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Aldo Mazzucchelli: “Hay una narrativa oficial del Covid y no se puede discutir”

En los próximos días sacará su nuevo libro, Imantada, una serie de ensayos que incluyen algunos de sus escritos sobre la pandemia del COVID-19, los que suele publicar en su sitio web Extramuros.

Aldo Mazzucchelli, poeta y ensayista uruguayo. Foto: Leonardo Mainé

Es escritor, PhD en Letras por la Universidad de Stanford y profesor Grado 5 en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República. En los próximos días sacará su nuevo libro, Imantada, una serie de ensayos que incluyen algunos de sus escritos sobre la pandemia del COVID-19, los que suele publicar en su sitio web Extramuros.

Aldo Mazzucchelli, que renunció a ser jurado del Gran Premio a la Labor Intelectual del MEC ante la eventualidad de que lo pudiera ganar Rafael Radi, es un detractor de lo que llama la “narrativa oficial” de la pandemia y en esta entrevista con El País expone sus razones.

-Ha dicho que existe una censura en cuanto a lo que se informa y lo que no sobre la pandemia. ¿A qué se refiere?

-Hay varios fenómenos que se entrecruzan y que terminan, en los hechos, en una visión sesgada hacia un punto de vista o una narrativa oficial. Quizá censura no sea el término adecuado. Censura es cuando hay una voluntad de descartar contenidos. Eso pasa en Facebook y Twitter de forma descarada, pero en los medios uruguayos no creo que haya una voluntad de censurar, en el sentido de que no creo que haya órdenes de las direcciones, pero en la edición y la asignación de los espacios hay un reforzamiento de una mirada y un debilitamiento de otra. Hay opiniones que se muestran como calificadas y después están las otras, las de los negacionistas.

-Desde su sitio, Extramuros, se cuestiona la vacunación y se habla de “nueva anormalidad”, por ejemplo.

-Difundimos opiniones de personas de universidades de primera línea. Es ciencia. Entonces, cuando hablan de seguir a la ciencia, en realidad lo que están diciendo es que hay que seguir a las instituciones burocráticas de la ciencia que lo que están haciendo es política.

-Si uno ve lo que opinan los científicos uruguayos, sin embargo, lo que hay son opiniones unánimes…

-¿Pero por qué uruguayos? La ciencia no es nacional. Uruguay es un país muy chico en todo sentido. También en cuanto a sus expertos. Y no todos los que aparecen en los canales son realmente expertos con trayectoria, que hayan demostrado algo. Las trayectorias de todos nosotros están en la ANII. Uno no puede ser ingenuo en cuanto a las presiones o a la adhesión voluntaria a instituciones que tienen determinado poder dentro del mundo de la ciencia (…) En marzo de 2020, cuando todavía no se sabía mucho del virus, ya existía aquello de que había que encerrarse, que había que bajar la curva, que la mortalidad era altísima (…) Había un discurso de máxima, propagado por la OMS, que generó presión sobre el sistema político. Y hubo, también, una politización, a nivel global, preparada por una prensa que decía que Trump y Bolsonaro eran demonios (…) Luego el mensaje fue que si no se aceptaba el discurso de la pandemia eras Bolsonaro o Trump, todo lo que se había estigmatizado.

-¿Para usted existe el COVID-19?

-No dudo de que existe, ni de que haya una nueva variante. Pero también es un hecho que el origen del virus está en cuestión, y que ha habido modificaciones genéticas deliberadas a lo largo del tiempo. Tales intervenciones científicas en los coronavirus se vienen haciendo desde hace al menos 25 años. Hay por tanto una cantidad importante de patentes que se fueron concediendo para variedades del virus, medicinas, vacunas, desde antes del año 2000 hasta ahora, como lo demuestra un estudio de David Martin (director de M-Cam, una firma de control de patentes). Las patentes son públicas. La farsa, para mí, surge de crear e imponer una alarma exagerada, y tomar luego medidas innecesarias o directamente contraproducentes, a partir de que se generaron e impusieron conceptos nuevos por parte de los responsables de hacerlo globalmente: la OMS, el CDC y FDA, los asesores gubernamentales de los países más influyentes, y las compañías farmacéuticas. El pánico creado hace que no se cuestionen esas medidas ni esos cambios. La gripe española dejó alrededor de 5% de muertos respecto del total de la población mundial. Esta, aun con la sobredeclaración rampante que se hace, lleva 0,06%.

