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Salen al rescate de miles de niños que están fuera de la educación

La caída en la matriculación no se debe a menos nacimientos sino a “miles de niños desescolarizados”, según la subdirectora general de Primaria, Olga de las Heras.

Niños en jardín de infantes. Foto: Archivo El País

En Uruguay nacen cada vez menos niños. Pero el asentamiento La Cumbre -a mitad de camino entre el peaje de Pando y el arroyo Tropa Vieja- pareciera estar repleto de ellos. No están dentro de las humildes casas de madera recauchutada o de chapa con óxido. Se los ve en las improvisadas calles de pedregullo. Están viendo pasar la luz del día, mientras deberían estar en los centros de enseñanza.

La Cumbre es el punto más alto que encontró la Dirección de Educación Inicial y Primaria de niños que están desescolarizados. La inspección de Canelones Costa advirtió que en la zona la demanda de centros educativos supera a la oferta, no hay cupos para jardines públicos o centros CAIF. Y eso, según la subdirectora general de Primaria, Olga de las Heras, es la prueba de que aún “quedan muchos niños sin asistir a clases en un país en el que cada vez hay menos nacimientos” por año.

A diferencia de lo que sucede en esta zona del país, la inmensa mayoría de centros educativos tiene cada vez más espacio disponible porque nacen menos niños. Y muchos cuentan con más cupos porque, a la vez, hay niños que no son inscriptos. En especial esto sucede a los tres años, según las autoridades de Primaria.

La enseñanza es obligatoria a partir de los cuatro años. Pero según reza la ley de Educación, la intención es universalizar el acceso a partir de los tres. Hasta el 22 de octubre, fecha en la que cerró la primera etapa de inscripción en Inicial, se habían anotado apenas 12.600 niños de esa edad.

El año pasado, en el que ya se había registrado una caída de la matriculación eran 14.470. “Esa baja, a esa edad, no es porque nacen menos niños, sino porque hay miles de niños desescolarizados”, explicó a El País De las Heras.

Según dijo, “son niños que no están siendo localizados por Primaria ni por el INAU, por eso esta semana tendremos un encuentro en el Mides para intentar la geolocalización”.

En la última Rendición de Cuentas se aprobó una partida especial de US$ 50 millones destinada a la primera infancia. Porque según justifica el presidente del directorio del INAU, Pablo Abdala, “la inversión en primera infancia es una de las con más alto retorno social”. “En esa etapa está mucho en juego. No solo es la formación del niño, sino que se trabaja con las familias”, aseguró.

Según la OPP, en las dos quintas partes de la población más pobre, hay unos 35.000 niños de cero a tres años que no concurren a ningún centro educativo. Parte del dinero adicional que se incorporó en la última Rendición busca ir al rescate de ese segmento de la población. Significa ampliar en 16.000 cupos la cantidad de matriculados en alguno de los 530 centros del INAU (la mayoría CAIF).

“La apuesta de la administración anterior había sido que los niños fueran a un CAIF antes de los dos años y que a los tres concurrieran a un jardín de la ANEP. Eso funcionó en muchas localidades, pero en otras la oferta no acompañó la demanda”, explicó Abdala.

Muchos de los centros educativos están en zonas en las que hay cada vez menos población -incluso algunas de las nuevas construcciones por régimen de Proyecto Público Privado- mientras que en lugares como el asentamiento La Cumbre hay menos oferta.

Las inasistencias a clase son el talón de Aquiles de la Educación Inicial y Primaria. Pero hay quienes ni siquiera tienen las chances de faltar porque, sencillamente, no están anotados. Eso también se extiende a parte de la educación obligatoria, reconoció a El País la subdirectora de Primaria.

En el nivel de cuatro años hay unas 1.500 plazas libres en comparación al 2020 y “tampoco obedece a una cuestión de caída de la natalidad”, precisó De las Heras. “Eso nos preocupa porque el año pasado ya hemos visto que hubo un aumento de la cantidad de niños que tienen deficiencias en el desarrollo motor y cognitivo. El no ir a clase está afectando muchísimo, por ejemplo, a la motricidad fina”, sentenció.

Fuente: Elpaís