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La incertidumbre de Pueblo Belén tras el posible cierre del semillero de ALUR

Los 40 trabajadores del semillero de Belén viven tiempos de duda. No saben si el año próximo, cuando empiece la zafra siguiente, van a volver a ese lugar.

Trabajadores del semillero de ALUR en Pueblo Belén. Foto: Sergio Senisa

La sensación de incertidumbre se confunde con expectativa en la cara de los cortadores de caña de azúcar, que trabajan en el semillero de la empresa estatal ALUR. Ubicada en una cuchilla cercana a Pueblo Belén, se sitúa a 88 kilómetros al norte de la ciudad de Salto y a 590 kilómetros de la capital del país. En ese campo, cercano al Lago de Salto Grande, se erige una importante plantación de cañas de azúcar que tienen como destino la planta de ALUR en Bella Unión, 40 kilómetros al norte de Belén. Allí se procesa y refina para convertirse en el azúcar limpia que llega a los supermercados de todo el país.

Pero los 40 trabajadores del semillero de Belén viven tiempos de duda. No saben si el año próximo, cuando empiece la zafra siguiente, van a volver a ese lugar. Las autoridades de Ancap comunicaron que ya no arrendarán ese predio porque el mismo “no es rentable”, y por el momento hay solamente algunas propuestas para definir el futuro de los trabajadores.

Por tal motivo, el intendente de Salto, Andrés Lima, mantuvo una reunión con el titular del ente petrolero, Alejandro Stipanicic. Juntos analizaron el asunto, y aunque aún no hay nada definido, “hay algunas soluciones arriba de la mesa, que no son las que plantean los trabajadores”, según manifestó Lima a El País.

El intendente relató que desde Ancap le plantean la posibilidad de que los 40 trabajadores sean absorbidos por la planta de Bella Unión y que, inclusive, desde el ente se hagan cargo del traslado de estos obreros. Pero también entienden que no es lo mejor para Belén. “Ellos necesitan permanecer en un lugar cerca de su casa porque además aquí vuelcan el fruto de su trabajo”, dijo Lima. Y agregó: “Es de las pocas fuentes laborales que tiene la localidad y la idea es buscar la manera de que no se pierdan”.

En ese mismo sentido se refirió el representante de los trabajadores del semillero de ALUR en Belén, Milton Rodríguez. Con la ropa chamuscada de la quema de caña y las manos cubiertas de hollín, Rodríguez mostró su preocupación por la inestabilidad laboral a la que se enfrentan de un momento a otro.

“A nosotros nos comunicaron que el semillero en el que estamos trabajando cerraría a fin de año. Esa situación nos deja totalmente a la intemperie porque nos quita la fuente laboral, de la que dependemos 40 personas, y atrás nuestro también hay almaceneros, panaderos, carniceros, gurises que van a la escuela. Todo esto en Belén”, expresó Rodríguez a El País. “Si nos sacan el trabajo lo único que van a ver es más pobreza y más problemas en el pueblo”, insistió.

La misma realidad surge en cada uno de estos trabajadores, que con la zafra de varios meses logran mantener a sus familias todo el año.

“Una de las propuestas es llevarnos para Bella Unión, pero si eso pasa lo único que van a hacer es matar al pueblo, porque no sé si todos los que estamos acá podemos irnos y dejar a nuestras familias. Y por otro lado, al no estar acá ya no vamos a gastar acá, entonces generaremos que haya menos movimiento económico en Belén del que ya hay, porque últimamente somos los que empujamos del carro para que la economía ande”, sostuvo el trabajador.

Rodríguez, que tiene hijos adolescentes, señala que la escasez de oportunidades que tiene el pueblo ya dice bastante, porque genera una migración importante de los jóvenes. Dice que situaciones como estas, en las que se plantea el cierre de una fuente laboral, transmiten una sensación frustrante que alimenta el ahogo de la situación que están atravesando.

Asamblea sindical.

El reclamo de los trabajadores se da en un contexto de pérdida de terreno del sector de la caña de azúcar en Salto. En la década de 1990, el gobierno que encabezaba Luis Alberto Lacalle Herrera cerró el establecimiento El Espinillar, que pertenecía a Ancap, y tanto Belén como Villa Constitución acusaron el impacto con un alto desempleo que se fue consolidando.

Ahora, el argumento de las autoridades para cerrar el semillero de ALUR en Belén es que ese predio “no es rentable”. La intención del ente petrolero es inminente. Los trabajadores, sin embargo, apuestan a que haya una solución que contemple mantenerlo como una “inversión social” que comprenda sus empleos y la fuente laboral arraigada en la localidad. “Que no se vea como costo sino como inversión”, dicen.

Cuando El País visitó el semillero de ALUR en Belén, el jueves 17, se estaba llevando a cabo una asamblea junto a representantes de la Federación Ancap (Fancap). Entre ellos estaba presente el presidente del sindicato, Gerardo Rodríguez, que había viajado desde Montevideo para interiorizarse del asunto.

Planta de Alcoholes del Uruguay (ALUR). Foto: alur.com.uy

Rodríguez dijo a El País que fue a Belén para “defender la fuente laboral de los trabajadores”. Consideró que “con el subsidio que han tenido los empresarios, les alcanza perfectamente para mantener ese semillero por muchos años”.

Por su parte, el representante de los cañeros, Milton Rodríguez, acotó: “Nosotros nunca tuvimos una actividad tan sindicalizada como esta. Nunca vinieron tantos sindicalistas, así que esperamos que sirva para mover nuestros reclamos al más alto nivel, porque sabemos que, si no, la situación va a ser más complicada. Sabemos que el intendente Lima y que alcalde (de Belén, Luis) Zuliani estuvieron haciendo reclamos y planteando la situación, pero que hasta ahora no hubo respuesta”.

“Vamos a escuchar a todos los que vengan a hablar con nosotros, pero queremos que haya una solución para la fuente laboral”, concluyó el delegado de los trabajadores de la caña de azúcar.

Tarea dura: “Hay que ser guapo”

Los cortadores de caña cumplen horarios rotativos. Algunos de ellos trabajan de noche arriba de los tractores y deben soportar muy bajas temperaturas a la intemperie. Es zafral, pero con un salario que oscila entre los 25 y 30 mil pesos por quincena. “El trabajo es muy duro” y “hay que ser guapo para arrimar el cuerpo a las brasas”, dijo a El País un veterano cortador.

Fuente: Elpaís