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El “olor a muerto” que atormenta a varios de los que pasaron el covid-19

Dentro de las secuelas que deja el coronavirus, los otorrinos observan una suba de la parosmia (distorsión del olfato).

Algunas fragancias intensas, como la cebolla, el ajo, los perfumes o el café huelen como a un animal en descomposición. Foto: Canva

Cuando la maestra Ana (45) abrió la heladera, sintió un olor nauseabundo que le obligó cerrar la puerta de inmediato. Era un hedor putrefacto, como de bicho muerto. Respiró profundo, contuvo el aire por unos segundos, y la abrió nuevamente para chequear si no había un alimento en descomposición. No encontró nada.

Pocas horas después fue a lavar la ropa. Pero del jabón en polvo emergía el mismo olor rancio. Corrió a toda prisa a llamar a su esposo y sus hijas, quienes, tras reírse, le explicaron que no existía el fétido olor.

No se dio por vencida. Entró a Internet y buscó las palabras “distorsión olfativa”. Google le devolvió al menos 15 artículos que referían a la parosmia luego de transitar covid-19, una alteración del olfato que consiste en la sustitución de algunos aromas, que algunos asocian a goma quemada y otros al “olor de los muertos”.

A la maestra Ana le empezó a cerrar todo: ella había padecido covid-19 en setiembre. En ese momento tuvo cierta pérdida del olfato, y luego lo fue recuperando. En diciembre iniciaron los olores espantosos: a la cebolla, al ajo, al champú (se baña con un palillo apretándole las narinas), a los cítricos, a las bananas y hasta a la carne (la fiesta de fin de año la pasó encerrada en su auto porque la familia había hecho un asado y ella no aguantó el aroma). La descripción le calzaba justito con la narrada en uno de esos 15 artículos que le devolvió el buscador de Internet, una nota del periódico estadounidense New York Times. Dentro de la pieza periodística figuraba el enlace a un grupo de Facebook integrado por unos 46.000 usuarios de todo el mundo que dicen estar transitando esa secuela. Incluso encontró a algún uruguayo.

La otorrinolaringóloga Carina Almirón ya conocía sobre esta distorsión previa al covid-19. “Hay muchas causas que pueden desencadenar una parosmia: infecciones, sobre todo de virus respiratorios, algunos tumores, traumatismos de cráneo e incluso enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson”, cuenta la especialista en olfato. Pero si algo causó la pandemia es un aumento “muy significativo” en la frecuencia de la aparición de esta secuela: “Antes atendíamos, con suerte, un caso por año. Ahora, en 2021, solo en mi clínica atendí a más de 40 pacientes”.

Poco a poco los médicos van conociendo esta secuela. Pero muchos descreen de los relatos de sus pacientes. En el grupo de Facebook, al que ingresó la maestra Ana, figuran cientos de historias de personas a las que su médico les dio pase al psiquiatra pensando que se trataba de una alucinación.

Lilí Aldaya -de 49 años y funcionaria en la biblioteca municipal de Cardona- se infectó de covid-19 en la semana de Turismo. Estuvo sin olfato casi un mes y recién entonces empezó a recuperar la capacidad olfativa, pero con los olores distorsionados. “¡Le sentía olor a muerto hasta al mate! ¡Era un olor tan intenso que no había manera de tolerar, me daba arcadas!”. Recién ahora, casi nueve meses después, le dieron pase a un otorrino.

El padecimiento de la parosmia trastoca la cotidianeidad. Tanto que en los grupos de pacientes “hay algunos que se quieren suicidar”, dice Lilí, quien la semana pasada abandonó las redes sociales porque “la negatividad de los comentarios” le “estaban haciendo mal”.

Una paciente de Almirón bajó 12 kilos en las primeras semanas de parosmia. “Otros cuentan que no pueden permanecer con sus familias en la misma mesa”, dijo la especialista. Pero detrás de esta secuela que huele tan mal, hay una ráfaga de esperanza: “En medicina nada es 100%, pero se curan la mayoría de los que siguen un tratamiento”.

