Fm Ideal 100% Online Javier Carrau: “El sector vitivinícola está sufriendo, desde el productor hasta la bodega” – Fm Ideal 90.1

Javier Carrau: “El sector vitivinícola está sufriendo, desde el productor hasta la bodega”

El director de Bodegas Carrau repasó la historia de la empresa familiar, que ya va por su décima generación, así como sobre los desafíos para crecer y continuar abriendo mercados en el mundo

Javier Carrau en Bodegas Carrau. Foto: Leonardo Mainé.

La historia de Bodegas Carrau se remonta a 1752, cuando un antepasado español de los actuales dueños adquiere una primera viña. En Uruguay, la familia se instaló en 1930 y hoy en día son 10 las generaciones que han trabajado en esos viñedos y bodegas. Al frente está el ingeniero agrónomo Javier Carrau (montevideano, 70 años, casado, tres hijos), quien ha apuntalado el negocio por décadas y contribuyó al desarrollo de la vitivinicultura nacional. Carrau cuenta esa evolución y sobre los problemas del sector en un país como Uruguay, donde se consume mucho vino extranjero y se compite con players internacionales que han aparecido haciendo grandes inversiones en marketing.

¿Cómo fueron los orígenes de su bodega, de larga tradición familiar, y sus comienzos en el negocio?

La familia llegó del pueblito Vilassar de Mar de Barcelona. Allí nacieron mi abuelo, Juan Carrau Sust, y mi padre, Juan Francisco Carrau Pujol. Mi abuelo estaba al frente de sus bodegas en España y decidió venir a Uruguay con su señora e hijos en 1930. Comienza una bodega acá, la Bodega Santa Rosa, con la sociedad Passadore, Carrau y Mutio. En 10 años, la bodega se multiplicó por 25, por producir en el país muchos de los productos que solamente se importaban. Pasó a ser la bodega número uno del Uruguay. Luego, mi padre estuvo 32 años al frente de Santa Rosa y se le ocurrió desarrollar un proyecto para vinos finos embotellados, en una época en la que el vino se comercializaba en damajuanas. Surge así el proyecto de Bodegas Carrau, con el desafío de exportar vinos uruguayos, vinos finos. En 1975, cuando yo estaba terminando mis estudios en la Facultad de Agronomía, entré en la empresa para desarrollar los viñedos de ese proyecto. El hecho de traer las plantas certificadas fue un salto muy importante.

¿Quiénes son los dueños de la empresa actualmente?

Tengo ocho hermanos, pero en la sociedad quedamos solo dos: Ignacio y yo, él se dedica al área comercial. También está mi hijo. Somos tres directores. Mi padre falleció en 1984 y ya ahí algunos hermanos decidieron salir de la empresa. Luego falleció nuestra madre y por herencia cinco hermanos quedamos con la firma. Hubo un segundo fraccionamiento cuando hace cuatro años, algunos hermanos pidieron buscar una salida y, dado que la empresa tenía dos bodegas y dos viñedos, se logró una participación, quedándose ellos con un viñedo y una bodega en la frontera, en el departamento de Rivera. Son las Bodegas Cerro Chapeu; no son Bodegas Carrau.

¿Usted tomó este rumbo por tradición o influencia familiar?

A mí siempre me gustó mucho el campo y nacimos dentro de los viñedos. En realidad, mi padre no me impulsó a nada, me dejó hacer. Soy la novena generación trabajando en el sector, mi hijo es la décima. En el mundo hay pocas empresas con tantas generaciones trabajando. Muchas veces en el sector uno ve empresas con larga tradición, pero los que están ya no son de la misma familia, fueron comprados por alguna multinacional, que utiliza la tradición de la familia.

¿Cómo está formada la empresa?

Las Violetas es el viñedo de 60 hectáreas al sur de Canelones. El 95% de la uva que se elabora es propia, lo cual nos da una ventaja, porque definimos más los momentos de cosecha y los cuidados y labores culturales del viñedo, a diferencia de si la uva es comprada. Y tenemos la bodega en Colón. Contamos además con un desarrollo de enoturismo. Fuimos los primeros en atraer el turismo a las bodegas. Participamos del grupo Los Caminos del Vino.

¿Se refiere a la bodega que compraron a Varsi en 1975?

Sí, muchos turistas vienen del sur de Brasil y les gusta visitar una bodega histórica, como es esta de 1887, fundada por uno de los pioneros de la vinicultura uruguaya, que era de origen italiano, Pablo Varsi.

Javier Carrau en Bodegas Carrau. Foto: Leonardo Mainé.

¿Cuántas personas trabajan en la empresa?

En la parte de viñedos, cinco personas todo el año, y hay zafrales, que son unas 20 o 25 personas. Hacemos desde el viñedo, la producción de la uva; luego la elaboración y la crianza del vino, ahí son unas 17 personas. Contando producción, administración y ventas, somos 22, sin contar zafrales. Hay gente que ha trabajado muchos años con nosotros y ahora están sus hijos.

¿Qué destaca de su gestión?

