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Por qué el monopolio de Ancap puede desaparecer y el subsidio “casi kirchnerista”

Los economistas Jorge Caumont y Javier de Haedo enfatizaron en que el monopolio de Ancap tiene consecuencias negativas para la economía y toda la sociedad.

Economistas analizaron la estructura monopólica y plantearon sugerencias para bajar los precios en el mercado de combustibles. Foto: Fernando Ponzetto

El debate acerca del monopolio de Ancap sobre los combustibles tiene larga data pero se mantiene vigente. Sobre este tema, los economistas Jorge Caumont y Javier de Haedo afirmaron que el monopolio de la empresa estatal va a dejar de existir dado que, entre otras cosas, tiene una “espada de Damocles” para los próximos años que implicará enfrentar la inminente amenaza del surgimiento de nuevas fuentes de energías.

En el marco de un ciclo virtual de charlas organizadas por diferentes asociaciones empresariales y productivas del país, los economistas explicaron los problemas que tiene la estructura monopólica de Ancap y si bien señalaron que políticamente no ven viable que se logre la libre importación de los combustibles en el corto plazo, plantearon otras reformas alternativas para reducir precios.

El economista Caumont afirmó que el mercado monopólico de combustibles “le hace mucho mal a la economía en su conjunto” y remarcó que tiene consecuencias “tremendamente desfavorables para el bienestar general de la población”.

A nivel teórico explicó que la característica fundamental de un monopolio es que enfrenta la totalidad de la demanda del mercado, lo que lo diferencia de los que están en competencia con otros actores y a quienes el precio del producto o servicio les viene dado por el mercado. Según Caumont, en el caso del monopolio, la variable central no es el precio sino la cantidad que vende.

Las razones por las cuales surge un monopolio son variadas y entre ellas se encuentran por ejemplo la localización, el manejo de determinados tipos de recursos estratégicos, entre otras, pero según Caumont “todas ellas van desapareciendo con el paso del tiempo y el mercado se hace competitivo”. En ese sentido, Caumont explicó que si hay una sobreganancia en el mercado y no hay restricción al ingreso de nuevos actores “pueden entrar competidores” y remarcó que el monopolio de Ancap “en el largo plazo no va a existir”.

Sobre este punto el economista puso como ejemplo otros monopolios temporales que tuvo Uruguay que con el paso del tiempo desaparecieron como el caso de la telefonía celular o la venta de seguros (salvo los de accidentes de trabajo donde se mantiene).

Fachada del edificio de Ancap. Foto: Archivo El País

Las dos principales consecuencias negativas del monopolio de Ancap, según Caumont, son por un lado la transferencia de ingresos y por otro lado, los costos sociales. La primera refiere al hecho de que el consumidor le transfiere al productor monopolista pero también le paga a quienes el monopolista, en este caso Ancap, emplea para desarrollar su producción.

¿Qué es la transferencia de ingresos? Básicamente es la diferencia entre los precios que existirían en competencia (que eventualmente serían más bajos) y el precio que existe en el monopolio, multiplicada por la cantidad que se pierde por estar en monopolio. “Esa transferencia disminuye el bienestar de los consumidores”, afirmó.

El otro efecto negativo, el del costo social, implica por ejemplo que si Ancap decide producir menos entonces habrá menos empleo. “Desde el punto de vista económico es un costo social sobre las externalidades que se generan como consecuencia de las distorsiones monopólicas”, indicó Caumont.

Entre algunas de las distorsiones que se introducen en el funcionamiento del monopolio para evitar sus malas consecuencias, el economista hizo referencia a los impuestos, los que a su vez indicó que pueden ser de tasa variable. fija, un tributo al resultado de la empresa, o también puede implicar fijar el precio máximo al monopolio para que coincida con el de competencia.

Sin embargo, según Caumont, cualquiera de esas distorsiones “son relativamente ineficaces además de ineficientes porque siempre terminan con precios mayores todavía que los anteriores del monopolio, además las transferencias que hacen los consumidores es aún más grande que las que hacían antes y los costos sociales también”, explicó y puso como ejemplo el caso del Imesi a los combustibles.

