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Quién gobierna en Argentina y quién lo hará luego del 14 de noviembre

Frente a la probabilidad cierta de la confirmación de la derrota, surgen proyectos de poder dentro del propio poder que son mirados como una cacería de oportunidades.

Fernández y Kirchner en fuerte lucha interna. Foto: AFP

Primero fue el cachetazo de las urnas y su dimensión impensada. Después fueron la catarsis y el intercambio de culpas que derivó en la imposición de un cambio de gabinete. Ahora, frente a la probabilidad cierta de la confirmación de la derrota, surgen proyectos de poder dentro del propio poder. Pueden ser mirados como ejercicios de supervivencia, pero también como una cacería de oportunidades. En el mes que siguió a las elecciones primarias creció una pregunta cuya proyección detona temores bien fundados: ¿quién gobierna hoy la Argentina?; ¿quién la gobernará el día después de las elecciones generales del 14 de noviembre?

Ocurre un hecho sin antecedentes en el peronismo. Es la primera vez que, estando en el poder, pero sacudido por una derrota, se avecina una disputa por el mando dentro de un mismo gobierno. Hay ya una señal inequívoca del fenómeno: no está claro quién manda hoy en el Gobierno. El Presidente está eclipsado por el jefe de Gabinete y ambos no tienen ningún margen de maniobra sin el aval de la vicepresidenta.

El viejo movimiento siempre se enorgulleció de sus tumultos y el propio Perón destacaba su capacidad para administrar las contradicciones e incongruencias. El mismo relato posterior al primer peronismo hizo creer que durante las dos primeras presidencias del general había diversidad. Entre 1945 y 1955 hubo un alineamiento vertical de sectores bajo una lógica de orden militar, sin matices para izquierdas o derechas. Perón alimentaría luego a las facciones que en su nombre intentaron devolverlos al país, pero no bien llegó amputó de un golpe las ilusiones de poder construidas por el ala izquierda. A diferencia de estos días, el peronismo de entonces había regresado con resultados electorales contundentes y sus protagonistas se pelearon por cobrar la herencia que Perón no llegó a asignar y que derivó en el golpe de 1976.

Sin la sangre de los años setenta, es ahora la primera vez que dentro de un mismo gobierno peronista hay corrientes en pugna, todas ellas interesadas en salvar la ropa de una eventual derrota en noviembre y, al mismo tiempo, interesadas en emerger como la fuerza reinante. Lo que para la oposición aparece como una nueva oportunidad de volver a gobernar, en dos años, en el peronismo es vivido como una alternativa para reacomodar los espacios internos. Debajo del desesperado reparto de fondos en busca de los votos perdidos, habitan ilusiones distintas y especulaciones encontradas. Ninguna de ellas incluye el fortalecimiento de Fernández, a quien ni en el mejor escenario posible, las restantes facciones del peronismo le devolverán la oportunidad perdida de asumir el poder el día que sucedió a Mauricio Macri.

Fuente: Elpaís