Asumí el tema de las bodegas. Pasamos varios años organizándonos para salir al mundo más efectivamente. En los 80 ya estábamos exportando vinos, cuando en Uruguay todavía nadie lo hacía. Me tocó salir con las botellitas en el maletín para presentar a Uruguay y, en segunda instancia, a Bodegas Carrau. Viajaba con un mapa de nuestro país, donde mostraba que la latitud de Uruguay estaba a la altura de Mendoza, Santiago de Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia. Ese era el primer paso, convencerlos de que no estábamos en un país tropical con palmeras y bananos, sino que teníamos cuatro estaciones bien determinadas, que la viña se desarrollaba muy bien. Así llegamos a mercados internacionales bien lejanos, como Europa, Escandinavia, Canadá, EE.UU. Es decir, mercados en los que Uruguay nunca había estado y fueron abiertos por Bodegas Carrau. También fuimos los primeros que salimos al mundo con el Tannat. En Londres, en 1991, el primer vino uruguayo vendido fue un Tannat de Juan Carrau. Así se abrieron las puertas para otras bodegas uruguayas. Otro momento fue en 1998, cuando comenzamos la producción de nuestro Tannat top, que es el Amat. Es un Tannat 100% con crianza en barricas nuevas, muy reconocido acá y en el exterior. En 1997 y 1998, le vendimos al monopolio noruego 12.000 botellas al mes.

¿Cuál es la producción anual de la empresa?

Unos 300.000 litros al año. No es mucho, lo que pasa es que no hacemos vinos de mesa como el litro de tetrabrik o envases de 2 o 5 litros. Nuestro interés no es ir a supermercados grandes, sino a restaurantes, hoteles y tiendas.

REGULACIÓN

«Las restricciones legales de cero alcohol son un error»

¿Cómo ha sido la evolución del consumo de vino?
En sus buenas épocas en Uruguay, se llegó a los 30 litros per cápita al año, y ahora está en 20 y poco. En el sector de la construcción, por ejemplo, la gente iba con la botella a buscar un litro de vino al almacén para tomarlo en el almuerzo. Eso después se prohibió en la construcción por un tema de seguridad. El consumo de vino de mesa también disminuyó por las restricciones legales que se imponen, como el caso de cero alcohol a los conductores, que para mí es un error, como lo hemos planteado a nivel de las comisiones del Senado y de Diputados. En otros países se acepta 3,5 y hasta 8 gramos por litro en sangre y no hay más accidentes por eso. Los accidentes suceden por defectos en las rutas, problemas viales, mala señalización, no todos son problemas de alcohol. Aclaremos también que el consumo de vino de mesa bajó sensiblemente en el país, pero el que subió es el consumo de vino de calidad. Pero la desventaja para los productores nacionales es que el vino de calidad tiene la competencia del importado.

¿Cuánto exportan hoy en día?

Producimos para el mercado local un 60% y para exportar el 40% a muchos países. Queremos llegar al 50%-50%. El principal mercado de exportación siempre ha sido Brasil.

¿Cuáles son sus vinos más vendidos?

Las cepas nobles, donde hay variedades; partimos con variedades blancas como Chardonnay y Sauvignon Blanc. Luego el rosado, uno de Tannat y uno de Cabernet Sauvignon; y en tintos, Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, que se venden bien. En las variedades de reserva, son diferenciales el Chardonnay de Reserva y el Sauvignon, que es criado sobre las borras; a pesar de que no es en barricas, tiene una complejidad y un costo mayor para producirlo, por eso está en la línea de reserva. También están las grandes reservas.

Javier Carrau en Bodegas Carrau. Foto: Leonardo Mainé.

¿Cómo los impactó la pandemia?

El turismo en las bodegas pasó a cero, las fronteras estaban cerradas, tampoco compraban en el free shop de Carrasco, que siempre vendía muchísimo, los restaurantes estaban cerrados. La gente se quedaba en casa y comenzaron a consumir vino al juntarse con algún amigo cercano. Las ventas bajaron entre 10% y 15%. Ahora están subiendo nuevamente.

Tengo entendido que entre 40% y 50% del vino que se consume en Uruguay es importado, ¿por qué sucede eso?

El uruguayo siempre miró lo importado como algo superior, pero los vinos uruguayos son tan buenos como los chilenos o argentinos, o mejores. En realidad, todo depende, porque dentro de los países hay diferentes calidades. En vinos blancos estoy convencido que Uruguay produce mejores vinos que los chilenos y los argentinos. El problema es que a veces hay engaños al consumidor que no hemos podido solucionar. Por ejemplo, hay vinos chilenos que le ponen en la etiqueta «reservados» y el consumidor uruguayo piensa que es un vino de reserva, que reservado es lo mismo que reserva. Pero los reservados son los vinos más baratos que hay de Chile. Tendría que haber una ley que los obligue a etiquetar distinto, como hacen otros países.

¿Cuáles son los próximos planes de la empresa?

Tenemos que seguir en el rumbo marcado inicialmente, es decir, afirmarnos en mercados donde estamos desde hace más de 20 años, con una presencia permanente, e ir creciendo en esos mercados.

¿En Uruguay también?

Crecer en Uruguay no es fácil; ahora hay jugadores que llegaron del exterior, con inversiones que no son del mercado vitivinícola y están haciendo mucho marketing. Para equipararlos, tendríamos que hacer las mismas promociones que ellos hacen, pero nuestra familia vive de las bodegas, ellos no.

¿Han pensado en integrarse a otra empresa, o en vender?

No, pero este es un país de poco más de 3 millones de habitantes, de los cuales el 50% de las botellas lo venden los argentinos y los chilenos. Ya lo preveían nuestros padres al decirnos que el vino que produjéramos tenía que ser competitivo y de calidad en el mundo entero. Lo que veo más doloroso es que el sector vitivinícola está sufriendo, desde los productores hasta las bodegas. Es decir, las bodegas eran 100% familiares y ahora ya no lo son.

Fuente: Elpaís