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“Creemos que la cultura también crea espíritu emprendedurista”, con Mariana Wainstein, tras un año como directora nacional de Cultura

Mariana Wainstein (archivo, junio de 2020).
Foto: Mariana Greif

Directora y gestora teatral, la nacionalista Mariana Wainstein trabajó en dos ocasiones con la Dirección de Cultura en distintas administraciones del Frente Amplio. En 2007 coordinó la puesta en marcha de la Ley de Incentivo Cultural (o “ley de mecenazgo”), y tuvo que poner en sintonía a empresarios y productores de cultura. Luego, durante 2016, formó parte de un proyecto de circulación cultural en el interior del país que la ligó, terminado el contrato, como asesora de la Intendencia de Treinta y Tres, donde organizó la Feria de Artes Escénicas. De esa experiencia, dice, obtuvo la convicción de que hay que trabajar las políticas culturales en todo el territorio. Antes de esos trabajos, entre ellos, y después, vivió en distintas ciudades del mundo, acompañando a su esposo, diplomático. Estaba en India cuando recibió el ofrecimiento de encabezar la Dirección Nacional de Cultura (DNC) del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), y decidió instalarse en el país en 2020. “Era un desafío demostrar que desde muchos enfoques se puede sacar adelante las políticas culturales”, explica. A pesar de las condiciones que impuso la emergencia sanitaria, cree que “hay muchas razones para ser optimistas” y que desde el ministerio han logrado convencer al equipo económico de la importancia de asignarle mayor presupuesto a la cultura, a pesar de la consigna de recortar gastos con la que el Partido Nacional llegó al gobierno.

En algunos sentidos, actualmente se ven ciertas continuidades con las políticas culturales del Frente Amplio. Por ejemplo, la idea de descentralizar las políticas culturales ya estaba planteada, ¿no?

No es un invento mío, es una idea que yo simplemente fortalecí. Uno ve lo que hay, y si hay cosas buenas, trata de fortalecerlas, y si hay que mejorar algo, se mejora, y si se puede inventar algo nuevo, se inventa. Los Fondos Concursables, por ejemplo, es un proyecto excelente. Solamente fortalecimos los fondos regionales porque en un momento se notaba que los fondos concursables no alcanzaban mucho al interior, no se sabe si por la configuración de los jurados o porque hay una realidad objetiva, que es que la mitad de la población vive Montevideo, por lo cual debe haber mucho más artistas en Montevideo que en otras partes del país. Pero se crearon los fondos regionales y lo que hicimos el año pasado fue fortalecerlos como una garantía de que hay un dinero para cada región del país, y la idea de seguir en esa línea de fondos concursables y también fondos regionales para enviar más apoyo, más oportunidades. De última, estamos hablando de repartir fondos públicos; hay que ser muy cuidadoso, hay que hacerlo bien, de una manera transparente, republicana, y uno va analizando los caminos. Pero, por ejemplo, yo trabajo con Pablo Zouain, como coordinador de Fondos Concursables, que está desde hace años en ese puesto.

O sea, se trabajó con equipos que ya estaban en la DNC.

A los diez días de asumir empezó la pandemia y no tuve tiempo de muchas cosas. Fue una grata sorpresa encontrarse con esa disposición de la gente para entender la gravedad del asunto y ponerse la camiseta. Hubo que trabajar muy intensamente en fondos, llamados y convocatorias. En 2020 no cancelamos ningún premio, ningún fondo; al contrario, pagamos deudas del año anterior, llamamos en todos los fondos y fortalecimos y adelantamos lo que pudimos, aunque a veces, por más que te adelantes, el Estado pone la marcha que necesita. O sea, no depende todo de la velocidad que uno quiera darle, pero me parece que fue muy bueno el trabajo intenso, porque se notó que pudimos cubrir y paliar la situación tan grave y tan desconocida para todos.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades que enfrentaron durante ese primer año?

