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Raúl Castro: “El Frente debería disolver partidos y armar lista única”

En cuanto a los cuestionamientos que a veces se la hacen al Carnaval, reconoce que este “es de izquierda” e invita a armar también murgas de derecha para que haya un discurso más plural.

Raúl Castro. Foto: Leonardo Mainé.

Le dicen “Tinta Brava” y se define como frenteamplista “por tradición y convicción”. Sin embargo, su Falta y Resto ha sido crítica con algunos aspectos de los gobiernos de izquierda, y cree que su partido debería llevar adelante algunas reformas de fondo.

-¿Qué cambios trajo la televisación del Carnaval?

-La comunicación antes tenía límites, pero también el romanticismo de que era algo directo. Pocas radios lo transmitían cuando empezó Falta y Resto. La 42, que este año dejó de hacerlo, y prácticamente ninguna más. Como la metodología es una ideología, al entrar la televisión los parámetros cambiaron. Se empezó a ser más exigente en cuanto a la imagen y se hizo más efervescente la competencia. Antes todos querían ganar, pero lo fundamental era hacer un aporte social y político a la comunidad. La lupa de la televisión, también, potencia los misterios, pero a veces también los errores. Muchas veces corremos el riesgo de transformar esto en un Brodway villero. Queremos bailar y mostrar ropa de comedia hollywoodense, pero estamos cantando en barrios en los que el 50% comió en la olla popular.

-También se abre el espectro de la crítica.

-Sí, porque al aparecer en la pantalla todo el mundo sabe de Carnaval. En la mesa del domingo, gente que nunca fue a un tablado dice que mengano no puede ganar. La tele está buenísima, pero no podemos ser el Festival de Viña del Mar.

-¿Cuántos tablados hay hoy en día?

-Había 60. Con la Falta llegamos a hacer 17 en un día. Y este Carnaval no creo que lleguen a haber 15. Esto no es un negocio. Al que quiera poner una murga como negocio lo primero que le diría es que vaya a un psicólogo.

-¿Cómo vivió durante los gobiernos del FA los cuestionamientos en cuanto a que las murgas no criticaban como antes?

-Es saludable que se critique al Carnaval. Algo que critica a todo el mundo no puede enojarse porque lo critican. Y creo, además, que algo de eso puede ser verdad. Pero lo que siempre digo, también, es que me parece raro que no haya nadie que saque una murga con un discurso de derecha. Porque si tiene tan buena opinión pública, como dicen las encuestas, este gobierno, estaría bueno que saliera una murga a defenderlo. Que salga a decir que está todo bien y que por suerte la gente votó lo que votó. Capaz que la aplaude más de la mitad del público, o capaz que la chiflan. Lo que sí te puedo decir es que los letristas de Carnaval no tienen nada que ver con ocupaciones estatales, ni prebendas; se escribe lo que nace y lo que nace es de izquierda. El Carnaval es de izquierda. Y por izquierda entendemos una expresión populista, sin miedo a la palabra, porque tiene una relación con lo que el pueblo -las clases más modestas- piensan o sienten. Nunca vi un tablado en el que pregunten qué votaste para venderte la entrada. O sea que puede ir cualquiera. Entonces también cualquiera puede hacer una murga y decir lo que quiera. Sin ningún miedo, porque nadie en un tablado va a agredir a un murguista.

Raúl Castro. Foto: Leonardo Mainé.

-Falta y Resto sí ha criticado en algunos momentos al FA. ¿Los silbaron?

-Nos han silbado, pero no más que eso. Es que la Falta sí fue crítica con el FA. A Tabaré Vázquez le dijimos que le tenía que pedir disculpas al pueblo, y eso no cayó nada bien. Pero bueno, el que se calienta pierde. Criticamos cuando no citaron a ninguna murga para cantar en las celebraciones de los 200 años de la patria, cuando el género más popular que representa a los montevideanos es justamente la murga. “Nunca existieron murgas en mi país”, cantábamos. ¿Les dolió? Y les dolió, qué se va a hacer. Nosotros, además, con gobiernos de izquierda en la intendencia nunca ganamos. Ganamos los dos años últimos del gobierno colorado. A la Falta no le caben prendas. Hubo otros muchachos que fueron más condescendientes, y nos parece bárbaro. El tema no es meterse en el discurso de las murgas, el tema es tener una murga cada uno. Debería ser obligatorio en todos los años de escuela hacer una murga, con todos los niños cantando lo que les pase en tono de alegría. Eso es democracia.

-En un momento hubo algunas murgas que no tenían un discurso tan evidentemente identificado con la izquierda: es el caso de los Arlequines o los Saltimbanquis. No era algo tan claro como lo que pasaba con Falta y Resto o Araca la Cana….