Sumado a eso, el economista resaltó que el problema se agrava cuando el monopolista incorpora el costo de actividades que no tienen que ver con el negocio central del monopolio, como es el caso del portland, ALUR, entre otros. “Ahí la transferencia de ingresos de los consumidores no va solo al monopolista sino que después va a satisfacer costos de otra actividad que no tiene nada que ver”, indicó.

La solución según Caumont radica en liberalizar el mercado de los combustibles y permitir que nuevos actores compitan entre sí. “La competencia siempre termina determinando un precio relativamente menor”, afirmó.

Por su parte, De Haedo, economista y director del Observatorio Coyuntura Económica de la Universidad Católica, dijo que el monopolio de Ancap “va a caer por su propio peso por la vía de los hechos” cuando se haga inminente la llegada de fuentes alternativas de energías que harán caer la demanda por hidrocarburos.

No obstante, De Haedo manifestó que “es difícil” pensar en que a nivel político se logre liberar el mercado de los combustibles, por lo que propuso que se deben plantear otras reformas “con y sin libre importación” que serían útiles para ir a menores precios.

En esta línea, el economista propuso por ejemplo definir criterios claros para la fijación de precios por parte de los reguladores, implementar metodologías transparentes, fortalecer los directorios tanto de las empresas estatales como de las unidades reguladoras, mejorar las remuneraciones y limitar la “puerta giratoria” hacia la actividad privada, separar las finanzas de las empresas estatales para evitar los subsidios cruzados de mercados monopólicos a mercados en competencia y analizar de forma explícita los subsidios ya existentes. También sugirió que se discuta la pertinencia de los subsidios y que estos sean aprobados a través del Parlamento.

“Ese sería el marco óptimo y por estas cosas hay que pelear no solo para Ancap sino para todas las empresas públicas porque esto allana el camino hacia precios mejores y más transparentes”, afirmó De Haedo.

Un subsidio “casi kirchnerista”

Ancap estima que el subsidio indirecto del precio del supergás será de casí US$ 100 millones a fines de año. Sobre esto, el economista De Haedo dijo que el subsidio “es totalmente ineficiente, diría que es casi kirchnerista porque beneficia a los ricos también”. De acuerdo al economista, hay tecnología suficiente para reducir los gastos del supergás y enfatizó en que se debería acotar el subsidio a los beneficiarios que “realmente lo necesiten y no a todos los niveles socioeconómicos”. Por otra parte, De Haedo mencionó el último aumento de las tarifas de los combustibles y dijo que si bien responde a temas coyunturales y no estructurales, “hay que tener cuidado con las promesas de campaña electoral porque prometer que no se van a subir los precios es un tema que a corto plazo termina fracasando”, indicó.

La visión de dos economistas.

JAVIER DE HAEDO

javier de haedo

El rol legislativo“Se deben atacar costos no incluidos en la metodología de Precios por Paridad de Importación (PPI), transparentando subsidios y sacarlos de Ancap. La mezcla del biodiesel, la pérdida del portland, el subsidio interno al supergás, el fideicomiso del boleto. Todo esto debe ser votado por el Parlamento de forma de que se gane legitimidad. Quien tiene la obligación constitucional de votar tributos y conceder subsidios es el Poder Legislativo no el directorio de una empresa estatal, debe hacerlo el Parlamento. Deberian identificarse todos esos costos, cuantificarse y eventualmente incluso, sustituirse por un impuesto explícito que además después es mucho más facil bajarlo si es necesario”.

JORGE CAUMONT

JORGE CAUMONT

Libertad absoluta“Si hay libre entrada al negocio y hay ganancias por encima de las normales del mercado de otras actividades eso va a traer más competidores. Lo que importa acá es la libertad para ingresar. El monopolio solo existe si hay restricción al ingreso. Pienso que es un tema de libertad en el sentido más amplio. El mercado arregla las cosas actuando libremente, soy muy partidario de la teoría de Adam Smith que dice que es el mercado el que silenciosamente va a encontrar su equilibrio cuando tiene la mayor libertad. Si entrás a entorpecerlo y ponerle distorsiones ahí no. Obviamente demoraremos en tener la libertad absoluta pero hay que intentarlo por lo menos porque es el óptimo”.

Fuente: Elpaís