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Julio Ribas: su inspiración para los nuevos entrenadores y la fuerza que tiene el Tornado Alonso

El papel del técnico de la Selección de Gibraltar en la formación de otros técnicos quedó nuevamente expuesto en los nombres que manejó la AUF para el cargo de DT de la Celeste.

Julio Ribas. Foto: archivo El País.

El desafío fue muy grande. Se fue a Gibraltar y logró con su enorme fe y convicción que esa Selección apareciera en la consideración mundial. Pudo hacerlo. Lo hizo amparado en un proyecto y sin pensar que lo iba a lograr todo tan rápido. Convenció a sus futbolistas como siempre supo hacerlo y, aunque no haya sido su propósito, puso los cimientos para nuevos entrenadores. Julio Ribas, de alguna manera, es el gran referente de Diego Alonso y Alexander Medina. El inspirador de una manera de vivir y sentir el fútbol.

-Dos de los tres entrenadores que estuvieron considerados para ser técnico de la Selección uruguaya tenían como base tu escuela como entrenador: obsesivos del trabajo, pasionales, estudiosos, ¿qué significa para vos eso?
-Eran tres, porque Juan Verzeri fue colaborador mío varios años.

-Me olvidé de ese hecho, todavía más, entonces, ¿qué representa que se hayan identificado con tu manera de trabajar?
-Es un orgullo muy grande. Por ejemplo, yo puse todo de mí para su crecimiento como jugadores, porque eran dos futbolistas de unos 20 años y realmente fue duro. Desde el primer momento, en Sud América, yo fui muy combativo en aspectos de lo que se refiere a las ideas futbolísticas y nunca me puse a explicarlo, porque no daba, el concepto de lo que significa ganar para un jugador y para un entrenador. Ese concepto así, tal vez sin clarificar, era opuesto a la mayoría de la gente porque se identificaba como ganar de cualquier manera o solo lo importante es ganar, pero yo desde el primero momento aún sin haber logrado los campeonatos que después se consiguieron entendía que ganar no es lo más importante, es lo único. Te diría que más importante que ganar es prepararse para ganar, pero esa es la vida de un jugador y de un entrenador. Por más que me quieran pintar otra situación vos en la vida futbolística cuando perdías te echaban, cuando como jugador perdías y no tenías un buen año no te renovaban el contrato y esa regla no la puse yo. Yo no fui el que dije eso, empecé como entrenador en el 94 y eso estaba impuesto desde antes, de toda la vida, simplemente que yo lo enfrenté. Es este el lugar, es esta la arena en la que me tengo que enfrentar, bueno voy a ir con todo, porque amo el fútbol, tengo pasión por el fútbol y no me voy a resignar a que mi destino lo manejen otras personas. Lógicamente que toda esa filosofía, porque es una filosofía, a veces la gente confunde mucho porque exige ganar y la diferencia conmigo es que yo no exijo ganar, enseño a ganar. Ser ganador es el aprendizaje, es una artesanía que se elabora día a día en tu vida y que es una elección de vida, de cómo ser, de cómo sentir ante todos los acontecimientos.

“A veces la gente confunde mucho porque exige ganar y la diferencia conmigo es que yo no exijo ganar, enseño a ganar”

-¿Ahí está tu legado?
-Yo diría, mejor, que esa es la inspiración que yo le he dado a los jugadores que he tenido. No es a ver de qué manera jugamos, si el fútbol es lindo, elegante, perfumado. Mi inspiración es ser cada día el mejor, en cada entrenamiento, en cada momento, fuera y dentro de la cancha, viví con pasión para el fútbol, soñá con ganar, que es lo más grande que hay en la vida. Cuando la gente dice ‘yo odio perder’, yo digo ‘amo ganar’.

-Que estas personas hayan estado siendo consideradas, ¿en alguna medida desmitifica aquella figura que en alguna medida se hizo ver que podía ser Ribas como DT?
-Que Alonso y Medina hayan sido los nombrados para dirigir a Uruguay en un momento dificilísimo para ir al Mundial, con cuatro partidos al todo o nada, no me desmitifica en nada porque lo mío ya está escrito. Un técnico que sale campeón invicto con Sud América y con 28 partidos de imbatibilidad, que haya tenido al goleador del campeonato con Mario Orta y después Josemir Lujambio y la defensa menos vencida; un técnico que después va enseguida para Bella Vista y es campeón de la B y de la A, que tiene al goleador del campeonato en Diego Alonso y la defensa menos vencida; un técnico que va para Peñarol y es campeón con el goleador del campeonato y una dupla con Pacheco-Pandiani y la defensa menos vencida; un técnico que después va para Liverpool y logra el récord de 30 partidos invicto, donde el goleador es Alexander Medina y la defensa menos vencida, no hay que desmitificar nada. Lo que pasa que de mí lo que se ha agarrado, y que también es muy fuerte, es la parte anecdótica, por la forma de conducir tan cercana y tan pasional. Pero ser campeón en cinco equipos en Uruguay, lograr once campeonatos invicto, más de 117 de partidos, no necesita otra cosa, porque son incontrastables. Ahora el reconocimiento es para ellos no para mí. Lo único que tengo es satisfacción y alegría porque la lucha mía de defenderlos en su crecimiento como jugadores y de formar su personalidad, sabiendo que mañana pueden ser entrenadores, es la alegría más grande, es un premio como lograr un campeonato. Porque fue muy duro.