Circuitos

El virus lesiona a las células que nutren a los receptores olfatorios de las mucosas. Esos se conectan a su vez con el bulbo olfatorio, desde donde parte la información a los centros del cerebro. Como si fuera un gran cableado.

Según un estudio que apoyó el Ministerio de Salud Pública, durante la ola de p1 en Uruguay, el 62% de los pacientes con covid-19 presentó algún tipo de alteración del gusto u olfato. Casi la mitad de ellos recuperó el sentido olfativo mientras transitaba la propia infección, pero un 12% demoró más de tres semanas en conseguirlo.

“Esta lesión ocurre cuando la persona transita la infección”, explica Almirón. Pero al recuperarse del covid, el sistema olfatorio quiere volver a la normalidad. En ese intento de reconexión de los circuitos sensoriales pueden ocurrir alteraciones, la más común es la parosmia.

Desde la semana pasada, Lilí cambió el “olor a muerto” por las flores. Ahora hasta la comida sabe y huele a perfume. Incluso en la biblioteca en la que trabaja, cada vez que llega alguien recién bañado tiene que abrir las ventanas porque no soporta la concentración del aroma.

Poscovid

La parosmia no es la única secuela que deja el covid, muchas personas ven alteradas las rutinas luego de padecer la infección. Isabel Fernández, la infectóloga que integra el equipo de atención a pacientes poscovid en Cosem, explica que “tras la ola de mayo” hubo varios recuperados que sentían “un cansancio inexplicable”. Muchos de ellos eran jóvenes con buena valoración pulmonar y cardíaca, pero se fatigaban.

Para esos casos, cuenta, “lo que más está funcionando es ir mejorando el ejercicio físico de manera gradual, al tiempo que es necesario reorganizar la jornada, dejando intervalos de descanso de 15 o 20 minutos”.

Distintas son las secuelas respiratorias, más frecuentes entre quienes estuvieron internados. En esos casos, explica Martín Yandián, coordinador de las policlínicas de atención poscovid de la Médica Uruguaya, “suele haber una lesión pulmonar”. Hay veces que se trata de una herida persistente, como la fibrosis, o bien secuelas de menor entidad que requieren medicación y fisioterapia respiratoria.

Con la variante ómicron, insisten Fernández y Yandián, “hay poca evidencia y las secuelas, de existir, recién se verán en unas semanas”. El hecho de que sean menos internados “es una buena señal”, dijeron.

Los posibles tratamientos

Gimnasia olfatoria

Los olores suelen evocar recuerdos. Tanto es así que es frecuente que el aroma de un plato de comida traiga a la memoria la casa de la abuela o el pasto mojado a un paseo de verano. Ocurre que, según distintos estudios científicos, el hipocampo, la sede de la memoria en el cerebro, guarda una conexión con las áreas olfativas. Es por eso que uno de los tratamientos para la parosmia es reentrenar el olfato. Se suelen usar aromas distintivos y naturales -como el café, el clavo de olor, el jazmín, el limón- y la persona tiene que olerlo determinadas veces al día, durante unos minutos, al tiempo que se concentra en recordar ese aroma característico. Eso mismo se acompaña a veces con imágenes para que ayuden aún más el recuerdo.

Consumo de minerales

Los tratamientos farmacológicos contra la parosmia tienen resultados heterogéneos según los distintos estudios científicos. Algunos minerales como el zinc o el magnesio han demostrado cierta mejora para algunos pacientes, aunque el éxito en el tratamiento no es tan contundente como la gimnasia olfatoria. Algo similar pasa con los suplementos vitamínicos o con los neuroregeneradores que a veces recetan los neurólogos.

La consulta con expertos del olfato en Uruguay no está dentro de la canasta de prestaciones sanitarias que deben brindar mutualistas. Pero los internistas recomiendan, previo a cualquier tratamiento, un chequeo en profundidad para descartar otras causas que podrían haber desencadenado la secuela. Eso incluye tomografías y otros estudios.

No suele recomendarse el uso sostenido de fuelles nasales o descongestivos.

Fuente: Elpaís