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El misterio de la iglesia inconclusa de Francisco Piria

La tradición oral se vuelca hacia cuestiones místicas; la historia no da ningún motivo en concreto

Iglesia de Piria. Foto: Ricardo Figueredo

Quienes visitaron alguna vez Piriápolis y transitaron la ruta 37 hacia la ciudad de Pan de Azúcar, habrán visto a pocos kilómetros de la costa –antes de la entrada a la reserva del Cerro Pan de Azúcar y del Castillo de Piria– una construcción llamativa que a la vista parece ser una iglesia o catedral.
Se trata de la Iglesia de Piria, un edificio que nunca llegó a oficiar como tal.

Es una construcción que se levantó en lo que sería el centro del Pueblo Obrero, el “Piriápolis de todo el año”, donde vivía la gente que trabajaba en las canteras, viñedos y estancia de Francisco Piria, el empresario uruguayo, alquimista, que creó Piriápolis.

El inicio de la historia.

La primera vez que Piria mencionó a la iglesia en uno de sus folletos promocionales del balneario fue en 1914 e identificó como su constructor al arquitecto Alfredo Jones Brown que ya le había hecho el Hotel Piriápolis (actual colonia escolar) y el chalet Les Mouettes (perteneciente a su hijo Lorenzo Piria).

Pablo Reborido –profesor de matemáticas, investigador, representante del municipio de Piriápolis en la Comisión de Patrimonio de Maldonado y secretario de ACUPP, la Asociación Civil Uruguaya para la protección del patrimonio de Piriápolis– explicó que en base a la investigación histórica de documentos y publicaciones, se sabe que Francisco Piria era católico. De hecho, en 1898 fue, junto con su hija, padrino de la capilla de las Hermanas Capuchinas en Nuevo París.

El nexo con la religión existía y Piriápolis tiene un montón de elementos religiosos: la virgen de San Antonio, el Cerro del Cristo, una imagen de San Pedro, la Capilla San Francisco (en la calle Sanabria) donada por él en 1924, y más.

“Para entender lo que pasó habría que meterse un poco en la cabeza de Piria porque él hacía todo a lo grande”, enfatizó Reborido.

Piria tenía fábrica de ladrillos y de baldosas; muchos de los materiales que usaba para sus obras y también para comercializar, provenían de sus canteras. No se sabe exactamente cuántos obreros trabajaron en ella pero si hay una lista de los que se empleaban en todo el establecimiento y el número ascendía entre las 900 y 1.200 personas.

En 1935, en el marco de la sucesión de Piria, se hace un inventario judicial y se describe la iglesia –ubicada en plano general 77, manzana 226– de la siguiente manera: “Construcción de material, techos de chapas de amianto, techo en mal estado, sin piso y sin carpintería”.

Piria mencionó en 1912 que construiría el Gran Hotel, que hoy conocemos como Argentino Hotel, pero en 1914 se trancó todo por el faltante de algunos materiales consecuencia de la Primera Guerra Mundial. En ese mismo período se entiende que se detuvo la construcción de la iglesia, aunque no se cree que haya sido por los mismos motivos.

Iglesia de Piria. Foto: Ricardo Figueredo

Cancelación del proyecto.

En relación a la construcción de este particular edificio hay muchas versiones populares que sostienen que detrás del abandono hay cuestiones místicas o esotéricas. La tradición oral dice, entre otras cosas, que la edificación está orientada hacia el este, de cara a la salida del sol, una característica típica de los templos masónicos; que la ornamentación tiene una clara simbología masónica y alquímica; y que la Iglesia Católica se negó a recibir su donación por considerarla indigna. A fuerza de verdad de la investigación histórica, ninguna de estas afirmaciones está respaldada por documento alguno.

“Si se mira el delineado de Piriápolis, la iglesia está paralela a la Avenida Artigas y esta está directamente perpendicular a la rambla. No hay una orientación deliberada, sigue la línea de la calle, sin nada particular”, aclaró Reborido para El País.

Por otra parte, la Gran Logia de la Masonería del Uruguay niega que allí haya elementos masónicos; la única construcción de la zona que los tiene es el Castillo de Piria. Los mismos no necesariamente se encuentran en formas sino en números como la cantidad de columnas o ventanas.