“Cuando la gente dice ‘yo odio perder’, yo digo ‘amo ganar'”.

-¿Fue tan difícil?
-Comenzamos en Sud América y estaba Darío Rodríguez y Alejandro Martínez, el preparador físico que ahora está en Peñarol, cuando recién comenzaba a entrenar, y fuimos quintos en la Conmebol ganándole al vicecampeón argentino que era Gimnasia y Esgrima de La Plata y tuve que defender todo eso. Tuve que defender a los jugadores que sin cobrar durante un año y medio éramos tildado de anti-fútbol. Y mirá como fue creciendo la personalidad de Darío Rodríguez con 18 años viendo que nosotros trabajábamos a muerte, que no nos entregábamos, que no hablábamos mal de nadie y sin embargo todo el mundo nos calificaba de anti-fútbol y de que no íbamos a salir campeones de la B y lo hicimos, dijeron ahora van a perder en el Integración y salimos campeones, después anticiparon que íbamos a perder con Gimnasia y los eliminamos. Cuando los jugadores se tienen que fumar toda esa lucha y un entrenador los defiende, como los he defendido a todos mis jugadores, porque siempre he creído que un buen entrenador es aquel que defiende a sus jugadores y no es aquel por lo que dice o los resultados que logra o los proyectos que hace. El buen entrenador es aquel que defiende a sus jugadores, defiende lo que dice y defiende lo que hace y es aquel que defiende lo que logra. Mirá que a nosotros en Bella Vista nos acusaron de que teníamos una secta y que por eso ganaba y Bella Vista fue campeón invicto de la B y campeón invicto de la Liguilla ganándole una final a Peñarol. Lo mismo en Liverpool, todo el mundo hablando del anti-fútbol y tuvimos 30 partidos invictos y Medina fue goleador en la A y en la B. Ellos vivieron toda esa presión, la que recaía primero sobre mí.

-¿Al Cacique y al Tornado ya les veía condiciones para ser tus herederos futbolísticos?
-No herederos, porque sería mucho decir eso y no es lo que yo siento. Lo que siento es que inspiré a muchachos jóvenes a vivir una vida de deportista soñando con ganar. Te digo que Cacique y Tornado les puse yo de sobrenombre y claro que se veía algo más. Yo siempre fui muy respetuoso de la historia del fútbol uruguayo y los grandes capitanes siempre tuvieron una preponderancia muy grande en el fútbol, por algo recordamos al Mariscal Nasazzi, a Obdulio Varela, al Tito Goncalves, al Peta Ubiña y para mí el capitán siempre fue fundamental y cuando lo designe siempre fue por tener una visión mucho más larga que la de jugador. Mario Orta fue mi capitán en Sud América, el Tornado fue mi capitán en Bella Vista, el Cacique en Liverpool, en Peñarol ya era el capitán histórico era Bengoechea pero cuando no estuvo él era Pacheco. El liderazgo es fundamental y el liderazgo no puede ser compartido, es de una persona, que es el entrenador, pero el entrenador inteligente sabe que necesita líderes adentro de la cancha y que necesita algún líder afuera. El líder adentro de la cancha tiene que convocar y contagiar a todos los jugadores y para eso tenés que tener una visión táctica y estratégica que va más allá del jugador y eso lo cumplieron tanto Tornado y el Cacique. Resolvían dentro del campo muchas cosas, era una concentración continua y defensa de los principios y valores que los llevó a ellos a ser campeones y goleadores con 20 o 21 años, que los llevó a ellos a enfrentar los prejuicios futbolísticos.

