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Mapa de una guerra de sicarios y muertes por la espalda en Minas

Con la condena al asesino del “Pumita” cerraría la trama de violencia entre Virches y Acuña.

Operativo policial en Minas. Foto: Fernando Ponzetto.

Santiago Zuasnabar Virches le abrió la puerta a quien sería su asesino. Junto a él y otros dos conocidos que lo acompañaban, se sentó frente a una estufa a leña y se puso a calentar agua para el mate en una caldera. Empezaron a conversar. Zuasnabar Virches, “Pumita”, estaba escondido en esa casa, que no era suya, porque se sabía buscado. Temía por su vida. Cerca, contra la pared, había una escopeta recortada y tenía otra arma sobre una mesa. Pero esta vez el “Pumita”, avezado sicario de 22 años, miembro de una familia de renombre en el ambiente delictivo de Minas, no imaginó que tendría que defenderse.

Fue un instante. No hubo forcejeo ni palabras de por medio. “Pumita” tomó un repasador para no quemarse y se dio vuelta para sacar la caldera del fuego cuando uno de los acompañantes, al que llamaremos A.A., hizo la señal. Álvaro Batista, un joven con varios antecedentes penales, sacó el arma y disparó tres veces, de cerca y por detrás, contra quien fuera su amigo y compañero de sicariato.

El “Pumita” no atinó a nada. Un tiro impactó en el hombro, otro en la cabeza y otro en la cara. Murió de espaldas y parte de su cuerpo quedó dentro de la estufa, de acuerdo a la versión del comisario mayor y perito Carlos Rodríguez, de la Dirección de Investigaciones de la Policía. Batista lo dio vuelta con un pie, le sacó el dinero que tenía en el bolsillo del pantalón y los tres se retiraron.

Aquel 13 de abril de 2018 “Pumita” fue atacado por la espalda, de la misma forma que él había arremetido contra Martín Acuña el 16 de febrero durante el tradicional desfile de carnaval, dejándolo parapléjico. El 3 de mayo, pocos días después de matar a “El Pumita”, Batista le dio 17 tiros a Gerald Faggiani, alias “Bobín”. También lo mató por la espalda, y también eran compañeros delictivos en sus andanzas tanto en Minas como en el Chuy. En esta guerra la lealtad tiene precio y se paga.

Batista desplegó así su “personalidad fría, con indicadores de impulsividad”; es un hombre “calculador, controlador” y lo caracteriza una “violencia instrumental puesta al servicio de un fin”, según el informe psicológico que se le realizó durante el juicio por la muerte del “Pumita”. Dicha evaluación advierte que tiene un “trastorno de personalidad con ausencia de resonancia emocional”, rasgos que “lo predisponen a cometer actos violentos”. Concluye: “Tiene perfil homicida”.

En las próximas semanas Acuña será indagado por su eventual vinculación con el homicidio de “Pumita”, según consta en la sentencia de condena de Batista. Porque aunque nunca nadie fue imputado por el disparo que lo dejó en silla de ruedas -y a pesar de que nadie vio el origen de esa bala-, de la investigación policial surge que el “Pumita” fue el autor del ataque. La cabeza de Zuasnabar Virches tenía precio.

Pero no era un trabajo para cualquiera. Para la Fiscalía quedó acreditado que Batista fue el elegido por Acuña para vengarse ya que, por su vínculo, “era una de las pocas personas que podía acceder” al “Pumita”.

Acuña es defendido por la abogada Karen Pintos.

Efectivo policial mira su reloj mientras espera al costado de un patrullero. Foto: Archivo

Masacre.

La condena de Batista podría ser el corolario (o no) de una serie de enfrentamientos que les enseñó a los minuanos a convivir con el terror. La guerra entre los Virches y los Acuña comenzó a fines de 2014. Anastasio “Piraña” Virches fue ultimado a tiros a las 23:00 horas del 19 de diciembre de 2014. Al otro día, minutos después de que fuera sepultado Anastasio, Gustavo “Pancho” Virches fue asesinado justo cuando salía de despedir a su hermano, en la puerta del cementerio de Minas.

