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Rapiña violenta a un hombre con paraplejia: “Les grité que no se llevaran la silla de ruedas”

Tres delincuentes lo atacaron el 4 de mayo en Reducto. Querían su auto pero le robaron también la silla, que aún no aparece.

Enzo se accidentó en 2008 y quedó en silla de ruedas. Ahora, que se la robaran, usa otra temporalmente y ahorra para una nueva. Foto: Marcelo Bonjour

No se acuerda de si fueron dos minutos o tres. Solo se acuerda de lo que gritó: “No se lleven la silla de ruedas”. Enzo Blanco (42) estacionó su camioneta el martes 4 de mayo entre las calles Vilardebó y Abayubá, barrio Reducto. Había ido a visitar a un matrimonio amigo. Luego de que se despidió de ellos comenzó la pesadilla.

Enzo estaba con la camioneta encendida y el vidrio medio bajo. Cuando estaba por arrancar vio que a su izquierda se acercaban tres hombres, uno de ellos con un arma automática. “Vi a uno a mi izquierda con un arma automática y me dice ‘bajate del auto’. Pensé que me estaba jodiendo y era alguien conocido”, cuenta Enzo a El País. No se trataba de un chiste. Mientras uno de los delincuentes lo amenazaba con el arma, los otros abrieron la puerta del acompañante y empezaron a pegarle. Enzo gritó que no podía bajarse porque “estaba en silla de ruedas”, pero a los delincuentes no les importó. Con mucha violencia lo sacaron del auto y lo tiraron a la vereda.

“Me abollaron la cabeza. Quedé con los ojos negros. Me pegaron en la nariz, que aún me duele, y me tiraron para afuera”, relata. “Yo tengo una paraplejia y no tengo movilidad en el tren inferior; tengo gran parte de mi cuerpo muerto”, agrega.

Fue en octubre de 2008 que la vida de Enzo cambió a raíz de un accidente de tránsito. Hasta ese momento había trabajado en varias imprentas. Luego del accidente continuó luchando para poder trabajar. Pero la empresa donde lo hacía no lo reintegró y entonces, dice, comenzó “el proceso de seguro de enfermedad”. Dos años después del accidente le empezaron a pagar una jubilación por discapacidad física.

Enzo se tuvo que adaptar a su nueva vida, a andar en silla de ruedas y a manejar un auto adaptado para él. Por eso el pasado martes, cuando le golpearon y lo sacaron con violencia de su auto, gritó que no se llevaran la silla de ruedas. “A mí nunca me habían pegado, en mi vida me habían pegado”, dice.

Enzo vio cómo a los delincuentes no les importó pegarle y robarle “sus piernas”, como define a la silla de rudas y a su auto. Su vecina, luego de presenciar la violenta rapiña, llamó rápido a la Policía. En cinco minutos dos patrulleros llegaron para auxiliarlo, pero ya era tarde. Los delincuentes se habían llevado todo. “Lo que me pasó lo comparo con videos que ves en una favela de Río de Janeiro, en uno de esos países de violencia extrema”, dice.

Pero luego del trago amargo llegó también la solidaridad.

Una amiga de Enzo le dijo que pusiera una foto de su silla de ruedas y de su camioneta para ver si alguien las veía. La imagen comenzó a circular en redes sociales y una persona llamó. Había visto desde un tercer piso de Casa de Galicia una camioneta similar a la de la foto, en un descampado.

El trámite para recuperarla demoró. En la seccional 6ta., cuenta Enzo, le dijeron que era jurisdicción de la 8va. y por esto el trámite “se demoró”, dice. Un vecino se quedó custodiándola. Finalmente la Policía fue al lugar y lograron recuperarla. Primero fue analizada por Policía Científica para determinar si había huellas e identificar a alguno de los delincuentes. La Policía, según indicaron fuentes del caso a El País, está trabajando para detener a los delincuentes.

La silla de ruedas no apareció. “Eso era lo que con más ansias deseaba que apareciera. Son mis piernas”, dice. Era una silla que había conseguido gracias al Cenatt (Centro Nacional de Ayudas Técnicas y Tecnológicas) del Mides. La camioneta estaba en “buen estado” y “apareció por la solidaridad de la gente”.

El Cenatt, al enterarse del episodio que vivió Enzo, le dio una nueva silla de ruedas. “Quiero valorarlo porque se enteraron, se comunicaron conmigo y me consiguieron una silla”, cuenta y agrega que gracias a eso hoy está “sentado”.

De todas maneras, Enzo comenzó a ahorrar para comprarse una igual a la que le rapiñaron, ya que era adaptada para su cuerpo. “La silla que tenía yo costaba alrededor de 8.000 dólares”, cuenta a ocho días del episodio más violento de su vida. “Para mí la tiraron en la primera esquina. Yo les grité desesperadamente que me la bajaran, pero no hicieron nada”, dice. Además, le robaron la tranquilidad. “Quedás perseguido. Yo el lunes estuve en la Plaza Colón. Hice dos cuadras, vi gente y pensé en el robo, y me dije: ‘no sabés quién es el que te va a rapiñar o el que te va a matar por nada’”.

Fuente: Elpaís