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Nuevo estudio sugiere cambiar la edad de ingreso a la escuela

Los que entran más chicos tienen, en promedio, un peor rendimiento. Aunque también influyen otros factores, desde el contexto hasta cuán estimulados estén los niños.

Los niños que inician primer año sin los seis años cumplidos tienen más chances de repetir o de tener un peor rendimiento. Foto: Darwin Borrelli

El sistema educativo uruguayo arrastra una rareza: el año lectivo empieza en marzo, el calendario gregoriano marca el comienzo en enero, pero los alumnos pueden ingresar a la escuela habiendo cumplido los seis hasta el 30 de abril. Una nueva investigación nacional comprobó que los estudiantes más chicos -que inician Primaria antes de cumplir esa edad- están pagando el precio de esa rareza: tienen más chances de repetir, menos posibilidades de conseguir las mejores calificaciones y, sobre todo, un desarrollo cognitivo más inmaduro.

Cuando Gabriela Salsamendi era maestra de grado ya notaba esas disparidades. Unas diferencias que no obedecían al contexto de los alumnos (porque sigue siendo lo que más pesa en el desempeño escolar posterior) y que se expresaban en juicios del estilo: “Falta madurez para…”. Por eso para su tesis de maestría en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), decidió estudiar el rendimiento de la generación de estudiantes que acabaron la educación inicial en 2016 y los siguió hasta su egreso de cuarto de escuela en 2020.

Fue así que demostró que el mes de nacimiento afecta los rendimientos. Ya el primer año repetía el 14% de los alumnos más chicos (esos que cumplen entre febrero y fines de abril), mientras que solo lo hacía el 9% de los más grandes de la clase. Esa disparidad continuaba con el correr de los grados y al llegar al cuarto año había repetido el 22% de los más chicos versus el 14% de los más grandes.

No solo repiten más los más chicos, sino quea los más grandes les va mejor: en el carné de primer año, por ejemplo, el 43% de los mayores promovió con calificaciones superiores a MBS, mientras que solo lo hizo el 27% de los de menor edad.

“En el rendimiento de los escolares siempre influyen muchos factores, desde el contexto hasta cuán estimulados estén los niños… eso no está en discusión”, dice Salsamendi. “Pero la investigación viene a demostrar, científicamente, que la edad tiene su peso”, acotó.

Salsamendi ya había notado que al terminar la educación inicial existían diferencias según la edad y que cada mes contaba. Y ahora demostró que eso explica en parte las chances de promoción escolar y perdura en el tiempo.

¿Entonces qué hacer? La autora dice que “quizás no son las niñas y niños los que tengan que pagar la penalidad por haber nacido antes o después, ya que es una condición dada que no la eligen, sino que las instituciones deberían ofrecer otras formas de estructurar la escuela distinta al aula monogrado”. Incluso propone que, “al menos debería correrse el límite para el primer día de marzo y así acompasar el año lectivo con la edad de ingreso”.

¿Capricho?

La ordenanza fija el límite de ingreso el 30 de abril. Antes era el 10 de mayo y en casos excepcionales se habilitaba a alumnos que cumplían en junio. Pero el origen detrás de esa decisión es un misterio.

Víctor Spinelli empezó a trabajar como administrativo de Primaria en la década de 1960. Recuerda que por entonces la normativa decía que el alumno tenía que tener seis años cumplidos al inicio del año escolar. Pero recuerda que una madre presentó un recurso para revocar esa decisión administrativa porque entendía que su hijo, quien cumplía en marzo, tenía que esperar un año para entrar a la escuela. Primaria aceptó el cambio, sin mayor discusión pedagógica, e incluso unos años después estableció que se podían hacer más excepciones si se contaba con un informe que avalase la aptitud del niño.

La Evaluación Infantil Temprana de 2016, esa en que Salsamendi basa el inicio de su investigación y que toma datos de unos 15.000 alumnos, arrojó diferencias en los resultados por edad en las cinco habilidades de desarrollo que medía el instrumento. Eso encendió la alerta de las autoridades de Primaria del momento, cuyo consejo dirigía Irupé Buzzetti, quienes plantearon rever una “decisión administrativa que terminaba afectando a tantos niños”.

Buzzetti, ya jubilada, explicó a El País que “la necesidad del cambio no es antojadiza: por algo los finlandeses y los suecos fijan en siete años el inicio escolar”. En este sentido, dijo, “el sistema educativo debería seguir el mismo criterio que el baby fútbol: las generaciones por año de nacimiento. Siempre que hagas un corte arbitrario a alguien vas a afectar, pero de esta manera, al menos, evitás que sigan ingresando niños tan chicos, porque cada mes a esas edades es un montón en el desarrollo cognitivo”.

La propuesta del entonces Consejo de Primaria no estuvo exenta de polémica. Los dos representantes de los docentes en el Codicen se habían opuesto a la reforma. Uno de ellos era el hoy presidente Robert Silva, quien había declarado: “Esos cuatro meses que se corren (del 30 de abril al 31 de diciembre) implica retrasar el acceso a un ambiente de aprendizaje, valores de crianza y desarrollo”.

El caso llegó a la Asamblea Técnico Docente (ATD), pero la diferencia entre los que estaban a favor y en contra fue tan ajustada (7.059 por el cambio contra 5.895 y 1.141 abstenciones) que el caso fue elevado a una comisión de la Asamblea Nacional. Y fue entonces que el debate se enterró con la justificación de que “la edad cronológica no asegura un mejor desempeño, ya que, la realidad es multicausal”.

En uno de sus últimos actos públicos, a pocos días del cambio de autoridades, Buzzetti dijo que Primaria tiene pendiente el cambio de edad de ingreso. En la platea estaba escuchándola la hoy directora de Primaria, Graciela Fabeyro, quien asintió con la cabeza.

Casi dos años después, Fabeyro reconoce que “hay que cambiar el modelo único en el aula” y que “la escuela debería adaptarse más al niño y no el niño a la escuela”. Pero entiende que “hay una tradición tan arraigada”, que para tomar una decisión se requiere “una discusión que llegue a consensos”.

Por eso ella es partidaria de apostar “al trabajo por ciclos: que no haya una repetición como hasta ahora en primer año, sino que se dé la chance de seguir, de madurar, de acompañar y evaluar recién en tercero”.

El trabajo por ciclos era algo que Primaria ya había establecido en la administración anterior y ahora recibe el visto bueno de las actuales autoridades.

La escuela uruguaya está entre dos paradigmas: el vareliano (donde se trata a todos los estudiantes por igual) y un sistema que atiende las particularidades de cada niño. En su tesis, Salsamendi sugiere que las escuelas deberían trabajar con grupos más reducidos. Fabeyro coincide, aunque cuenta otras posibilidades: “Para este año pensamos extender el tiempo pedagógico con trabajo a distancia, eso permitiría indicar tareas individuales, según el desarrollo de cada niño”

Fuente: Elpaís