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Expertos evalúan «cruce» de vacunas y tercera dosis de Sinovac

Los inmunólogos sostienen que “eventualmente podría ser una posibilidad”

Conferencia de prensa de Alvaro Galiana, director del Hospital Pereira Rossell, este jueves. Foto: Francisco Flores

A partir de mañana el Ministerio de Salud Pública (MSP) comenzará a distribuir las 48.000 vacunas de AstraZeneca que fueron adquiridas por el gobierno a través del Fondo Covax de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Se trata de una vacuna que ha dado que hablar por los casos aislados de trombosis que ha generado en el mundo, pero también porque las dosis que están en el país vencen en junio. Esto implica un problema, ya que no se podrá guardar -como se hace con Pfizer y Sinovac- una segunda dosis para quienes se inoculen.

Uruguay tiene previsto recibir, también a través de Covax, otras 100.000 vacunas de AstraZeneca, pero no se sabe cuándo es que esto va a ocurrir. La pregunta entonces es: ¿qué inmunidad se consigue con una sola dosis y cuáles son los posibles escenarios si no llegan más vacunas a tiempo?

¿Inmunizados?

La vacuna de Oxford y AstraZeneca prevé un plazo de 90 días entre una dosis y otra. Se trata de una vacuna de vector viral que asegura una inmunidad del 64% con una dosis y de un 70,4% con las dos.

Según la inmunóloga integrante de la Comisión Nacional Asesora de Vacunación, María Moreno, con la segunda no necesariamente “aumenta la eficacia”, sino que se incrementa “la duración de la inmunidad”.

En el día de ayer El País informó que el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, estima que las siguientes dosis de AstraZeneca llegarán dentro de un corto plazo, a tiempo para darles la segunda vacuna a quienes reciban la primera, pero lo cierto es que no hay una fecha concreta. Por lo tanto, es necesario preguntarse qué sucedería si no llegaran. Y los escenarios posibles son tres.

El primero implica dejar a las personas que reciban AstraZeneca con una sola dosis. El segundo, es que se espere a que lleguen las otras vacunas de Covax y que, aunque no vengan a tiempo, se inocule a estas personas. Y el tercero es que se lleve adelante un “cruce”. Es decir, que una persona pueda recibir dosis de laboratorios distintos.

En cuanto a la primera posibilidad, Moreno dice que es válido hacer una “analogía” con la vacuna de Johnson & Johnson, que “también funciona a partir de un vector viral y requiere una única dosis”. En este sentido, la experta asegura que “con una dosis hay protección suficiente durante un buen tiempo” y que “no le preocuparía” que esas personas solamente tuvieran una.

El segundo escenario, que implica esperar por la entrega de las 100.800 dosis restantes aunque no lleguen en 90 días, también podría ser viable sin que se generaran dificultades. Según el inmunólogo Álvaro Díaz, el ensayo clínico de esta vacuna muestra “una tendencia clara sobre cómo la eficacia aumenta con el paso de los días, después de la primera dosis”, por lo tanto, subraya, “si hay que dejar a la gente tres o cuatro meses con una sola dosis de AstraZeneca no se los está condenando a muerte ni mucho menos”.

En cuanto al tercer planteo, el del “cruce” de vacunas, la integrante de la Comisión Nacional Asesora de Vacunación, Moreno, asegura que “eventualmente podría ser una posibilidad” intercalar dosis de Pfizer con AstraZeneca o Sinovac.

De hecho, en Reino Unido se está llevando a cabo un ensayo clínico sobre el “cruce” entre Pfizer, Moderna y AstraZeneca, algo que “puede arrojar datos interesantes dentro de unos pocos días o meses para tomar una decisión sobre qué sería lo más correcto de hacer” en Uruguay, explica Moreno.

“Desde el punto de vista teórico eso es algo que debe funcionar, no hay ninguna razón para pensar que no funcione”, sostiene Díaz. Sin embargo, dice que “una cosa es que esto sea conceptualmente correcto” y otra es que haya “un ensayo clínico concreto que lo avale”. Por eso no cree “que las autoridades sanitarias se metan con eso ahora”.

Todos los inmunólogos consultados hablan de una eventual “revacunación”, lo dan como un hecho y, en ese contexto, saben que el “cruce” de vacunas también podría ocurrir porque no está claro si más adelante Uruguay va a tener dosis de los mismos laboratorios que le venden ahora.

Sinovac

La apuesta de las autoridades sanitarias sigue siendo mejorar el ritmo de vacunación. Pero, poco a poco, empiezan las interrogantes sobre un futuro “cercano”: ¿habrá que administrar una tercera dosis de la vacuna de Sinovac?

Según Díaz “es muy lógico plantear una tercera dosis” para “llegar a la inmunidad de rebaño” y volver a lo que ocurría antes de la pandemia.

Moreno sostiene que “por ahora en Uruguay no hay proyecto” para efectivizar una tercera dosis de Sinovac, pero que el equipo con que trabaja “está abierto a evaluarlo, especialmente pensando en los pacientes inmunodeprimidos”.

“Como (Sinovac) es poco inmunogénica, en las personas inmunodeprimidas quizá sea más recomendada una tercera dosis”, explica. Eso no sería necesario, a priori, en los jóvenes sanos.

Un bebé en CTI

Un bebé de un mes y unos días está internado en el CTI del hospital pediátrico Pereira Rossell por una infección agravada del COVID-19. Nació prematuro y con bajo peso, hijo de una madre que era positiva del virus. Sin embargo, el primer test del bebé dio negativo y todo indica que contrajo la infección en su casa (donde habitan otros positivos). Es el primer niño en Uruguay que tuvo que recibir ventilación mecánica en su ingreso por COVID-19 a un CTI. Hubo otros dos internados críticos, pero sin respiración invasiva.

La confianza en AstraZeneca

La vacuna contra el COVID-19 de AstraZeneca ha sido muy cuestionada por la vinculación a casos de trombosis en mujeres menores de 55 años. Por este motivo, se dejó de aplicar en muchos países de la Unión Europea y aunque en Uruguay no se prohibió, sí se decidió administrarla únicamente a personas mayores de 60 años para evitar eventuales riesgos.

La Universidad de Cambridge publicó los resultados de un estudio que compara los pequeños riesgos de AstraZeneca con respecto a las amenazas de contraer el nuevo virus.

Lo que dicen los datos es que incluso con una incidencia baja, vacunarse sigue siendo una mejor opción que no hacerlo.

Los riesgos de desarrollar trombos a partir de recibir la vacuna son mayores en la población comprendida entre los 20 y 29 años, que de todas maneras es un número bajo: dos en cada 100 mil habitantes.

Según la integrante de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas, Susana Cabrera, la confianza en la vacuna “debe ser absoluta”, sobre todo si se toma la precaución de que la reciban personas mayores de 60 años.

Fuente: Elpaís