-Por supuesto. Cuando yo era chico había una murga que cantaba cuando ganó Gestido: “General, hay que apretarles la tuerca, mándelos a cargar la caña hueca, rápelos a eso barbudos que un héroe macho y barbudo desde el cielo va a aplaudir”. Y otra: “Si hay huelga las consecuencias el pueblo siempre las sufre y muchos acomodados ventaja quieren sacar”. O sea, siempre hubo de derecha e izquierda, lo que pasa es que con la dictadura se radicalizó el discurso popular, y por eso ganó el FA. Pero bienvenidos sean todos. Capaz que el primer año te chiflan, pero al segundo vas a tener una hinchada que tirará para adelante. Y eso es antigrieta: estar al lado en un tablado con un tipo que piensa distinto y aplaudir los dos una murga aunque uno no esté del todo de acuerdo.

-Cayó la Cabra incluyó en la prueba de admisión para el Carnaval 2022 unos polémicos versos que hacían referencia a la muerte de Jorge Larrañaga. Esto generó algunas críticas. ¿Cómo vio esto?

-Si no hubiera sido una prueba de admisión transmitida por la tele nadie se hubiera enterado de nada. En el Carnaval no hay censura. La gente va ávida de escuchar lo que no le dan la radio y la televisión: a veces el chiste picante, otras veces las opiniones políticas más duras. No hay que olvidar que el espíritu del Carnaval es salirse de la regla. Y es un arte mayor, divino, popular. El público se ha aburguesado un poco, se ha ido un poco más para la rambla, y eso no está bien, tiene que seguir siendo popular. Hay que fomentar que haya escenarios en otros barrios, pero no para que vayan los de la playa a cantar, no para ir a evangelizar; al revés, para que de esos lugares aparezcan murgas que puedan ir a la costa a decir lo que le pasa. Esto no lo hizo el FA, y es un error que tiene que corregir cuando vuelva. Hay que hacer escenarios. La cultura va a salvar el mundo.

-En 2018 Falta y Resto salió con la misma cantidad de murguistas hombres que mujeres. En 2019 quiso hacer lo mismo pero el otro dueño de la murga no lo permitió…

-No nos pudimos poner de acuerdo y entonces decidimos hacer Carnaval pero fuera de concurso. Hubiésemos querido ir a los tablados, pero el reglamento lo impide. En 2020 pasó lo mismo. Este año no salimos, pero haremos algún espectáculo.

-¿Por qué las mujeres no pudieron hacerse un lugar en el Carnaval?

-Porque el Carnaval es un espejo de la sociedad. La mujer está queriendo ser representada en la sociedad, de la misma manera que en el Carnaval. Nosotros tuvimos la osadía de armar una murga paritaria y se armó un lío tan grande que no nos dejaron ni pasar a la liguilla (etapa final del concurso), con un repertorio que tenía la canción que más difusión ha tenido en la historia de Falta y Resto, que era el que iba al final del cuplé feminista, El grito paritario.

Raúl Castro. Foto: Leonardo Mainé.

-Hace un par de años se armó un debate por la letra de La hermana de la coneja, compuesta por vos y cantada por Jaime Roos, que cuenta la historia de un aborto clandestino. ¿Es una letra machista?

-Sí, es machista. Yo era un machista bárbaro. Sigo siéndolo. Estoy manchado de machismo por todos lados. Estoy tratando de deconstruirme, pero es bravo con 70 años. La canción también es un gran revulsivo contra el aborto ilegal, y la tiramos en los 80. No es una historia real, es muy real. Ahora por suerte eso no existe más.

-¿Por qué cree que perdió el FA?

-En el FA deberían disolverse todos los partidos políticos que lo integran y formar una sola fuerza. Y que cada uno que se sienta con posibilidades se candidatee, y que la gente vote. Todos en una única lista. Eso terminaría con un montón de apetencias personales, muy burocráticas, que se han desarrollado en el Frente. Creo también que los cargos de compañeros y compañeras que se dedican al bien común no deberían ser para toda la vida. Lo dijimos con la Falta: nosotros, el pueblo, no tenemos derecho de exigirles a los políticos y políticas que se dediquen toda la vida a hacer el bien. Quédense 5 o 10 años y después vayan nomás a trabajar de otra cosa. Que haya una rotación. Capaz que es un disparate utópico, pero es lo que yo creo. Yendo a lo que pasó, a la derrota, pienso que lo que hubo fue un problema grandísimo de difusión de la tarea, de lo que se estaba haciendo, y un divorcio muy grande con las bases, que se descansaron en la dirigencia. Con el poder en la mano es bravo. Si el FA puede capitalizar los errores cometidos en este impase de gobierno -creo que será solo un impase- va a venir mejor.

-Esta semana se conoció un documento del FA sobre la autocrítica por la derrota, y algunas bases advertían esto justamente, que algunos sectores habían pensado más en sus intereses que en la coalición.

