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Precios: los factores que explican cómo se bajan a largo plazo y lo que debería hacer Uruguay

El gerente de la Asesoría Económica del Banco Central, Gerardo Licandro afirmó que el país debe apostar por desarrollar su sistema financiero en moneda local.

Personas caminando frente al Banco Central del Uruguay. Foto: Leonardo Mainé. (Archivo)

Lograr alcanzar una inflación baja y una moneda de calidad a largo plazo son los dos objetivos principales que se trazó el Banco Central (BCU) y en el que ya se encuentra trabajando.

En el marco de las XXXVI Jornadas Anuales de Economía que organiza anualmente el regulador, ayer se llevó adelante el panel virtual “Nivel de inflación de largo plazo” en el que diferentes especialistas expusieron sobre los desafíos de la inflación a nivel local y mundial, los factores que inciden en la suba de precios y qué medidas tomar para consolidar una baja inflación.

En el panel -moderado por el presidente de BCU, Diego Labat-participaron el magíster en macroeconomía aplicada y gerente de Operaciones de mercado del Banco Central de Chile, Diego Gianelli; el doctor en Economía por la Universidad de Notre Dame, Julio Garín; y el doctor en Economía por la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y gerente de la Asesoría Económica del BCU, Gerardo Licandro.

De acuerdo con Gianelli, la inflación a nivel global ha “descendido significativamente” durante los últimos 30 a 40 años y afirmó que ese fenómeno se ha dado de manera transversal tanto entre economías avanzadas como en emergentes.

En este sentido, el especialista señaló que durante la década de los años 80 y 90 las economías de mercados emergentes pasaron de tener niveles de inflación en torno a 20% promedio a consolidar cifras más bajas, similares a las de economías avanzadas.

En términos de los factores que impulsaron ese proceso de desinflación global, Gianelli manifestó que hubo “una secuencia de shocks persistentes sobre la productividad del sector transable” como la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que “cambió la dinámica comercial global”, así como también influyó la creciente apertura comercial, el desarrollo de las cadenas de valor, la caída en los costos de transporte, un menor peso de los sindicatos y la penetración del comercio electrónico.

“Todo esto se ha traducido en precios de bienes que en términos relativos han caído en el tiempo”, indicó Gianelli aunque señaló que de la evolución de la inflación de bienes y servicios en los últimos 20 años, “la que realmente muestra una tendencia decreciente es la inflación de servicios”.

Por otra parte, Gianelli manifestó que la reducción de la inflación a nivel global también se vio impulsada por una mejora en la gestión macroeconómica, principalmente de los países emergentes, “Esto ha sido particularmente relevante para contener la inflación de no transables. Los bancos centrales han ganado espacio de autonomía”, afirmó el especialista.

Puesto de frutas y verduras en una feria de Montevideo. Foto: Leonardo Mainé (Archivo)

En términos del rol de la política monetaria de esos países que lograron reducir la inflación, Gianelli destacó que se debió, entre otros motivos, a la aplicación de reglas fiscales y límites al endeudamiento, así como también al hecho de que se desterró prácticamente el financiamiento monetario del déficit fiscal.

“Ha habido un cambio de paradigma desde la ambigüedad constructiva hacia una mayor transparencia”, afirmó Gianelli y resaltó como fundamental la autonomía institucional de los bancos centrales dado que permite contener el traspaso de los shocks inflacionarios hacia las expectativas.

Por su parte, Garín basó su exposición en relación a si realmente existe o no un óptimo en lo que refiere al nivel de inflación y también planteó la pregunta respecto a cuál debiese ser la volatilidad óptima de la inflación. A su entender, hay consenso en la literatura económica en cuanto a que la “volatilidad ideal debería ser 0”.

Además de destacar como importante lograr tener una baja volatilidad, Garín manifestó que es clave la institucionalidad.

Sobre este tema el especialista afirmó que se precisa un acuerdo que pueda ir más allá de la discusión en relación al rango meta de la inflación, por ejemplo en asuntos como la independencia de BCU. “Creo que es un debate que no se puede empezar si ya se tienen posiciones definitivas e inamovibles”, afirmó.

En tanto, Licandro analizó la inflación en Uruguay desde una perspectiva histórica y explicó los motivos por los cuales se precisa tener una inflación baja en el país.

Entre ellos, manifestó que la alta inflación y la dolarización de la economía afectan el crecimiento económico de largo plazo, hacen más amplio el ciclo del producto y afirmó que perjudican tanto a la política monetaria como a la estabilidad financiera.

En cuanto al objetivo de consolidar una baja inflación en Uruguay, Licandro explicó que un aspecto que está actualmente en discusión es si la fijación de determinada tasa de interés incentiva a corto plazo a determinadas inversiones financieras, lo que se conoce como carry trade.

“Si tanto preocupa el tema del carry trade, obviamente es por un problema de indexación de partida que hace que desaparezca el sistema financiero en pesos (…) Al día de hoy tenemos evidencia acumulada del perjuicio que para Uruguay tiene un sistema financiero en moneda extranjera”, dijo el gerente de la Asesoría Económica del BCU.

Para evitar ineficiencias, “se hace necesario desarrollar el sistema financiero en moneda nacional”, afirmó Licandro.

“Más tiempo en el rango”

De acuerdo con Licandro, “Uruguay debería tener la inflación más baja posible en el largo plazo” si se piensa “fundamentalmente” en desarrollar un sistema financiero en moneda nacional. Sobre este punto reflexionó que “en la medida que apuntemos a un nivel de inflación más bajo, la volatilidad de la inflación será más baja y, por tanto, estaremos más tiempo dentro del rango” meta fijado por las autoridades, aseguró Licandro. El objetivo del gobierno es que la inflación se ubique entre 3% y 7% y a partir de septiembre de 2022 esa meta es de entre 3% y 6%. En julio el Índice de Precios al Consumo (IPC) aumentó 7,33% en 12 meses cerrados a junio, lo que significó que la inflación estuvo por fuera del rango, luego de haber estado durante dos meses dentro de la meta.

Fuente: Elpaís