
"Es 70% mental": de psicóloga a ser la primera uruguaya en llegar a la cima del Everest
Vanessa Estol, de Lagomar, conserva el récord y siente que lo más importante es inspirar a mujeres y más personas en meterse en el deporte.
Por Agustín Bassini
Vanessa Estol, uruguaya de Lagomar radicada en Ciudad de México, es la primera uruguaya en hacer cumbre en el Everest. Lo logró en 2022, tras un primer intento en 2021. En diálogo con Montevideo Portal, Stoll habló sobre la importancia de lo mental a la hora de subir la montaña, los miedos, el sacrificio y su nueva pasión bajo el agua.
El peso de lo mental
Para Estol, la montaña se gana antes en la cabeza que en las piernas. "Creo que es más importante que lo físico. Es 70% mental. Toda la parte psicológica es muy importante", comenta respecto a qué tan importante resulta ser el factor mental en ese reto.
El miedo representa otra pieza clave de esa ecuación, y ella lo gestiona a su manera. Cuando hace algo que le gusta, no piensa en lo que puede salir mal, sino en todo lo que está a su alcance. “No me enfoco negativamente en las cosas malas que podrían pasar”, sostiene.
"La apnea me ha enseñado muchas cosas de mí misma, de mis límites, de la mente. Siento que la apnea es como una meditación, y que la montaña también es como una meditación en movimiento", añade respecto a su otra pasión, llamada también buceo libre y que se practica sin utilizar tanques de oxígeno.
El riesgo y el momento de pensar en abandonar
En sus incursiones a las montañas fallecieron personas que iban con ella. Subió dos veces al Everest y, el primer año, un integrante de la expedición murió al caerse en una grieta. Hubo avalanchas, mal clima y tormenta.
También hubo un momento en que pensó en abandonar. Fue entre 2021 y 2022. El primer año dijo “basta”, recuerda. Le dio Covid y ascendió igual, con la enfermedad encima. Una tormenta enorme le reventó todas las carpas a ocho mil metros, y debió bajar junto a su equipo. “No soy supersticiosa, pero sentía que la montaña me estaba diciendo que no”, afirma. Se quedaron cerca de la cumbre y no siguieron porque la expedición se canceló por completo, ante la cantidad de gente con Covid en el campamento base y en la montaña, por seguridad. Tuvo que volver en 2022. Ese año había entrenado más a conciencia y trabajado más la parte psicológica.
Los sacrificios
Detrás de la cumbre hay años de renuncias. El sacrificio más grande, cuenta, lo representó dejar su carrera para emprender en algo nuevo. Surgieron miedos y dudas: si sería capaz, si le iría bien, qué pasaba si no. Comentó que el tiempo de entrenamiento implicaba muchas horas y dejó de hacer otras cosas por años. Además, agregó que no podía ir a Uruguay porque todo el dinero que entraba lo ahorraba. Dejó de ver a su familia por un buen tiempo.
Por eso, al llegar al objetivo, la sensación fue agridulce. Se había preparado muchos años y dejó de hacer muchísimas cosas: ahorros, dinero, eventos familiares y sociales. “Por cualquier sueño uno sacrifica muchas cosas, es lo mismo que me pasa ahora con la apnea”, reflexiona. Aclara que no lo hizo para probarle nada a nadie, ni por aplausos, ni por ego, sino para probarse a sí misma. Era una persona que no hacía ejercicio, más sedentaria que deportista, nunca había estado en altura y no tenía el dinero. “Fue un reto personal, algo simbólico por el tamaño del Everest, para probarme lo que uno es capaz de hacer”, asegura.
La cumbre y el descenso
“Subestimé la montaña por esas creencias que se ven en redes sociales y se repiten sin saber”, admite. No tenía mucha ayuda porque no contaba con ese presupuesto. "Nadie te va a cargar a la cumbre, hay que caminar. Las distancias son muy largas, sobre todo el día que se llega a la cima: unas 20 horas caminando sin parar a 30 o 40 grados bajo cero, con muchísimo viento", dice.
En la cima se sintió agotada, el cuerpo entró en piloto automático y en supervivencia. Tenía ampollas y la estaba pasando muy mal. “La bajada, al final, no fue tan difícil”, recuerda.
Inspirar, no perseguir récords
Ser la primera uruguaya en lograrlo es, para ella, algo que celebra a medias. “Sí y no, porque no lo hice por el título”, responde. Se siente bien, afirma, saber que puede inspirar a otras mujeres y personas de su país a meterse en el deporte. Le gusta ayudar a gente que está iniciando. Cree que, siendo una persona común y corriente que se pone una meta y la logra, puede inspirar a otros, sobre todo a mujeres. Le han escrito diciéndole que se sentían identificadas con su historia y tenían la ilusión de hacerlo. “Eso me gusta más que el título de primera uruguaya o el récord”, afirma.
Su mensaje para quien tiene un objetivo que parece difícil o casi imposible es directo. “Todos los objetivos parecen difíciles o imposibles a veces”, subraya. El ser humano siempre tiende a tener miedo de dar el paso. Ella actualmente compite y tuvo un récord continental en apnea. “Hay que animarse y arriesgarse, y todo es cuestión de disciplina, tiempo, dedicación y ganas”, resume.
Fuente: Montevideo Portal