En cuanto a símbolos católicos, el padre José Luis Elizaga hizo hace muchos años una recorrida por el lugar y solo vio elementos normales: el espacio para colocar el altar, el rosetón muy común en catedrales, entre otros.

Reborido expuso que, técnicamente, la de Piria nunca fue una iglesia porque no llegó a tener servicios religiosos. “Como la iglesia no llegó a inaugurarse, no hubo ninguna ceremonia ni nada; la iglesia es, en realidad, una construcción inconclusa. No hay documentos que expliquen porque se detuvo la construcción. Hay muchas publicaciones de Piria criticando las trabas que le ponía el gobierno a algunos de sus proyectos pero con respecto a la iglesia nunca dice nada”, sentenció.

Y añadió: “En mi opinión, Piria no tuvo el aval de la Iglesia para seguir adelante. Cuando alguien quiere donar una capilla son los arquitectos de la Iglesia quienes dirigen la obra. No es que se haga la iglesia y se done. Para mí ahí vino el choque. Piria quería hacer el edificio y donarlo y la curia le dice que no”, sostuvo.

Iglesia de Piria. Fotos históricas de Piriápolis. Una historia en 100 fotos.

El deterioro.

Francisco Piria murió el 10 de diciembre de 1933 y su sucesión culminó el 7 de junio de 1946, luego de algunas internas muy interesantes y varias complicaciones. La primera: él tenía cuatro hijos legítimos de su primera esposa (Francisco, Adela, Arturo y Lorenzo), pero cuando muere reconoce por testamento a una hija natural Carmen Ruiz Suárez; la segunda: la muerte de su segunda mujer, María Emilia Franz, con la que no tenía hijos pero si legatarios; y la tercera: en medio de todo, la sucesión Piria hace un convenio transaccional como parte de pago por los impuestos de herencia, contribución inmobiliaria, patentes de giro, entre otras cosas, donde le cedió al Estado el Argentino Hotel y anexos, la concesión del puerto y la del tren. Todo este combo enlenteció los trámites.

Una vez cerrada la sucesión, los herederos fundaron la Industrial Francisco Piria S.A. y en esa empresa volcaron todo los bienes y derechos que les correspondían por la herencia. La iglesia pasó a ser propiedad de esta sociedad anónima que quebró el 30 de abril de 1965 con el cierre del Banco Transatlántico. Se dividieron los remanentes y algunos de sus herederos conservaron la propiedad.

La iglesia estuvo abandonada durante muchos años y llegó a funcionar allí un depósito de leña. Hasta que en la década de 1980 fue comprada por Enrique de la Piedra y Ana María Franco, ambos peruanos y miembros de la Iglesia Ortodoxa de la Dormición de la Virgen María con sede en Buenos Aires. Estos querían consolidar allí un centro espiritual y cultural para todas las religiones cristianas y que el padre Jacques Goettmann supervisara su funcionamiento y se hicieran cultos. En el año 2000 se pudo concretar una especie de celebración ecuménica pero con la muerte de Goettmann, en 2002, el proyecto quedó paralizado.

Iglesia de Piria. Fotos históricas de Piriápolis. Una historia en 100 fotos.

Proyectos.

Hoy el predio y la iglesia son propiedad del Municipio de Piriápolis. Fueron recibidos como parte de pago de deudas atrasadas de la contribución inmobiliaria. Actualmente la iglesia está totalmente vacía, iluminada (en ocasiones particulares) y cercada para que el acceso no se haga por cualquier lugar. No hay por ahora ningún proyecto concreto.

“Hay grandes controversias. Hay gente que sostiene que la iglesia no ha representado nada porque nunca funcionó, para la gente es la iglesia abandonada”, comentó Reborido.

La ACUPP quería “reflotarla” pero no se llegó a una propuesta. “A veces tiene más valor patrimonial dejarlo en su estado original sin hacerle nada, que hacerle una reforma y alterar mucho. Esto escapa a mi conocimiento arquitectónico. No tenía techo, no tenía altar, entonces la pregunta es qué hacemos. ¿La protegemos o la intervenimos?”, reflexionó el historiador. “Si me preguntás a mí, yo la dejaba así”, concluyó.

Fuente: Elpaís