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La economía uruguaya en 2022: motor encendido, velocidad crucero y mejorar la ingeniería

Celulosa, commodities y consumo privado, las dinámicas en la base de la evolución económica.

Foto: Getty Images

Ciertas dinámicas virtuosas han liderado la recuperación. A partir de 2022 la economía uruguaya deberá performar con un motor más sofisticado, que dé impulso de crecimiento de largo plazo.

Los datos del tercer trimestre

El dato de cuentas nacionales dado a conocer la pasada semana ratifica lo adelantado en nuestra columna del pasado 29 de noviembre: citábamos indicadores de mayor frecuencia que la trimestral —que es la periodicidad con que se conocen los datos del PIB— que señalaban un buen comportamiento en el segundo semestre del año, tanto de la oferta como de la demanda.

En julio-septiembre, la oferta creció de forma importante y en casi todos los sectores de actividad. El conjunto de estos sectores se expandió 6,4% (ver gráfico 1) cuando se consideran los niveles de actividad a precios de productor. Esa cifra de 6,4% no es la que se informa habitualmente, ya que en general se hace mención al crecimiento del PIB, formado por ese crecimiento de 6,4% de los sectores de actividad y el crecimiento de 2,2% de un sector ficticio llamado “impuestos menos subvenciones” (ver primera columna del cuadro 1). Hagamos una digresión: este sector ficticio se crea para poder equiparar la medición del PIB que se realiza a partir de la oferta (sectores productivos) y que es medido a precios de productor (sin cargar los impuestos y subvenciones sobre los productos) con la medición del PIB que se realiza a partir de la demanda y que es medida a precios de comprador (en ese caso sí se incorporan impuestos y subvenciones).

Volviendo al cuadro 1, se destaca el crecimiento de 15,1% de la agrupación de sectores de “Comercio, Alojamiento, Suministro de comidas y bebidas”, a partir de una mayor dinámica en la compraventa de bienes (asociado a transacciones que comenzaron a relevarse de mejor manera con el cambio de año base y que permite amalgamar estos datos con los de balanza de pagos) y de restaurantes y hoteles. En este caso, es de valorar que el comunicado no menciona que este incremento se haya dado por un dinamismo del comercio minorista de bienes. Parecería que allí reside, aún, alguna dinámica débil.

La agrupación de sectores “Transporte, Almacenamiento, Información y Comunicaciones” creció 6,7% impulsada por el incremento de la actividad de los cuatro sectores. La Industria creció 5,2% impulsada por la industria frigorífica. El Sector Primario creció 5,0%, impulsado por la faena de vacunos, exportación de ganado en pie y algunos cultivos agrícolas. La Construcción creció a 3,1% impulsada por el proyecto UPM.

Esa oferta de los sectores se desplegó a partir de una demanda dinámica (ver cuadro 2) en sus principales usos: el consumo privado creció 2,0% mientras que la inversión en activo fijo se expandió a una tasa de 17,1%. La demanda externa, que es otro uso que se puede realizar de la producción de bienes y servicios uruguayos, creció 28,5%, a instancia de las exportaciones de bienes dado que el principal servicio exportado, el turismo, tendrá un impacto positivo en el cuarto trimestre del año y primer trimestre de 2022.

Para entender los núcleos de dinamismo de este proceso de los últimos trimestres, volvamos a usar un concepto que utilizamos habitualmente: la identidad contable (ver infografía 1) que iguala la oferta agregada (compuesta por el PIB de cada sector de actividad más las importaciones de bienes y servicios) a la demanda agregada (compuesta por las necesidades de consumo por parte de familias, empresas, Estado, la inversión, y la demanda de bienes y servicios uruguayos que se realiza desde el exterior).

A la luz de esta identidad, ¿qué dinámicas nos muestra el dato del tercer trimestre y el pasado reciente (ver columna correspondiente al crecimiento acumulado en los tres trimestres de 2021 en cuadro 1 y 2) del desarrollo de la economía uruguaya? Por un lado, la dinámica celulósica empareja la demanda de Inversión con un aumento de la oferta vía aumento de importaciones (maquinaria y equipos) y vía una mayor actividad del sector de la Construcción (planta de celulosa, terminal portuaria, obras viales, entre otros). Por otro lado, la dinámica de los commodities alimenticios empareja las exportaciones de estos bienes con un aumento de la oferta vía producción primaria (faena y cultivos) y con un aumento de la oferta vía producción industrial (frigoríficos). La dinámica del consumo privado parecería aun no despegar en cuanto a estimular el comercio minorista, y sí se empareja con el impulso de otras actividades vinculadas a servicios (restaurantes y hoteles) que en este segundo semestre de 2021 reciben un efecto rebote importante respecto a un año atrás.

La ingeniería: el motor que se necesita de 2022 en adelante

Como se repasó con los datos del tercer trimestre, y que se expanden a lo sucedido en los últimos trimestres, identificamos dinámicas que debemos evaluar que tan permanente o transitorias serán en el futuro próximo.

La dinámica celulósica señalada, dará paso a una futura dinámica “de una vez” que se dará a partir del crecimiento de la producción industrial de celulosa a partir de finales de 2022.

La dinámica de commodities, parecería tener una duración mayor, con productos uruguayos bien valorizados por una demanda externa sostenida, aunque siempre expuesta a los riesgos de demanda de los principales consumidores (China y Evergrande, Europa y la afección de la pandemia a su sector de restaurantes y hoteles que demandan nuestra carne) y también, siempre expuesta al riesgo climático.

La dinámica de comercio minorista y el resto de las actividades de bienes y servicios asociadas al consumo doméstico, tendrá un impulso tan favorable como turistas ingresen al país y tan favorable cuanto los incrementos de salarios comiencen a achicar la brecha de caída del salario real y comiencen a dar estabilidad a los ingresos y por tanto a ciertas decisiones de consumo por parte de los hogares. Esta reacción del mercado de trabajo avanza rezagada respecto a la actividad, no solo por la necesidad de que los empresarios verifiquen una “paz sanitaria” que reafirme la apertura de las actividades y, por tanto, la recuperación de la actividad, sino también ese rezago se puede explicar por cómo los empresarios traducen la demanda futura de su producción en necesidad de mayor planilla y/o mayor productividad y salarios.

De todas estas dinámicas, ninguna asegura, per se, un importante y sostenido crecimiento de largo plazo. Somos un país pequeño que necesita ampliar la demanda —externa— de productos que sabe hacer bien, de nuevos bienes y servicios (quizás con mayor conocimiento inserto en esa producción) que puedan ser objeto de otro tipo de demanda externa (sectores transables) y necesita una demanda interna que asegure la producción de los bienes y servicios (no transables) que demanda el mercado interno.

Para lo anterior, se necesita un motor con mejoras en su ingeniería, que lo performe eficiente desde el restablecimiento de equilibrios macroeconómicos que se están logrando (aún falta alcanzar una inflación baja, estable y predecible, que sería el mejor lubricante para el funcionamiento de ese motor) y que lo performe eficiente desde varias reformas pendientes a nivel educativo, de inserción exterior y de productividad.

(*) Consultoría económica de PWC

Fuente: Elpaís