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La historia de Piquerez, el lateral campeón de América: de estudiar Química a ser amigo de Felipe Melo

Su amor por Peñarol, el cambio de puesto que impulsó su carrera y el sueño pendiente de jugar con su primo.

Felipe Melo y Joaquín Piquerez. Foto: Nicolás Pereyra.

Joaquín Piquerez (23 años) cumple a la perfección esa frase de que “el fútbol siempre da revancha”. Hace tan solo dos años tuvo que dejar Defensor Sporting, el club en el que se había formado, porque el entrenador de turno no lo tenía en cuenta. Recaló en River Plate y desde allí en más todo fue en ascenso, casi como una novela: el pase a Peñarol, la llegada a la selección y la transferencia a Palmeiras.

El sábado se consagró campeón de la Copa Libertadores tras vencer 2-1 a Flamengo en un Estadio Centenario que tuvo el mismo calor que un partido del Brasileirao. Fue titular, completó un buen partido y alzó el trofeo más importante del continente.

Atrás quedó el chico tímido, fanático del ajedrez y el ping-pong y que hasta hace poco iba a Facultad de Química, donde decidió hacer un parate para darle una oportunidad al fútbol.

Leandro Otormín (25), delantero de Cerro Largo y figura del Campeonato Uruguayo, es primo de Piquerez. No le sorprende su presente y recuerda sus inicios con Ovación. “Estamos juntos desde muy chicos. Siempre fue un poco tímido. Yo al ser un poco más grande no te digo que era el que mandaba, pero él me seguía a todas partes. Cuando éramos chicos con nuestras familias íbamos mucho a La Pasiva de General Flores que tenía unos juegos arriba. Cada vez que íbamos ahí sudábamos más que en un partido. Cada vez que salíamos a comer pedíamos ir ahí. Lo disfrutábamos un montón”, señala.

Joaquín Piquerez y Leandro Otormín. Foto: gentileza Leandro Otormín.

Otormín, como toda la familia, está feliz por el presente de Piquerez. “Siempre hablamos de ‘la gloria eterna’. Eso queda grabado en cada futbolista. Obviamente que le haya tocado a alguien de la familia me deja muy feliz. Esto del fútbol sabemos cómo es: son más las perdidas que las ganadas y la gloria se gana pocas veces. Se lo dije antes: esto queda grabado para siempre. Mañana van a hablar de este equipo y va a estar su nombre”.

Piquerez explotó futbolísticamente en dos años, pero Otormín aclara que “no fue por suerte ni casualidad”. “Se le dio todo muy rápido ahora, pero nosotros sabemos lo difícil que fue llegar hasta acá. Ahora queda disfrutar”, asegura.

Mientras tanto el sueño de jugar juntos, para ambos, sigue latente: “Es algo que tenemos pendiente. Hace poco él lo dijo en una entrevista. Cualquiera de los dos daríamos lo que sea por jugar juntos. Ojalá se dé en algún momento”.

Joaquín Piquerez con el trofeo de campeón. Foto: Nicolás Pereyra.

Eduardo Acevedo, que lo hizo debutar en Primera en 2017, lo recuerda como un chiquilín “introvertido, pero cariñoso y demostrativo”. Aún no lo llamó para felicitarlo porque quiere esperar unos días, pero tiene unas “ganas bárbaras” de hablar con él.

El DT repasa en su mente las primeras prácticas con Piquerez y señala que “no era lateral”. “Era volante o punta por izquierda. Yo veía que necesitaba espacio para desarrollar su fútbol entonces lo empezamos a trabajar de atrás hacia adelante”, añade.

Sobre el futuro, asegura: “Depende de él, porque puede jugar en cualquier mercado. Tiene potencia, velocidad, arranque, pegada, los centros son perfectos. Es completo”.

Joaquín Piquerez jugando con Defensor Sporting. Foto: archivo El País.

Cambio de puesto

Ya en River, Jorge Fossati comenzó a usarlo como carrilero en una línea de cinco. En Peñarol, Diego Forlán le planteó jugar como lateral porque tenía muchos opciones para el medio. Piquerez lo charló con su familia, su representante (Marco Vanzini) y le dio el visto bueno. Entendieron que era una buena posibilidad debido a que es un puesto donde no abundan los futbolistas.

Joaquín Piquerez con la camiseta de River Plate. Foto: Leonardo Mainé.

Amigo

Piquerez pegó buena onda de entrada en Palmeiras con Felipe Melo, excéntrico y polémico futbolista conocido tanto por sus condiciones en la cancha como por algunas provocaciones a sus rivales. Por pedido de su padre, el jugador le consiguió una camiseta del experiente volante brasileño.

El uruguayo generó una muy buena relación con el futbolista con pasado en Galatasaray, Juventus e Inter de Milán, entre varios equipos. Más de una vez publicaron imágenes en sus redes sociales compartiendo algunos momentos fuera de los entrenamientos y concentraciones. En la foto están almorzando junto a su compañero Benjamín Kuscevic.

Benjamín Kuscevic, Felipe Melo y Joaquín Piquerez. Foto: Instagram Benjamín Kuscevic.

Trayectoria

Jugó en Baby Fútbol en Stockolmo y Rincón de Carrasco. En AUFI defendió a River Plate y luego realizó las Divisiones Formativas en Defensor Sporting. En la Primera del Violeta, entre 2017 y 2019, jugó 26 partidos y ganó un título (Apertura 2017). Sin lugar en el plantel, fue al Darsenero donde disputó 21 encuentros en un año. Sus buenos rendimientos lo llevaron a Peñarol. No le pesó la camiseta. Jugó 37 duelos y se ganó la citación a la selección mayor y el pase a Palmeiras donde lleva 16 presencias.

Joaquín Piquerez con la camiseta de la selección. Foto: Nicolás Pereyra.

Carbonero

A Piquerez le corre por las venas sangre amarilla y negra. Aún antes de llegar a Peñarol, mientras defendía otros clubes, seguía alentando al equipo. Con su padre incluso llegó a viajar en la Copa Libertadores 2011 a Avellaneda y a la final con Santos.

Facundo Torres y Joaquín Piquerez. Foto: Estefanía Leal.

Fuente: Ovaciondigital