Aldo Mazzucchelli, poeta y ensayista uruguayo. Foto: Leonardo Mainé

-Ha cuestionado también los test…

-El PCR existe desde hace mucho tiempo, es un recurso perfectamente válido, pero en enero del 2020 Christian Drosten, un alemán vinculado a la OMS, del núcleo que venía trabajando sobre este concepto de pandemia desde hace tiempo, publicó un paper sobre la adaptación del PCR para el diagnóstico del Covid. Ese paper es un disparate. Esto no lo digo yo, lo dice un equipo de científicos de prestigio (Kämmerer, Yeadon, Corbett, Dalle Carbonara, etc.) que lo han impugnado exhibiendo una decena de lo que llaman “errores fatales”. La revista Eurosurveillance, que lo publicó, no ha respondido satisfactoriamente a esa impugnación. Pese a esto la OMS se apuró a incorporar el PCR como pilar para el diagnóstico. Esa es una decisión política. La lógica del PCR es que cuanto más infección hay más rápido aparece el virus, o sea en menor número de ciclos (NdeR.: se denomina ciclo a cada amplificación que se le hace a la muestra). Está probado que con 18 a 25 ciclos hay una alta correlación entre el test positivo y tener una carga viral real de coronavirus. Pero a medida que aumentan los ciclos, pasando a 35 o más, alrededor del 97% no tienen nada. Esto ha sido incluso admitido por el GACH. Sin embargo, en Uruguay y todo el mundo se corrieron los test a 35 ciclos o más casi durante dos años. ¿Por qué? Otro ejemplo: la OMS determinó que se agregase -a partir de abril 2020- un código Covid en el certificado de defunción de quienes fallecen con un PCR positivo. Basta ese test, aun sin síntomas, para que se agregue el código Covid, y el Sinae lo informe como “muerto Covid”.

-Es cierto que en los datos que presenta el Sinae esto es así, pero cuando el MSP pasa las cifras eso se depura…

-Hubo una comisión que trabajó hasta fines de 2020, que creo que lo hizo con seriedad, que depuraba los casos. Después esa comisión la agarró Julio Medina y cambió la política, y lo dijo a El Observador.

-Lo que Medina dijo fue: “Hay algunos que adquieren otras infecciones por estar muchos días en terapia intensiva y se discute si falleció o no por COVID-19. Pero en esos casos siempre volvemos a un punto; si no hubiera sido por el COVID-19, el paciente no habría ingresado a terapia intensiva y no habría sido intubado”.

-Eso implica decir que: “Si no hubiera empezado a fumar a los 16 años, no se habría agarrado el cáncer que lo mató. Pero tuvo PCR positivo y lo intubamos; de modo que la causa de muerte fue Covid”.

-¿Usted dice que no hay más de 6.000 muertos por COVID-19?

-Yo estoy analizando los conceptos, las conclusiones las tienen que sacar las personas. Pero hay un problema más grave, que es el que tiene que ver con las vacunas. Hasta el 27 de febrero, que se empezó a vacunar, hubo 500 muertos. Luego, hasta julio de 2021, hubo 5.500 muertos.

-Porque entró la variante p.1.

-Lo curioso es que al momento en que se empieza a vacunar en todos los países entra una variante nueva. Pasó en EE.UU., en casi toda Europa y en muchos países de América Latina (…) Nadie puede decir que fue la vacuna, porque habría que hacer una autopsia para saberlo, entonces no se puede afirmar, pero tampoco ignorar. Hablando de la farsa, está también cómo se manejan los datos. Entiendo que el MSP diga que hasta que las personas tengan dos dosis y 15 días no se las puede considerar inmunizadas, ¿pero qué pasa si las vacunas generan reacciones graves, aunque sea en un porcentaje menor, que hacen que una persona débil, en una casa de salud, tenga una reacción y muera?

-¿Para usted el pico de muertes tiene que ver con la vacuna?

-No lo sé. Lo que me llama la atención es que nadie diga nada. Está prohibido conectar las vacunas con las muertes. Es un dogma. ¿Por qué no se puede discutir eso?

Vacuna toma dosis de la vacuna contra el COVID-19. Foto: Estefanía Leal (Archivo)

-En Europa el 90% de los que están en CTI no se vacunaron.

-No es así. Se publican datos falsos.

-En Uruguay la gente vacunada no está ocupando camas de CTI.

-Todos los enfermos Covid que yo conozco están vacunados y tienen los mismos síntomas durante un tiempo a veces largo (falta de aire, cansancio extremo, fiebre intermitente). Y por otro lado veo gente que muere y que no se conecta con la vacuna. Nadie está mirando realmente. Hay una censura a investigar.