A partir de ahí, los enfrentamientos entre los Virches y los Acuña generaron bajas de ambos bandos. De acuerdo a los relatos de dos investigadores que trabajaron en la muerte del “Pumita”, la puja entre ambas familias provocó en Minas y en Chuy ocho muertos y seis tentativas de homicidio entre 2014 y 2018 (ver recuadro) -entre ellas el intento del “Pumita” de matar a Acuña para vengar a sus tíos Anastasio y Gustavo.

En las audiencias, que se hicieron el 27 y 28 de octubre de este año en el Juzgado de Minas, los investigadores declararon que los homicidios obedecían a una disputa por el tráfico de drogas y el “corredor” que une la ciudad rochense con la capital de Lavalleja.

Tamaño enfrentamiento generó que la familia Virches quedara casi diezmada. El único adulto vivo es Jorge Omar Virches Miraballe, alias “El Kechu”, quien fue encarcelado por disparar a su pareja dos tiros en la cabeza. La víctima se salvó de milagro: por un accidente anterior llevaba dos metales en el cráneo y las balas dieron justo en ese lugar, contaron las fuentes del caso.

Del otro bando queda vivo Acuña, que también está preso. Actualmente, a pedido de su defensora, con frecuencia sale de la cárcel durante unas horas, se dirige a un pequeño campo de su propiedad, y allí hace ejercicios de rehabilitación en sus piernas.

Al “raid” criminal ocurrido en Uruguay se le sumó la muerte en Brasil de Emmerson Cunha Lima, alias “Pelezinho” o “Pelé”, apodado así por su habilidad para jugar al fútbol. El arma homicida fue la misma Glock usada para matar al “Pumita” y otras tres víctimas.

Desde la muerte de “Pelezinho” la violencia se incrementó en la frontera Chuy-Chui, generando alarma en la población y en la Fiscalía y la Policía de ambos países.

En los primeros días de 2018, la entonces fiscal del Chuy, Sandra Fleitas -hoy fiscal de Rosario-, creó un equipo integrado por investigadores de Inteligencia Policial y la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas (Dgrtid). El equipo también se conformó con fiscales y policías brasileños. “Se estableció que las muertes (en Minas y en el Chuy) fueron causadas por una organización de sicarios integrada por cuatro personas de Lavalleja”, dijo el comisario mayor Rodríguez en la audiencia.

Rodríguez, con más de 20 años de experiencia en unidades especializadas en investigación de delitos de la Policía, desplegó sobre su mesa de trabajo en Montevideo las carpetas investigativas de Fiscalía, partes y actas policiales, y comenzó a realizar un análisis de la información de los crímenes.

Al mismo tiempo pero en la ciudad de Minas, el comisario Juan Flores, encargado de la Unidad de Delitos Complejos de Lavalleja, investigaba bajo las órdenes de la Fiscalía de Lavalleja. Mientras, también en Montevideo, efectivos de la Dirección General de Represión al Tráfico de Drogas se encargaban de las interceptaciones telefónicas de los sospechosos.

El 29 de junio de 2018 las investigaciones comenzaron a dar sus frutos: Álvaro Batista pidió a su hermana que fuera a buscar “dos elementos, uno blanco y otro negro”, enterrados en un campo cercano a su casa, según relató Rodríguez en la audiencia.

Poco después, la Policía realizó un allanamiento en una casa y en una pieza donde vivían familiares de Batista para buscar las dos pistolas. “Ambas armas fueron ubicadas dentro del congelador de una heladera que estaba afuera de la casa y apagada”, agregó el comisario.