No sé si llamarlas dificultades, porque fue un año muy intenso. Fue muy dramático, pero había adrenalina y la sensación de que las cosas salían. Lo que puedo decir es que tenía tres ejes de trabajo en mi mente. Uno era el diálogo con el gobierno, o sea, que las políticas culturales pudieran estar en diálogo con otras instituciones del gobierno y pudieran crear sinergia. Saqué adelante diálogos muy interesantes con la Oficina de Planeamiento y Presupuesto [OPP], con el Ministerio de Turismo, mismo dentro del MEC, con el Ministerio de Economía. Eso es vital para que las políticas culturales estén donde uno considera que tienen que estar. Mostrar por qué tiene que haber políticas culturales en Uruguay y cómo podrían mejorar y ser más redituables, no en dinero siempre, a veces es un rédito intangible, pero igual tiene que ver con el desarrollo, con el bienestar de la gente, con la economía de los lugares. Otro eje que me preocupaba era tener un plan de desarrollo para la DNC, que fuera un lugar moderno y eficiente, que la gente estuviera feliz trabajando allí, gente talentosa, que no es mano de obra sino cerebro de obra. Uno tiene que encontrar la manera de trabajar con gente que a veces hace 15 años está en el lugar, y que a veces ya no tiene la misma motivación. Por supuesto, nada es mérito mío, es también la circunstancia y el mérito de cada uno, pero se logró trabajar en equipo, que todos se conocieran, que nadie estuviera en una isla. Empezamos a interactuar, a presentar a la gente, a hacer proyectos en común. Creo que las claves del éxito, si existen en la gestión de la DNC, son trabajo en equipo, objetivos en común, tener claro el horizonte. Ahí nos ayudó la ley de urgente consideración [LUC] y la ley de presupuesto. En la LUC pudimos poner dos temas que eran muy importantes. Uno tiene que ver con la institucionalización de la Dirección de Cultura.

Se repartió en áreas.

Sí, en cinco institutos. Estaba sólo el de cine y audiovisual [ICAU] y de hecho estaba funcionando bien el de artes escénicas [INAE]. Pero el de música, el de letras y el de artes visuales estaban en una situación muy precaria, y ahora, gracias al trabajo intensísimo de los últimos tres meses, estamos por presentar a los cinco institutos con sus equipos y sus programas. Y con la ley de presupuesto, también para nuestra sorpresa, porque en un año de pandemia perfectamente podría haber habido todas las excusas para decir “pará con la cultura que estamos con la salud”; el gobierno no bajó los brazos, no renunció a apoyar a la cultura. Al contrario, aumentamos considerablemente el presupuesto. Por ejemplo, el área de Letras manejaba menos de tres millones de pesos en fondos de fomento y ahora maneja diez millones de pesos. Música pasó de tres millones a 16 millones. Artes escénicas pasó de un fondo de fomento de nueve millones de pesos a 20 millones. Artes visuales también se duplicó, de tres millones a seis millones de pesos. Y ni que hablar el cine, con todo lo que se generó en 2020.

Había estímulos fiscales para venir a filmar.

El último año del gobierno anterior se creó el Programa Uruguay Audiovisual [PUA], por unos cuatro millones de dólares en cash rebate a empresas extranjeras que vinieran a filmar acá, a rodar publicidad o hacer una película. Esos cuatro pasaron a siete millones de dólares este año. Y también se hizo más sólida la convicción de que el PUA llegó para quedarse. Hay dos PUA, uno internacional y uno nacional para apoyar proyectos nacionales que se asocian con empresas extranjeras. Y además quedó el fondo de fomento del ICAU, que aumentó de 47 millones de pesos a 55 millones. Hoy en día tenemos un “problema” muy grave: nos faltan técnicos. Hay pleno empleo en la industria y ahora estamos dedicados a organizar capacitación. Lo hacemos con Inefop, y esa es otra buena noticia que ocurrió en este año tan trágico: firmamos con Inefop un convenio para formar sonidistas e iluminadores en todo el territorio nacional. Hay teatros en el interior que tienen donaciones pero no hay quién sepa colgar los tachos en el teatro. Vamos a ir con todo por el tema de la capacitación, e Inefop es un socio excelente. También estamos viendo con el BID y con otras instituciones internacionales la posibilidad de generar capacitaciones en oficios conexos del audiovisual, que en este momento están faltando, lo cual es una buena pero una mala noticia también. Hay que actuar rápido.

Mencionaste un tercer eje.

Son los programas y todos los proyectos que se están desarrollando desde la Dirección de Cultura.

Evaluabas positivamente la LUC y la ley de presupuesto. ¿Tuviste participación en la elaboración del programa del Partido Nacional en el área de cultura?

Esta vez no, porque estaba en India y seguía la cosa de lejos, pensando “qué bueno, pero lástima que no estoy en Uruguay”. En otras elecciones sí, me senté a escribir programas, a ayudar en la medida de lo posible. Incluso en las elecciones, desde India, estuve en la lista 97 de Treinta y Tres, que es de una amiga a quien ayudé en comunicación política [Luisa Rodríguez, directora de Cultura departamental].Y también estuve en las internas en una lista de [Jorge] Gandini, y fue un honor. Pero nunca pensé en tener una actividad en el Ejecutivo. Lo vi bien de lejos por televisión, con ocho horas y media de diferencia. Creo que acepté porque no podés decir que no cuando te pasa algo tan raro.