-¿Pero por qué cree solo en las fuentes que van en contra de lo que usted define como una narrativa oficial?

-Porque veo las fuentes. Tengo de un lado organismos oficiales comprometidos con la causa del COVID-19, como el MSP, que tiene un obvio compromiso político en esta línea. Hay una resistencia a aceptar una crítica radical, a decir que la OMS está corrupta y a que el sistema de producción de medicamentos y el de la administración de la medicina también están corruptos. Ahí está el dique discursivo. No quiere decir que todos los médicos sean corruptos, pero siguen protocolos, se manejan con quienes les dicen qué hacer, y esos tienen compromisos políticos.

-Todo esto, igual, tiene algo de teoría conspirativa…

-Lo que hay es una convergencia de intereses. Obviamente nadie llamó a los dueños de los diarios a decirles que hay que ir por cierto lado y hay tanta guita…

-¿No cree que haya alguien detrás?

-Hay alguien sí. Está demostrado.

-¿La OMS, las farmacéuticas…?

-Hay diferentes grupos que tienen sus intereses y a todos les sirve la pandemia. A todos para hacer dinero y para aumentar su poder, y para acelerar la imposición a nuevas tecnologías, por ejemplo para acelerar el pasaje de la vida de la gente a un nivel virtual (…) La OMS sí es responsable. Si uno mira en los últimos años se generaron iniciativas público-privadas, con grandes financiadores -como ser Bill & Melinda Gates Foundation o los grandes fondos de inversión- para hacer proyectos de preparación de las futuras pandemias, lo que tiene que ver con la creación de vacunas como solución (….) ¿Está todo el mundo en el juego? No, la gente sigue protocolos y hay una narrativa que llama a estar del lado del bien (…) También pasa que se forman bandos. Si acá el gobierno fuera de izquierda muchos del Partido Nacional que defienden la política del Covid estarían en contra, como pasa en Argentina. Lo mismo uno ve en Estados Unidos, con la población dividida 50% y 50%. La corrupción juega, porque uno es gobernador de un Estado, puede comprar mascarillas y se puede llevar, capaz, un 20%.

-Pero eso puede pasar comprando cualquier cosa, no tiene que ver con el Covid…

-Pero creo que se potenció. En Uruguay no hay Tocaf, se compra lo que se necesite para la emergencia. No digo que pase eso acá, no lo sé, no lo he investigado, pero en Estados Unidos es escandaloso el traspaso de fondos públicos a privados (…) Pasa algo también con la hidroxicloroquina y la ivermectina, que el discurso oficial repite que no hay pruebas sobre su eficacia. Y esto es falso. Hay decenas de pruebas. Hay centenares de papers publicados. Sin embargo, en Estados Unidos, si vos sos un médico y la usás. te llama el farmacéutico a preguntarte por qué lo recetaste. No hay libertad para ejercer la profesión médica. Hay una campaña que es a favor de las vacunas y nada más. Entonces, son muchas cosas convergentes y mi pregunta es: ¿cómo es que no haya una discusión abierta? Yo no niego la enfermedad. Yo tuve COVID-19.

La teoría del “gran reseteo”

-¿Se vacunó?

-No. Y todos los amigos que tengo tuvieron COVID-19 después de vacunarse. Estuve 15 días en casa, con síntomas. Tomé ivermectina y se me fue.

-¿Se hizo el test?

-No, pero tuve los síntomas, perdí el olfato, estuve planchado, pasé durmiendo la mayor parte del tiempo.

-En su web hay un artículo que advierte sobre un “plan para encerrar a todo el mundo y empezar el gran reseteo”. ¿A qué se refiere?

-Me refiero al libro El gran reseteo de Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, que dice que estamos ante una gran oportunidad, que la humanidad está parada, que hay un montón de cosas que se pueden hacer ahora: pasar a mucha gente a digital y cambiar la economía. Todo en un tono colectivista. Menos libertad individual, pero más bienestar garantido por un sistema global, centralizado, que tenga toda la información de los ciudadanos, y que le dé a cada quien según sus necesidades. Es como un comunismo.

-¿Como un Gran Hermano?

-También, en el sentido del manejo de la información. Esto implica que sepan por ejemplo cuánta plata tenés. Y esto para mí es muy riesgoso. Ya no la podés guardar abajo del colchón porque no existe. Es de quien maneja lo digital.

Fuente: Elpaís