Policía Científica. Foto: Fernando Ponzetto

Una de las armas era una pistola Glock, calibre 9 milímetros, denunciada como robada por parte de un policía de Minas el 20 de enero de 2018. El sospechoso del hurto era un primo de Batista que tenía una relación amorosa con la hijastra del policía robado, según señalaron el 29 de octubre en el juzgado las fiscales de Lavalleja Viviana Maqueira y Paola Goyeni, quienes lideraron la última etapa de la investigación.

Los comisarios Rodríguez y Flores lograron relacionar la pistola Glock que le habían robado al policía con los crímenes realizados por la banda de sicarios en Minas y Chuy, y una violenta rapiña a una familia en la que dispararon a un perro (ver recuadro).

La otra arma incautada, de color blanco, era una pistola Smith & Wesson, denunciada como hurtada en 2014 y que, hasta el momento, no fue vinculada a ningún crimen.

Debate judicial.

Luego de varias instancias de juicio oral, las fiscales Maqueira y Goyeni concluyeron que Batista mató a Zuasnabar Virches, alias “Pumita”, por encargo de un tercero y a un precio de $ 100.000. “Además surge que Batista protagonizó una rapiña en el domicilio de Diego C. y Tatiana Z., donde actuó con una violencia desmedida”, según las fiscales.

La Fiscalía dijo en el juzgado que, por las declaraciones de los peritos en balística, “se demuestra” la vinculación de Batista con “todos los hechos acaecidos”, así como que el arma hurtada al policía fue la que participó en la rapiña a Diego C. y Tatiana Z., ya que “coinciden” las vainas incautadas en esos hechos con el arma robada.

Por su parte, la abogada de Batista, Serrana Carbajal, pidió a la Justicia el sobreseimiento o la disminución de la pena para su defendido por entender que la Fiscalía no había logrado probar todos los extremos de su acusación.

Carbajal cuestionó los testimonios que imputaban a Batista y ofreció dos testigos que señalaron que el imputado estaba primero en una fiesta y luego en su casa cuando mataron al “Pumita”. La penalista también rebatió las declaraciones de las víctimas de la rapiña, las que calificó de “poco consistentes” y “contradictorias”.

En el juzgado, Carbajal dijo que esos testimonios refuerzan la teoría de que “hubo acuerdos” y “adoctrinamiento de los testigos”. Aseguró que funcionarios policiales ofrecieron convenios para incriminar a Batista de los ilícitos.

Carbajal rebatió la teoría de la Fiscalía sobre que el homicidio del “Pumita” fue por encargo, porque los testimonios sobre el precio pagado por dicho sicariato “no son consistentes”.

La penalista afirmó que de las declaraciones de los testigos se desprende que fueron “intimidados”, porque realizaron un relato “desordenado” y “confuso” que evidencia “su desconocimiento de los hechos”. En declaraciones a El País, Carbajal indicó que Batista denunció a policías de Minas por supuestas irregularidades, las que son investigadas por efectivos de otro departamento.

Al finalizar la audiencia del jueves 18, la jueza Lucía Granucci condenó a Batista por el homicidio especialmente agravado del “Pumita”, la rapiña a la casa de Diego C. y Tatiana Z., y dos delitos de porte de arma. El acusado deberá cumplir una pena de 27 años de penitenciaría.

El fallo podrá ser apelado por las partes.

Cruento relato de una rapiña a una pareja “amiga”

Eran las 23:00 horas del 23 de marzo de 2018. En Minas, Diego C. miraba televisión en su casa, mientras su entonces pareja Tatiana Z. bañaba a una de sus hijas. Tatiana salió del baño y fue a buscar ropas al dormitorio. Por un monitor de videovigilancia, la madre vio que, por el fondo de su casa, se acercaban cuatro personas agachadas y armadas. Avisó a su esposo y se encerró en el baño con sus hijas. Diego C. corrió a la puerta para tratar de detener a alguno de los invasores, pero debió huir hacia una casa vecina porque le dispararon.