En el programa del Partido Nacional había algunas líneas generales, como la preocupación por la rentabilidad, con los números del área cultural. ¿Cómo se para la DNC en ese frente?

Había muchas cosas que había que mejorar. Algunas estaban aletargadas. El Departamento de Industrias Creativas existía en la DNC, pero en los últimos años había dejado de funcionar, no sé por qué, si se había vaciado gente o de contenidos. Nosotros le estamos dando mucha importancia: la economía creativa es una de las áreas transversales a los cinco institutos. Todo lo que pueda relacionar la actividad cultural con el desarrollo y con la economía, porque creemos que la cultura también crea espíritu emprendedurista, porque creemos que puede desarrollar proyectos interesantes. Estamos trabajando con Turismo en un programa nuevo que se llama Rutas Culturales, que tiene que ver con circuitos culturales por todo el país, por diferentes temas, y en esa convicción de que todos tienen que interactuar con todos y los grandes temas salen directamente de los institutos. Del de Letras te puede salir un circuito cultural basado en una novela o la vida de un escritor. A veces es simplemente un mojón donde ir a visitar la casa de alguien. Son cosas muy simples, pero no se desarrollan mucho en el país todavía. Vamos a hacer una ruta de muralismo en los tanques de OSE; eso es artes visuales y también es trabajar con la comunidad local, a ver qué es lo que quieren hacer. Es toda una dinámica de turismo cultural, y es señalética, y es comunicación y es a lo mejor una aplicación. Creemos en la sinergia y en que no hay que duplicar esfuerzos. Turismo ya tiene una experiencia y nosotros simplemente sumamos. El área territorial también es transversal a todos los institutos, para que los proyectos se hagan en conjunto con el territorio nacional. No queremos trabajar para el interior, queremos trabajar con el interior. La pregunta es cómo se trabaja con y no para, y lo interesante es crear un sistema para que eso funcione. Yo me reúno todas las semanas con la red de directores de Cultura de todo el país.

“Yo confío en que la OPP, en ese trabajo que tiene con todo el territorio nacional, con todos los gobiernos departamentales, va a dar otro apoyo al fortalecimiento de las políticas culturales […] va a ser algo histórico para el país, porque nunca hubo en la OPP un apoyo al tema cultural como una fuente objetiva de desarrollo, como una fuente objetiva de mejora de la vida de la gente”.

El gobierno que comenzó en 2020 llegó con la intención de recortar gastos, y además surgieron todas las complicaciones de la emergencia. ¿Cuáles son las dificultades para conseguir presupuesto en ese panorama?

