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Los treinta años del Mercosur: una cumbre con poco para festejar

El bloque ha estado atravesado en los últimos tiempos por cuestionamientos sobre la velocidad y el grado de apertura de su comercio con terceros países.

Andrés Rodríguez, Fernando Collor de Mello, Carlos Menem y Luis Alberto Lacalle celebrando la suscripción del Tratado de Asunción. Foto: Archivo El País

El próximo viernes se celebran 30 años de la firma del Tratado de Asunción, instrumento jurídico mediante el que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay fundaron el Mercosur. Mucha agua ha corrido desde entonces y el bloque que pretendió ser una asociación política y comercial vive, tal vez, sus horas más complejas.

El bloque puesto en marcha el 26 de marzo de 1991 en la capital paraguaya ha estado atravesado en los últimos tiempos por cuestionamientos sobre la velocidad y el grado de apertura de su comercio con terceros países, mientras aún no ha logrado cerrar definitivamente un acuerdo de libre de comercio con la Unión Europea.

Estas trabas a su desarrollo han puesto al acuerdo regional en una especie de limbo que le impide avanzar en busca de los objetivos para los que fue creado.

Ejemplo local de ello es que antes de la existencia del Mercosur, el comercio exterior uruguayo con Argentina y Brasil era el 42% del intercambio total de bienes del país. En 2001 representaba el 40% y al finalizar 2020, el intercambio con esos dos socios cayó a 26% del total. En términos reales, la disminución del comercio con Argentina y Brasil ha sido 21%, no obstante el aumento de la población a 270 millones, según datos aportados por el economista Jorge Caumont en su columna en Economía & Mercado de El País del 15 de marzo

En sus tres décadas de existencia el Mercosur no consiguió funcionar como una unión aduanera, como planteó su tratado de constitución, mantiene trabas a la libre circulación de bienes y servicios en su interior, y un AEC muy alto en términos comparativos y con abundantes perforaciones que en opinión de analistas ponen obstáculos al libre comercio.

Cumbre virtual.

Con ese telón de fondo los presidentes de los cuatro países celebrarán el viernes una cumbre virtual -iba a ser presencial, pero el recrudecimiento de la pandemia cambió los planes- cuya expectativa mayor es destrabar las negociaciones para reducir el Arancel Externo Común (AEC), la tarifa aduanera que cobran los miembros del bloque a las importaciones de extrazona, e iniciar formalmente un proceso de negociación que permita flexibilizar las condiciones para que cada integrante del Mercosur pueda negociar acuerdos comerciales individuales con terceros países.

Los gobiernos de Brasil y Uruguay son quienes lideran en estos momentos la tendencia flexibilizadora y el de Argentina es el que se ha mostrado más reticente a seguir ese camino, aunque en las últimas semanas ha suavizado su postura abriendo al menos la posibilidad de negociar el asunto

La postura brasileña fue puesta blanco sobre negro hace pocas semanas por su canciller Ernesto Araújo en una entrevista con la agencia de noticias AFP. “Nuestro objetivo es que el Mercosur sea un bloque negociador eficiente (…) Si eso es posible a través del Mercosur como bloque, perfecto. Si en algunos casos es mejor trabajar individualmente (…), necesitamos encontrar esas flexibilidades”, declaró el diplomático. El “Mercosur tiene que ser abierto al mundo, permitir o (al menos) no impedir una apertura de Brasil al mundo. Eso es vital para nuestra competitividad”, agregó.

Desde el lado uruguayo esa postura es reivindicada desde hace varios años y el gobierno de Luis Lacalle Pou la mantiene en todos sus términos.

El gobierno del paraguayo Abdó Benítez no es tajante, pero tampoco muestra indicios de oponerse a las propuestas de Uruguay y Brasil.

Si bien los escollos a la flexibilización hasta ahora han sido puestos por Argentina, integrantes del gobierno de Alberto Fernández admiten que ahora hay disposición para negociar, aunque con ciertas limitaciones

No obstante ese cambio de actitud no se ha hecho explícito. Es más, pocos días atrás el canciller argentino Felipe Solá al participar en el Congreso del Grupo de Reflexión sobre Integración en América Latina y Europa cuestionó la idea de que el Mercosur constituya un límite para el desarrollo de los miembros del bloque por el hecho de que sus miembros no puedan negociar acuerdo comerciales con terceros países de manera individual.

Mientras, fuentes del gobierno argentino admiten que la administración de Alberto Fernández ultima los detalles de una propuesta para bajar el AEC promedio actual del 13% al entorno del 9%, aunque solo para productos que no se fabriquen en territorio argentino como forma de proteger la producción doméstica.

Para Brasil una baja de esa magnitud es escasa, pero ve bien el gesto argentino. Los sectores en los que el gobierno de Jair Bolsonaro quiere mayores bajas son automotor, bienes de capital, informática y telecomunicaciones.

Funcionarios argentinos sostienen que el país ya entregó a sus socios una lista con los ar- tículos a ser incluidos en esa reducción arancelaria, aunque esto no fue confirmado por integrantes de los gobiernos de ninguno de los otros tres integrantes del Mercosur.

Luis Alberto Lacalle durante la ceremonia; atrás el canciller de Uruguay, Héctor Gros Espiell. Foto: Archivo El País

De cualquier manera el tema central de la flexibilización del Mercosur que impulsan los gobiernos de Brasil y Uruguay es la condición de que los países miembros del bloque puedan negociar acuerdos de libre comercio con terceros países de forma individual y no bajo el formato actual de 4+1, pero Argentina no parece dispuesta a aceptar la modificación de esa regla.

La alternativa que se maneja a nivel diplomático para no tensar más las posiciones enfrentadas es autorizar a los miembros del bloque a negociar a diferentes velocidades. Es decir que el Mercosur firme acuerdos marco con terceros mercados y que cada uno de sus integrantes le dé contenido propio a esos entendimientos.

Uruguay en busca de mercados extrarregión

Uruguay mantiene en este momento relaciones diplomáticas con 178 países según informó el canciller Francisco Bustillo a fines de febrero a la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados. El ministro señaló que se desarrollan acciones “para aprovechar las grandes oportunidades que generan las relaciones con potencias económicas y políticas como los Estados Unidos, China, Rusia y los países de la Unión Europea, entre otros”.

Una de las nuevas apuestas de la administración de Bustillo será mirar hacia el Medio Oriente. En este sentido, el canciller indicó que “Uruguay tiene posibilidades enormes de avanzar en aspectos que hacen a la relación económico-comercial” allí. Durante su comparecencia en la Comisión de Asuntos Internacionales junto a un equipo de más de diez altos funcionarios de la Cancillería, Bustillo destacó la “red diplomática” con la que cuenta el país en distintos sitios del mundo. Dijo que Uruguay cuenta hoy con 52 embajadas, 39 consulados generales, 44 secciones consulares de embajadas, 133 consulados de distrito (24 a cargo de cónsules de carrera y 108 a cargo de cónsules honorarios). El ministro también señaló que Uruguay tiene 12 delegaciones ante organismos internacionales y cinco representaciones ante diversos organismos con sede propia.

Fuente: Elpaís