Desde el baño, Tatiana escuchó cómo los recién llegados tiraban una silla y rompían un ventanal para ingresar a la casa. “Entraron a la casa tirando tiros. Le pegaron siete tiros a mi perro que fue uno de los primeros blancos que tuvieron”, declaró la víctima en el juzgado.

Su hija más pequeña comenzó a llorar y Tatiana tapó su boca, pero ya era tarde. “Ahí ingresó al baño una persona con un chaleco antibalas y pistola 9 milímetros y me agarró de los pelos. Empiezan a pegarme culatazos. Me pidieron plata y les di $ 40.000”, expresó. Agregó que empujaron a una de las niñas contra la pared. “Terminó todo conmigo agachada con las dos niñas en la espalda y la pistola en la cabeza”, testificó. La pareja identificó a los delincuentes y señaló a Batista como el principal agresor: lo conocían porque eran “amigos” y había estado en la casa días atrás.

Balearon a la madre de un sicario

El 16 de febrero de 2018 el frente de la casa de la madre de Santiago Zuasnabar Virches, alias “Pumita”, fue baleada. Dos días más tarde, una persona que portaba una pistola Smith & Wesson calibre .357 ingresó a la misma vivienda. El recién llegado disparó e hirió en un brazo y un hombro a la madre de Zuasnabar Virches. Según señalaron investigadores del caso en el Juzgado de Minas, testigos dijeron que el autor de los disparos sería Rodrigo Maidana, mientras que Mario Velázquez quedó en la vereda aguardando en una moto. El ataque, según los investigadores, fue producto de una venganza por el ataque del “Pumita” a Martín Acuña. Poco después, Maidana y Velázquez fueron asesinados en una casa de Minas. La Policía sospecha que las dos muertes fueron una represalia del entorno del “Pumita” por haber herido a su madre. Según relató el comisario mayor y perito Carlos Rodríguez en el juzgado de Minas, en la pericia al celular de Rodrigo Maidana surge que alguien le envió un mensaje con la siguiente palabra: “Tornillazo 38”. Rodríguez dijo que esa palabra aludía al calibre de la bala con la cual había sido herida la madre de Zuasnabar Virches.

Ahora la Policía minuana considera que la violencia en el departamento disminuirá con la condena de Álvaro Batista. Los investigadores confían en que las pruebas recogidas son suficientes como para encarcelar a otros integrantes de los dos bandos que cometieron delitos como homicidios, tráfico de drogas y rapiñas en el departamento. Y explicaron que la investigación desmanteló a una banda de sicarios que actuaba en Minas y en Chuy y que, según testimonios de testigos protegidos, no tenía inconvenientes en matar a una persona o a otro integrante de su propia gavilla por un pago de $ 10.000. Tras la muerte del “Pumita”, otro integrante de la banda, Gerald Faggiani, alias el “Bobín”, publicó en su muro de Facebook su malestar por el crimen de su amigo. “Acá hubo un traidor”, dijo Faggiani según las fuentes. Dos días más tarde, “Bobín” fue acribillado en el Parque Rodó de Minas. El arma usada fue la misma pistola Glock robada a un policía y utilizada en otros crímenes por varios integrantes de la banda. La suerte de Faggiani quedó echada no solo por lo que publicó en Facebook. Sus compañeros consideraron que era “el más flojo” de todos y “podía abrir la boca” si lo atrapaba la Policía, dijeron fuentes de la investigación.

Morabito

Uno de los integrantes de la banda de sicarios de Minas se escapó el 13 de junio de 2019 por los techos de la entonces Cárcel Central junto con el capo de la Ndrangheta, Rocco Morabito, entre otros fugados. La Policía siguió el rastro de Morabito hasta una pizzería ubicada en Punta Carretas. Luego un coche partió de la pizzería, se dirigió a Minas y regresó. El rastro de Morabito se perdió. Morabito fue recapturado el 24 de mayo de este año en Brasil. Será extraditado.

Fuente: Elpaís