-Lo que pasa es que la estructura hace que las políticas del país las definan las encuestas. ¿Cuántas personas están dispuestas a votar tal cual cosa? Se responde esa pregunta y después se diseñan las políticas. Eso está mal, porque las políticas tienen que nacer de los principios, de la ideología, de la forma de ver el mundo

-¿Le gustaría una FA más cercano a las ideas de Astori que a las del PCU o el MPP?

-Las ideas de Astori son el camino económico que tiene que recorrer el país. No hay otro. Reparte un poquito mejor sin dejar a nadie a pie. No estoy hablando de la revolución del Ché Guevara, estoy diciendo que se repartan mejor las riquezas. Ahora hay 100.000 más a pie, que quedaron tirados en la pobreza. Y la pobreza es la desesperación, y de la mano va la delincuencia. Son unos crá, unos fenómenos, los que no salen a robar para darle de comer a un hijo. Pero al que lo hace para eso, que los hay -y no estoy hablando del contumaz ladrón, que ese puede ser rico-, lo tenemos que arreglar entre todos. Y los que más tienen son los que más tienen que ayudar. Y hay que hacerlo sin una lanza en la mano, vamos con una lapicera o con una pluma de Carnaval. Sin violencia. Y quiero aclarar que cuando yo dije en un spot del Pit-Cnt que si no ganaba el FA se terminaba el Carnaval, era una metáfora.

-Al final no hubo Carnaval.

-Finalmente la realidad fue tan bandida, tan pícara, que me hizo una broma a mí y le sacó el Carnaval a la gente.

-¿Vota en las elecciones del FA?

-Sí, a Fernando Pereira.

-Pereira ha dicho, justamente, que si gana una de las cosas que va a hacer es convocar a la gente de la cultura.

-No sabía, pero estoy totalmente de acuerdo. Después de la primera vuelta de 2019, rumbo al balotaje, desde el FA salieron a hablar con los artistas y nosotros dimos la cara. Yo nunca recibí nada del Estado durante los gobiernos del FA, si salí a dar la cara fue por una cuestión ideológica, y no cobré un peso, como sé que no cobró ninguno. Salimos y no te digo que lo empatamos, pero lo dejamos ahí. Ayudamos a que la derrota no fuera tan grande. ¿Alguien me llamó para decirme gracias? Nadie, ni a mí ni a nadie. Nadie nos dijo: “Bo, muchachos, marchamos, pero bien, muchas gracias”. Soy de FA por tradición y convicción, pero eso me molestó. Por lo menos un: “Flaco, muchas gracias”.

“El objetivo fue pelear contra la dictadura”

-¿Cuándo empezaste?

-A los 7 años. Mi barrio era la Mondiola y por ahí pasaba un corso. Con los muchachos del barrio decidimos hacer una murga, y como yo iba mucho a los ensayos de los Asaltantes con Patente me sabía la despedida que iban a cantar y se las plagié. Así fue como me convertí en letrista. Después tuve una murga en Solymar. Y en el 80 nació Falta y Resto.

-Era plena dictadura. ¿Cómo era sacar una murga en esos años?

-El objetivo era pelear, desde lo cultural, contra la dictadura. Lo venía haciendo ya en los 70 con un grupo que se llamaba Patria Libre, pero en esa época me di cuenta que la popularidad que tenían las murgas servían para decir algunas cosas.

-¿Por qué Falta y Resto?

-Cuando empezamos a armar la murga muchos pensaban que iba a ganar el “Sí”. No se sabía qué iba a pasar. No sabíamos qué cartas tenía el rival. Entonces había que echar la falta. Por eso Falta y Resto.

-¿Cómo enfrentaron la censura?

-En el 82 nos censuraron un culpé que se llamó La mano paloma, de Julio Jilián. Era un homenaje al aplauso de la gente, pero como decía “paloma” creían que remitía la libertad. Y en el 83 hicimos Murga La. Era una murga que no existía. Cuando la presentamos, los censores no la entendieron, nos felicitaron. Y fue lo que marcó el estilo de la Falta.

La historia detrás de “El grito del canilla”

-Hizo una de las publicidades más emblemáticas de El País, El grito del canilla. ¿Cómo la hizo?

-Fue una idea de Elbio Acuña, de Punto, la agencia en la que yo trabajaba, que me pidió que hablara con Jaime Roos. Quería que hiciéramos algo para que cantara el “Canario” Luna. Él me dijo que no hacía jingles pero sí podíamos hacer una canción. Un día, a cierta hora de la noche, después de tomar unos whiskachos en un apartamento que tenía Jaime, fue que apareció la punta de la madeja, porque uno de los dos, no sé si él o yo, dijo: “A mí me gustaría escuchar al diariero de antes”; y el otro dijo: “Sí, yo quiero escuchar el grito del canilla”.

Fuente: Elpaís