Por un lado nos aumentaron el presupuesto en quizás un tercio. Por eso pudimos poner en pie los institutos y hacer crecer los fondos de fomento en cada área. Se ve que algo explicamos bien. Gran parte de este éxito se debe a [el ministro de Educación y Cultura] Pablo da Silveira y su capacidad de explicar su ministerio en el Ministerio de Economía y Finanzas y situarlo donde realmente debería estar. Es un ministerio muy complejo, que incluye Educación, Cultura, y está Constitucionales y está Registros. Parte del éxito en el presupuesto es esa excelente comunicación con el ministro y que sea nuestro principal aliado, porque realmente hay un trabajo en equipo muy detallado y muy profundo y no hay ningún día en que yo necesite hablar con el ministro y no me pueda atender en algún momento y solucionar un problema. Por otro lado, creo que el presupuesto va a mejorar aún más si trabajamos en serio como país, como ciudadanos, si la OPP pone por primera vez en la historia un presupuesto para cultura en el territorio nacional, como algo aparte. He tenido buen diálogo con Isaac Alfie, me parece un aliado de primer nivel, porque es un hombre que conoce muy bien el Uruguay, que ya ha estado en cargos de primer nivel de gobierno. Es el tipo de dialogante que se necesita para observar un problema y para crear una solución, una persona muy inteligente, que le interesa el tema, y a la misma vez muy práctica, porque conoce todos los mecanismos del Estado. De última, la billetera es una sola, es la que tiene el Ministerio de Economía. Entonces yo confío en que la OPP, en ese trabajo que tiene con todo el territorio nacional, con todos los gobiernos departamentales, va a dar otro apoyo al fortalecimiento de las políticas culturales, y creo que va a ser algo histórico para el país, porque nunca hubo en la OPP un apoyo al tema cultural como una fuente objetiva de desarrollo, como una fuente objetiva de mejora de la vida de la gente. En Treinta y Tres vi cómo pasaban de tener una actividad semanal a tener cinco. La reacción de la gente, la alegría de tener espectáculos y concursos de literatura, y conciertos, y ballet. Eso es muy simple y muy profundo: más cultura a más lugares. Si cumplimos con eso, habremos tenido éxito. Ya quedó claro en la pandemia que el pan de cada día es importante, pero que la cultura también es el pan de cada día y no se puede renunciar a ella. Entonces vamos por ese camino para mejorar presupuestos. Y después están todos los temas de cooperación. Es un momento difícil en el mundo y Uruguay ya no es un país pobre, o sea que es más difícil acceder a fondos internacionales. Creamos un departamento nuevo de internacionalización de la cultura uruguaya para ayudar a abrir mercados, a que un mercado de tres millones pase a tener miles de millones. Creemos que la música uruguaya, las artes visuales, el cine, las letras tienen muchas oportunidades. Ya se ha hecho camino, no estoy inventando nada de cero. Por ejemplo, está el proyecto de traducciones Ida con Uruguay 21. Nosotros estamos tratando de crear algunas cosas nuevas y mejorar algunas cosas que funcionan, en una sinergia con Uruguay XXI, con cancillería, con el Ministerio de Turismo. Un ejemplo: somos uno de los tres países latinoamericanos que tienen un pabellón en la Bienal de Venecia. Creo que se puede mejorar mucho y potenciar mucho nuestra presencia, es una vitrina increíble, como tener otra embajada en Venecia. Pasan millones de personas si no hay pandemia, son meses, y podés poner una exposición de algo pero también puede haber gastronomía uruguaya, información sobre lugares turísticos o información sobre exportación de determinados temas. Tenemos un muy buen diálogo con cancillería, creamos una serie de kits culturales para entregar en todas las embajadas, un material de diferentes temas para desarrollar más la presencia de Uruguay en ferias, en festivales, en canales de televisión de otros países, en fin, ayudar entre todos y unirse y sacar adelante temas que pueden multiplicar los presupuestos también.

¿Y cómo es la coordinación con otros organismos del Estado que también inciden en la cultura, como algunas empresas públicas?

Los temas de esponsoreo este año no se pueden medir, porque no hubo actividad grande de conciertos masivos ni cosas parecidas. Hemos dialogado con Antel, con UTE, con el Banco Central, por diferentes proyectos. Antel brindó una exoneración de la comisión de Tickantel para la compra de entradas cuando se retomó la actividad, porque los productores tienen que pagar una comisión por cada entrada que venden, y al tener un 30% de aforo, fue como una ayuda paliativa que no tuvieran que pagar esa comisión. Con UTE tenemos proyectos a largo plazo muy interesantes, pero no depende todo de mí y ya UTE estaba tomando muchas medida para ayudar a la población; espero en algún momento desarrollar un producto que ayude específicamente a los que se dedican a tener salas de espectáculos, porque la energía eléctrica es una parte muy importante de todo el gasto operativo de las salas. Y el Banco Central es un socio usual para el Premio Figari; el edificio del museo Figari era del Banco Central. Encontramos mucha sensibilidad en el presidente del Banco, Diego Labat, y creo que vamos a trabajar muy bien juntos.

Durante años me llamó la atención que no hubiera una instancia de generación de políticas transversales a esos organismos y empresas, más allá de acuerdos puntuales como los que mencionaste.

Hay una parte del esponsoreo en la que las empresas son empresas y los productores son productores y se encuentran y deciden. Después hay una parte política, y no se puede mirar para otro lado. En un momento las empresas, el gobierno con mayoría parlamentaria y la Intendencia de Montevideo era todo muy unido. Pero nunca estudié el tema del esponsoreo que salió de Ancap, Antel y UTE. Tenía otras urgencias. Sí me parece que el Estado es una sola billetera y lo importante es sacar adelante los proyectos que hay que sacar adelante.

¿Y cómo es la relación con los medios públicos?

Algo lindo que está pasando también, y que es política del MEC, es trabajar unidos. Todos los que nos dedicamos a la cultura (el Sodre, la DNC, la Biblioteca Nacional, TNU o Canal 5) formamos un gabinete de Cultura, por llamarlo de alguna manera. Este año se va a hacer más sistemático, porque queremos trabajar juntos. Antes había muchos archipiélagos. Y pasaba que había una DNC, como unidad ejecutora con la intención de llegar a todo el territorio, y unos Centros MEC, con la misma misión. Ahora nos unimos y tenemos más potencia.

