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Las claves del título de Peñarol: estilo y confianza en su fórmula

Mauricio Larriera armó una fuerza con juego por los laterales, intensidad y vocación ofensiva

El festejo de Peñarol, con Canobbio al frente

La final de anoche se pareció mucho a Peñarol-River, a Peñarol-Cerro Largo, a Peñarol-Progreso y a casi todo Peñarol-Sud América. El aurinegro con la iniciativa y la pelota, incluso con el buen estilo que pregona Mauricio Larriera, pero sin traducirlo en ventaja. Hasta se pareció en las protestas nerviosas por una decisión polémica del árbitro.

En esos partidos se puede decir que Peñarol careció de definición, que a veces perdió la calma, que desaprovechó corners y tiros libres, pero no que haya jugado mal, pese a la serie de empates.

Al final, la definición por penales le dio el triunfo y la razón al técnico. Porque el título valida una forma de jugar que revela trabajo y confianza en ese sistema, pese al señalado nerviosismo .

La definición del Clausura y la final del Uruguayo mostraron rivales que repitieron su estrategia, poblar su defensa y cerrar los laterales. Allí seguramente faltó un plan B, que ante la IASA apareció a último momento y fue el remate de afuera.

Pero si se pasa en limpio toda la campaña, debe decirse que Peñarol mantuvo siempre sus convicciones, con el arranque en Gargano y la búsqueda paciente de brechas para luego acelerar por un lateral y buscar la definición en el área. Y que se complementa con la presión sobre el rival, en la que participa todo el equipo. Todo eso con una intensidad poco habitual en el medio.

En el remate del torneo las lesiones de Ramos y Valentín Rodríguez lo dejaron sin las dos opciones principales para el sector izquierdo. Elizalde fue una solución de emergencia, por lo cual el aurinegro se vio casi obligado a insistir por la derecha. En algunos momentos ayer, entre los amarillos y negros que atacaban y los blancos y verdes que defendían, ese sector se mostró congestionado.

Una variante que muchas veces le dio resultado fue moverse rápido de la punta al medio, sobre todo con una corrida de Torres. Ejemplo; el gol de Canobbio a la IASA.

Y otra de las fórmulas fue el pase recto a Álvarez Martínez , para que este como pivote bajara la pelota o la tocara al costado. Así llegó el empate: una habilitación de Gargano al centrodelantero, con Plaza más abierto que de costumbre; el toque del Canario y la definición precisa de Torres. En todo esto queda clara la gravitación de Torres, Canobbio y Álvarez Martínez, cada uno en su papel, jóvenes de gran futuro.

Una variante adicional es el ingreso de Bentancourt como segundo punta, con lo cual la defensa adversaria debe prestar atención a un hombre más, que además las pelea todas.

Un debe ofensivo sin embargo fue el poco aprovechamiento de corners y pelotas quietas, sobre todo en estos últimos partidos donde la tónica fue el asedio permanente al rival.

En ese funcionamiento, Gargano es el motor, el que distribuye la pelota hasta encontrar el camino, sin olvidar las que “pellizca” con su oficio. Además, suele tratar de sorprender con un pase filtrado. Anoche procuró hacerlo pero sin la precisión casi quirúrgica que necesaria (el pase que inició el gol de Torres fue diferente.

A su lado Trindade aporta menos claridad para el pase, pero mayor despliegue, al punto que la dupla se complementa en forma muy eficiente. Y también tiene remate de afuera. Cepellini puso claridad con un juego simple pero pensado.

La defensa fue evolucionando. En el primer semestre del año este sector no era cien por ciento confiable, pues cedió goles incluso ante ataques aislados del adversario (varios en la hora…). Pero pese a la partida de Formiliano, la afirmación de Carlos Rodríguez y Kagelmacher permitió reducir los daños casi al mínimo. Como en casi siempre Peñarol atacó con mucha gente, tuvieron mucho espacio para cubrir y lo hicieron bien. Anoche Plaza llegó pocas veces aunque en un par de ocasiones lo hizo con peligro, en especial esa acción final de Mascia, y la zaga respondió. Dawson tuvo poco trabajo en la recta final del torneo, pero en general volvió a la seguridad de sus primeros tiempos.

Giovanni González casi siempre fue clave con su potencia dominando todo el lateral. Del otro lado estuvo el problema ya mencionado de las lesiones cuando se buscaba la alternativa a Piquerez.

Ese estilo definido y esa confianza para sostenerlo son virtudes que pocos equipos uruguayos han mostrado en los últimos tiempos. Debe reconocerse allí el mérito de Larriera, más destacable todavía porque la hinchada lo miró de reojo al comienzo. Por supuesto, este Peñarol no es una máquina, tiene muchos aspectos para mejorar. Sin embargo, las perspectivas de transferencias de varias de sus figuras obligarán a recomenzar el trabajo. Habrá que ver si los jugadores que lleguen encajan en el sistema. Los clubes grandes uruguayos están sometidos desde hace años a un destino fatal: si fracasan en el torneo local, el plantel se desmantela; si tienen éxito, el plantel se desmantela.

Fuente: Ovaciondigital