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El científico Roby Bhattacharyya asegura que la variante “ómicron se expande más rápido que cualquier otro virus”

El investigador en enfermedades infecciosas del Hospital General de Massachusetts, en Boston, destaca que tener las dosis de refuerzo contra el COVID-19 hacen la diferencia.

Roby Bhattacharyya

El sarampión era, hasta la llegada de ómicron, el virus que se propagaba más rápido. Pero la nueva variante del coronavirus le superó. Así lo considera el investigador en enfermedades infecciosas Roby Bhattacharyya, del Hospital General de Massachusetts, en Boston, quien en entrevista con El País estima que en el hemisferio sur será más baja la ola de contagios dada la “posible estacionalidad”. También confirma que la dosis de refuerzo hacen la diferencia.

Ómicron, la “nueva” variante de preocupación del SARS-CoV-2, dio la vuelta al mundo en menos de un mes. A comienzos de noviembre fue identificado el primer caso de una persona infectada en Botsuana, al sur de África, y en diciembre ya circulaba en cinco continentes, y se confirmaba su presencia en Uruguay.

Su expansión fue tan veloz que, como tituló el diario español El País: “Ómicron es el virus con la propagación más rápida de la historia”.

No tiene rival. Ni le compite el sarampión, que se creía hasta entonces el virus de más vertiginosa difusión. Así lo entiende el científico estadounidense Roby Bhattacharyya, investigador en enfermedades infecciosas del Hospital General de Massachusetts, en Boston, quien dialogó al respecto con El País.

-¿Por qué sostiene que Ómicron es el virus de más rápida propagación?

-Los cálculos provienen de una combinación de dos indicadores: el número reproductivo básico (más conocido por su abreviatura R0), es decir, la cantidad de personas, en promedio, a las que infecta una persona durante el transcurso de su enfermedad. Y, por otro lado, el tiempo de generación (también conocido como intervalo de serie y por su sigla en inglés SI), el que indica el tiempo que demora un nuevo infectado en ser capaz de infectar a otros. El sarampión, que se creía hasta entonces el virus más veloz de los estudiados, tiene un R0 más alto que el SARS-CoV-2: cada infectado infecta a entre 12 y 18 personas en promedio. En un escenario sin vacunas, aunque es difícil estimarlo dadas las medidas de protección farmacológicas y no farmacológicas actuales, ómicron tendría un número reproductivo de entre cinco y diez. Y en el escenario de inmunidad real del que goza la población actual se estima cercano a tres. Pero ómicron tiene un tiempo de generación mucho más rápido que el sarampión: cuatro días contra 12. Esa conjetura sale de casos de supercontagio. En resumidas cuentas: en un lapso de 12 días, un caso de ómicron infectaría a 27 personas, mientras que un caso de sarampión infectaría entre 12 y 18 personas en esa misma ventana de tiempo.

-Ese cálculo es en la teoría, ¿qué ocurre en la vida real?

-El sarampión ya no se propaga así porque la gran mayoría de las personas tienen inmunidad ya sea por vacunación o por infecciones previas. Y, además, en el pasado, cuando los grandes contagios de sarampión, la gente no viajaba por el mundo como lo hace ahora. Entonces, la combinación de los cálculos teóricos y del estilo de vida actual hacen que sea probable que ómicron se haya extendido por todo el mundo más rápido que cualquier otra cosa antes observada, al menos más rápido que cualquier virus del que tengamos conocimiento.

-¿Existe algún componente del virus que facilite su rápida propagación?

-Todavía es difícil decirlo con certeza. La variante delta ya era muy buena propagándose (R0 era cercano a seis), pero nuestras defensas inmunitarias la bloquean de manera más eficaz (por vacunación o por infección previa). Ómicron parece estar en el mismo estadio de transmisibilidad, pero tiene más éxito en causar infecciones en aquellos que ya transitaron la enfermedad. De todas maneras, podemos alegrarnos de que muchos seguirán gozando de una protección considerable contra la enfermedad grave.

-¿Las vacunas qué rol juegan ante ómicron?

-No está tan claro su rol para prevenir las infecciones asintomáticas, aunque sí parece evidente la efectividad para prevenir hospitalizaciones y muertes. En especial con aquellos que tienen dosis de refuerzo la efectividad es entre 70% y 75%.

-¿La rapidez de propagación del virus hace que se esté más cerca del fin de la pandemia y el comienzo de una endemia?

-Es difícil ver el futuro con esta pandemia. Si tuviera que adivinar, diría que causará mucha presión en la capacidad hospitalaria a corto plazo, pero, debido a que se está extendiendo tan rápido y aumenta la inmunidad poblacional, tenderá a desaparecer. Si ese fin será una endemia, es todavía más difícil de saber, porque dependerá de si la inmunidad provocada por ómicron es capaz de neutralizar otras variantes.

-Ómicron llegó a Uruguay casi en la entrada del verano, ¿eso da una ventaja respecto a lo que sucede en el hemisferio norte?

-Hay cierta incertidumbre al respecto, sobre todo porque se trata de un virus relativamente nuevo. Pero parece haber cierta estacionalidad en la propagación del SARS-CoV-2. Por eso estimo que la propagación en el verano sea algo menos rápida que en el invierno, aunque ello pueda deberse al simple hecho de pasar más tiempo en lugares cerrados y mal ventilados. En ese sentido, esta pandemia abre una gran revisión y discusión sobre la estacionalidad de cualquiera de los virus respiratorios. Aun así, ómicron fue descubierta en el sur de África, donde se estaba entrando al verano y la ola de contagios fue muy alta. Así que predecir la propagación es extremadamente complejo.

Fuente: Elpaís