¿Se disolvieron totalmente los Centros MEC? En el programa del Partido Nacional se podía ver que se quería trasladar sus funciones a las intendencias.

Había una duplicación de esfuerzos. En un país donde los recursos no sobran, había dos instituciones queriendo hacer lo mismo. Eran dos unidades ejecutoras dentro del MEC: la DNC, que mantiene relaciones con todas las intendencias, y los Centros MEC, que estaban presentes en todo el territorio nacional. Entre ellas no se hablaban. Cuando se crearon los Centros MEC no eran una unidad ejecutora autónoma, pero luego se transformaron en una. Cuando llegamos, el ministerio tenía 15 unidades ejecutoras. Además de la falta de sinergia entre la DNC y los centros, muchas intendencias sentían una competencia con los Centros MEC, como que no trabajaban en conjunto con los gobiernos. Entonces, en la ley de presupuesto se eliminaron. Las personas que trabajaban en Centros MEC pasaron a la DNC. Ahora tenemos una política territorial unificada.

¿Habrá anuncios este año?

Durante la pandemia pudimos poner en pie los cinco institutos. Vamos a hacer el lanzamiento de diferentes convocatorias en breve. Por otro lado, durante el año pasado creamos algunos instrumentos de solidaridad por la pandemia. Ahora están por salir las últimas cosas que hicimos en el fondo solidario cultural Rubén Melogno: hicimos llamados a artistas docentes, hicimos apoyos directos, hicimos apoyos a los que habían cancelado espectáculos en marzo y abril y lo último que hicimos fue el llamado Butaca Solidaria para darles un complemento de butacas a los que hicieron espectáculos y también de alguna manera premiar a las salas privadas menores de 300 butacas. Se anotaron 62 salas en todo el país, hubo 152 postulantes productores de espectáculos, hubo 282 espectáculos en los meses del año pasado en que se permitió que hubiera espectáculos, que son 1.596 funciones de música, de teatro, de danza. No es un dato menor, porque fue un año muy muy difícil para el sector, y en un planeta donde casi no hubo espectáculos públicos, ver que hubo 1.600 funciones es una señal de lo importante que es la cultura para la gente y el esfuerzo que se realizó. Estamos organizando la entrega del dinero para poder abarcar a todos, como hemos hecho todas las veces en que el fondo solidario cultural repartió dinero, analizando cada sala con su aforo, para por lo menos complementar ese aforo del 30%. Otro dato es que ya está ingresado nuevamente el protocolo para llegar al 50%; esperemos que sea aprobado pronto. Salió hace poco el protocolo para espectáculos al aire libre. Tenemos que tener velocidad de reacción, estar alerta, sabiendo que no todo depende de nosotros y que la salud de la gente es la prioridad en este momento.

En todas las áreas de actividad hay necesidades, reclamos, y en la de cultura tal vez tengan una visibilidad especial. ¿Cómo viviste eso?

Lo viví con naturalidad. Para mí esa es la naturaleza del artista. Yo misma soy artista, soy directora de teatro. Yo prefiero ver a los actores expresándose que callados la boca. Los artistas son callados en las dictaduras, en lugares donde a la gente le da miedo hablar, lugares donde se ha fusilado a artistas por hablar, por expresarse o por no expresarse como el gobierno deseaba. Nosotros estamos en Uruguay, somos una democracia plena. Me parece importantísimo que los artistas se expresen. Siempre trato de escuchar, siempre creo en ese concepto de Hannah Arendt de que en el espacio público siempre tiene que estar presente la opinión del otro, y he aprendido muchísimo. Siempre supe escuchar, pero creo que este año más que nunca creo que tenemos que escuchar, saber también que los que hablan en los medios no son los únicos ni representan a todos. Tenemos que hacer un esfuerzo para ayudar a los que no hablan y que son los más vulnerables y a veces los que hablan son los que tienen más poder de llegada. En lo personal tengo fe en que vamos a trabajar muy bien. He recibido mucho apoyo que por supuesto no sale en los medios, pero sí he recibido directamente mucho apoyo porque creo que nos ven trabajar con seriedad, con constancia. Tenemos mucho por hacer, no hay que dejar de lado nada. Hay leyes de hace años que no tienen reglamentación. Tenemos que atacar por todos lados para mejorar el espacio que tienen las políticas culturales y la cultura en este país. No somos una potencia militar, no somos una potencia económica, somos un país culto que ama la cultura y que puede llegar muy lejos a través de la cultura y que todo lo que hacemos prácticamente tiene que ver con la cultura. Está bueno sentir que de a poco podemos invadir territorio y ponernos todavía más más arriba.

Fuente: Ladiaria