Hospital Militar, Manini le pidió a Salinas que se incorporara porque faltaban neurólogos, y entonces se afianzó su relación. En mayo de 2019, un mes después de que Manini lanzara su carrera presidencial, Salinas se incorporó a sus filas y participó de la campaña como militante, no como dirigente. Luego fue suplente en la lista al Senado. “Lo que siempre le vi es una gran solvencia profesional”, dice Manini a El País. “Es un excelente neurólogo, un hombre muy responsable y trabajador. Fue el primer nombre que se me ocurrió para proponerle al presidente. Y es un hombre de mi confianza”, agrega.

En abril de 2020, luego de que Salinas admitiera a El País que estaba muy estresado por la pandemia, “hubo especulaciones”, recuerda Manini. “Conociéndolo, sé que podrá renunciar pero no en plena crisis. Después de la pandemia hará lo que quiera”, advierte el senador.

Para Manini, “el gran mérito de Salinas es su forma de ser: franca, directa, humilde, normalmente de perfil bajo”. También pondera “la eficiencia y la seriedad con las que se ha manejado”, y opina que en este contexto de crisis “la gente busca alguien en quien confiar”. Si bien “hoy estamos duramente golpeados” por el COVID-19, “se han hecho cosas para que esto no fuera aun peor”.

Sus atributos. 

“No es político y se le nota”, dice Mariana Pomies, de Cifra. En este caso, es algo positivo: “Eso genera más cercanía. No hace comentarios políticos. Uno puede verlo y no asociar a qué partido pertenece. En sus intervenciones no habla de Cabildo Abierto”, agrega.

Ignacio Zuasnabar, de Equipos, duda de que masivamente se lo identifique con Cabildo. “Está disociado, posiblemente porque no hizo política partidaria competitiva”, sostiene.

Para Rafael Porzecanski, de Opción, su discurso exento de política partidaria “le juega a favor, porque potencia una retórica más técnica y un estilo de comunicación cercano”.

Con el Frente Amplio ha tenido pocos cruces. Porzecanski lo ve como “un ministro dialoguista, no particularmente confrontativo”. Pomies agrega que en el FA no le “pegan” porque ven que “no es redituable”. Al respecto, el senador Alejandro Sánchez (MPP) entiende que la aceptación de la mayoría de los frenteamplistas tiene que ver con que “generalmente sale como alguien cercano y no tiene un discurso polarizador”.

Según Zuasnabar, Salinas logra cuatro atributos: ser empático, simpático, trabajador y cercano. “Esa imagen que ha construido lo ha blindado de ciertos problemas de gestión del MSP. Con un ministro de otras características, eso habría sido más notorio”, agregó.

Se lo percibe sacrificado, que se preocupa, que le pone el cuerpo a la tarea, que está disponible a todas las horas, coinciden los analistas.

“Si bien pasó por la universidad, es de pueblo”, opina Pomies. “Es más parecido a la gente común y se le nota la experiencia de haber tratado a gente muy sencilla”.

Además, está el peso de la túnica blanca. En Uruguay, apunta Porzecanski, ese es un activo político. Y más en el contexto de pandemia, que le ha permitido hablar más de temas de salud y afianzar un rol técnico. Salinas tuvo, además, la inteligencia de acercarse a los médicos y a los científicos desde el inicio, y de mostrarse alineado al GACH, que es una figura de consenso.

Pero no es solo la medicina, sino la forma de vivirla. “Su forma de moverse y mirar a la gente tiene mucho de los médicos tradicionales. Hay momentos de Salinas que me hacen acordar al carisma de Tabaré Vázquez”, confiesa Pomies.

Pero Vázquez tenía un estilo “más pausado, moderado”, acota Zuasnabar, mientras que Salinas por momentos luce hasta hiperactivo. “Tabaré nunca iba a contestar un tuit a las 3 AM”.

Su proyección.

Para Zuasnabar y Porzecanski es muy pronto para hablar de qué futuro político le depara a Salinas. Está claro que la carrera electoral demanda otras características: armar un equipo, tener un aparato dirigencial, acceder a fuentes de financiamiento, dice Zuasnabar. Además, “es obvio que un ministro de Salud está muy expuesto en estas circunstancias y no se sabe cómo va a terminar esta historia”, acota.

Y un detalle no menor: su voluntad. “No está haciendo nada para estar en un lugar diferente al que está”, dice Pomies. “Está abocado a esto”.

¿Qué tan descabellado es imaginarse a Salinas como candidato a vice de Guido Manini Ríos? Para Pomies, son políticos “opuestos” y Salinas “tiene llegada a un público distinto”.

El espacio que le dará Cabildo Abierto es una de tantas incógnitas. Pero en un escenario en el que la coalición se desarme, próximo a las elecciones de 2024, Pomies visualiza algo con certeza: “Seguro que el Partido Nacional lo va a querer tentar”.

Fuente: Elpaís