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Bolsonaro sorprende con el relevo de los jefes militares

La «sustitución» de los jefes militares es algo inédito en Brasil y ocurre en un gobierno que, paradójicamente, está presidido por un capitán de la reserva del Ejército.

El presidente de Brasil en abril de 2019 con el ahora ex jefe del Ejército, Edson Pujol. Foto: AFP

El relevo de la cúpula militar en Brasil completó, al menos por ahora, los cambios en el gobierno de Jair Bolsonaro. El cese de los jefes de las Fuerzas Armadas llegó un día después de la sorpresiva renuncia del ministro de Defensa, Fernando Azevedo e Silva.

Los jefes militares cesados son el general Edson Pujol (Ejército), el almirante Ilqes Barbosa (Marina) y el brigadier Antonio Carlos Bermudes (Aeronáutica).

Según la versión oficial, la salida de los tres fue decidida en una reunión en Brasilia “con la presencia” de Azevedo Silva y el nuevo ministro de Defensa, Braga Netto. Sin embargo, no se explicaron los motivos.

Los analistas estiman que se debe al descontento de los tres comandantes con la destitución de Azevedo e Silva, reticente a los intentos de Bolsonaro de politizar las Fuerzas Armadas, y con la gestión de la pandemia por parte del ex ministro de Salud, Eduardo Pazuello, ambos militares retirados.

Pazuello fue reemplazado hace dos semanas por el cardiólogo Marcelo Queiroga.

El ahora exministro de Defensa dijo al anunciar su salida que durante su gestión logró preservar “las Fuerzas Armadas como instituciones de Estado”.

La presión de Bolsonaro sobre los altos funcionarios militares para que le exhiban públicamente su apoyo político afectó las relaciones y desencadenó los cambios de esta semana, explicaron analistas brasileños.

Azevedo e Silva “estaba incomodado con la necesidad de respaldar formalmente las actitudes del presidente Bolsonaro cuando usaba al Ejército para sus actividades políticas”, escribió en el diario O Globo el columnista Merval Pereira.

El cesado general Edson Pujol dijo en el pasado mes de noviembre que los militares “no quieren ser parte de la política” ni que “la política entre en los cuarteles”.

Después de su partida, Azevedo e Silva habló con varios magistrados de la Corte Suprema, quienes querían sondearlo sobre el riesgo de amenazas constitucionales a futuro. Uno de ellos dijo que luego de esas conversaciones, los magistrados salieron convencidos de que los militares evitarían agravar cualquier crisis política.

Mirando 2022.

Si bien Bolsonaro ha criticado los confinamientos, ha sembrado dudas sobre las vacunas y ha promovido curas “milagrosas” no probadas, el Ejército se ha tomado el brote muy en serio.

En una entrevista esta semana que incrementó las tensiones con Bolsonaro, el principal funcionario de salud del Ejército dijo que esa fuerza había logrado mantener las tasas de mortalidad por COVID-19 en un 0,13%, muy por debajo del 2,5% entre la población en general.

El militar también abogó por el distanciamiento social, instó al uso de mascarillas y advirtió sobre una posible tercera ola de infecciones.

“El Ejército está extremadamente traumatizado por la experiencia con Pazuello y decidió dejar el frente de batalla del gobierno, no solo para preservar al Ejército como una institución estatal, sino también para descartar una alineamiento (con el gobierno)”, opinó Leonardo Barreto, director de Análisis Vectorial. “El Ejército tiene muy claro que tiene mucho que perder en este proceso”, agregó este analista.

Bolsonaro junto al almirante Ilques Barbosa Junior, de la Marina. Foto: AFP

Bolsonaro colocó desde su llegada al poder en enero de 2019 a militares en puestos clave. En las manifestaciones de sus partidarios suelen aparecer pancartas que reclaman un golpe militar bajo su liderazgo, para zanjar de ese modo sus conflictos con el Congreso y con la Corte Suprema.

La actual crisis económica y sanitaria lo obligó, sin embargo, a aliarse con partidos tradicionales (el Centrao), con la mirada puesta en su posible reelección en 2022.

“Los cambios responden a una doble lógica: primero porque (Bolsonaro) necesita dar espacio al ‘centrao’, y segundo porque se está preparando para la crisis política que podría venir y quiere estar rodeado de personas extremadamente leales, sobre todo en las Fuerzas Armadas”, dijo a AFP el analista Oliver Stuenkel.

El vicepresidente Hamilton Mourao, un general del Ejército, descartó que haya un riesgo de ruptura institucional en Brasil.

“Cero, puedes poner a quien quieras, no hay ruptura institucional. Las Fuerzas Armadas van a estar con la legalidad, siempre”, dijo al portal G1.

Bolsonaro enfrenta una presión creciente por parte de sus aliados en el Congreso, que piden cambios de rumbo en medio de su cuestionada gestión de la pandemia que ya mató a más de 313.000 personas en el país, con una media semanal de más de 2.600 muertos, casi el cuádruple que a principios de año. Además, el mandatario pierde popularidad en los sondeos, a medida que las condiciones económicas se agravan, la vacunación avanza más lentamente de lo esperado y los hospitales están al borde del colapso.

Otro cambio significativo en el gabinete fue el del canciller Ernesto Araújo, acusado de haber perjudicado la compra de vacunas por sus altercados con China y su alineamiento al gobierno de Donald Trump.

Será reemplazado por Carlos Alberto Franco França, un diplomático de formación de 56 años, que fungía como funcionario de la asesoría especial de la Presidencia de la República.

También cambiaron los titulares de Justicia, de la Abogacía General de la Unión (AGU, que se ocupa de los intereses jurídicos de la federación) y de la Secretaría de la Presidencia (a cargo de las negociaciones con el Congreso).

Fuente: Elpais