Tornado y Cacique 

La historia de los sobrenombres

-¿Qué hizo que lo bautizaras como Tornado?
-En esa cercanía, en ese trato que teníamos, había charlas informales antes y después de los entrenamientos. Hablábamos de fútbol, contábamos historias, contando el pasado, reviviendo hechos memorables del fútbol uruguayo, de los equipos como Peñarol y Nacional, generando un pensamiento histórico y dejando en claro que había que tratar de emularlos, tratar de llegar, Entre esas charlas siempre para pedir cosas yo ponía sobrenombres, en ninguno de esos sobrenombres se hería al jugador, tenían como objetivo explicar lo que tenían que hacer dentro de la cancha. En el caso del Tornado porque o le explicaba ‘tenés que ser un tornado, tenés que se una ráfaga, tenés que hacer lo que más le duele a los defensores, que no es hacerle goles, es marcarlos a ellos. Tenés que correrlos, triturarlos y eso solo lo puede hacer un tornado’. Y le pregunté: ¿estás convencido que podés ser un tornado?’. Y nos reíamos. Así nació, porque las personas se mimetizan con las cosas que le decís, si le das para adelante te crees lo que no está escrito. Con Medina lo mismo, porque era medio huraño y después de pensar mucho, me dije tiene que ser un cacique. Cuando se lo dije, me pregunto: ¿Por qué?’. Le dije: ‘porque tenés las flechas del gol’. Te cuento una anécdota, un día cuando jugaba en el Cádiz llevaba unos cuantos partidos sin meter un gol y me llama por teléfono, yo no identifiqué el número. Me dice: ‘soy yo, el Cacique con flechas de goma’.
-¿Cómo convencías?
-Una cosa que le dije a Alonso para que veas que la traza que llevaba adentro lo preparaba para que luego fuese entrenador, cuando llegó el momento de la Liguilla con Bella Vista, para la mayoría que eran muy jóvenes era la primera vez que iban a jugar en el Centenario, el Tornado decía ‘qué divino, el estadio lleno’. Yo le dije: ‘el estadio lleno y contra vos’. ‘¿Por qué?’, me preguntó, ‘porque la gente tiene la intuición y no va a abuchear a los otros equipos, nos van a abuchear a nosotros, porque somos el enemigo y eso es así porque somos los que les podemos ganar. Para eso te tenés que preparar para adentro de la cancha con todos tus compañeros, en las charlas’. Entonces, te vas a acostumbrando a ser entrenador, como me pasó a mí con el profesor José Ricardo De León.

“Las personas se mimetizan con las cosas que le decís, si le das para adelante te crees lo que no está escrito”

-Si te pido que me recomienden a Diego Alonso, ¿qué me decís de sus cualidades como DT para la Selección?
-Que tiene personalidad, que si no lo doblan los poderes de dirigentes, periodistas o jugadores con nombre, que no lo creo, va a lograr lo que quiera y lo que pueda contagiarle a los jugadores. Esta situación de Uruguay es anómala y no es para decir que hay que jugar bonito, con muchas triangulaciones, pasajes por detrás, llegar con mucha gente, tener la pelota, mandar en el partido, mentira. Mentira. No tenés tiempo de trabajo. Soy técnico de Selección hace tres años y te lo dan en las ventanas internacionales, te los entregan los equipos y tenés que recuperarlos físicamente, mentalmente, emocionalmente para jugar en la super elite. Entonces, va a depender mucho del liderazgo, de la impronta y de lo que puedas hablarle al alma del jugador para que ese trabajo puedan hacerlo, porque son futbolistas de categoría, en un plazo corto de tiempo. Tiene todas las condiciones para hacerlo y lo único que tiene que tener cuidado de no dejarse doblar por ningún poder, tiene ser líder y el líder está en la soledad, el líder decide y se aleja de todo el mundo.

-¿Se tiene que aislar?
-Un líder tiene que ser eso, lo que no quiere decir que no te informes. Informarse es muy diferente a leer lo que opina de vos. Está bárbaro lo que opinen de vos y hay que respetarlo, pero tu historia la escribís vos. Si yo hubiera escuchado todo lo que decían de mí no hubiera salido campeón con cinco equipos diferentes en Uruguay. No escuchaba nada, ni en mi casa, porque yo tengo que estar en la soledad de las decisiones. Una decisión verdadera tenés que ser vos el que la tome. Va a tener un momento en el que la soledad te atrapa y vos sos responsable de todos los sueños, de los objetivos, de lo que desea todo un país. Cuando es sueño ajeno todos opinan, hoy cuando la coyuntura te dice que todo el mundo tiene que estar unido para clasificar al mundial y para clasificar no hay otra oportunidad que ganar los cuatro partidos todos pensamos lo mismo. ¿Importa ahora jugar lindo o precioso? ¿Qué se quiere? ¿Ir al Mundial? Y para ir al Mundial, ¿qué hay que hacer? Ganar. Eso es lo que sentíamos nosotros cuando estábamos en Sud América o en Bella Vista y teníamos a todo el mundo en contra. Qué significa, que Alonso está preparado. Está preparado para todo eso. Ahora va a tener que manejar él lo más importante de todo esto, es básico, pero que significa ser un líder que le llegue al jugador. Y también está preparado. Después los resultados van a depender de muchas cosas, pero está preparado como también lo estaba el Cacique Medina, como está preparado Darío Rodríguez. La injusticia de la soledad ya la vivieron a los 20 años. ¿Qué problema es ahora? ¿Qué misterio hay? Ahora todos queremos lo mismo, porque queremos ir al Mundial y lo que importa es ganar. Después cuando terminen los cuatro partidos podrán hablar de si tenemos que jugar más lindo o que venga aquel, no sé, pero ahora, vos y 3.500.000 de personas quieren ganar. Es la única cultura y no la pusimos nosotros.

Fuente: Ovaciondigital