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A los 44 años el «Betito» Acosta levantó otra copa en Brasil

El delantero ganó 14 títulos en su carrera, 13 de ellos en Brasil. Acaba de ser campeón del torneo Amazonense y tiene claro que se quedará par siempre en el país norteño donde es muy respetado.

Trofeo. Alberto Acosta con la copa y la medalla de campeón del torneo Amazonense. 

«La verdad, a veces me pellizco, porque tengo 44 años y cada temporada me llaman cuatro o cinco clubes. No son de Primera División, pero me llaman”, cuenta Alberto Acosta, el “Betito”, que acaba de ser campeón del torneo Amazonense con el Penarol (sin ñ) de Manaus. Llegó al club cedido del Bahía hace menos de dos meses y ya logró el objetivo de ser campeón. Se trata del decimocuarto título en la carrera del “Betito”. Uno solo, el de Segunda División que ganó con Cerrito en 2003, fue en Uruguay. Los 13 restantes los consiguió en Brasil, donde ya sabe que se quedará a vivir cuando por fin cuelgue los zapatos.

“Es que como se paró el fútbol por la pandemia recién se terminó el campeonato estadual, el regional del 2020. Cuando yo llegué Penarol ya estaba en octavos de final”, agrega en su castellano mezclado con portugués. “Entrevero todo, hablo medio portuñol. Llevo 15 años acá ya, por eso hablo todo entreverado”. Salvo un breve paréntesis en el que regresó a Cerrito por seis meses en 2018, cuando se había alejado momentáneamente de las canchas por un problema cardíaco que obviamente superó, está hace rato en Brasil.

Vive en Itacoatiara -una ciudad de 80.000 habitantes donde Penarol es local- ubicada a unas cuatro horas de Manaus, la capital del estado de Amazonas. “Está bueno porque todo el mundo es hincha del club. Es pueblo, te ven en la calle y te piden para sacarse fotos. Más yo que como jugué en Corinthians y en Náutico soy bastante conocido. No te imaginás lo que fue cuando volvimos después de haber sido campeones en Manaus. Eran como 5.000 personas en la sede del club esperándonos. Se olvidaron del virus y de todo. Es que hacía 11 años que Penarol no salía campeón. Fue una locura”, dice y se lamenta que los hinchas no hayan podido estar en la final.

PENAROL

Capitán

Acosta llegó al club de Manaus hace menos de dos meses, pero enseguida le dieron el brazalete. Es que su experiencia pesa, pero también su nombre, el delantero es muy reconocido y respetado en el país norteño.

“Yo sé que pueden pensar que poco más juego con los indios, pero nada que ver. En Manaus está el Arena da Amazônia, el estadio para 60.000 personas donde jugó Portugal en el Mundial de Brasil. Y después hicieron otros escenarios más pequeños, para unas 5.000 personas, que son para entrenar. Pero como ahora se juega sin público por la pandemia, los torneos se juegan ahí. Están buenísimos esos estadios. Aunque las semifinales y la final la jugamos en el Arena da Amazônia.

En la final, el equipo de Acosta derrotó a Manaus, que era el bicampeón del Amazonas. Empataron 1 a 1, pero vencieron en la tanda de penales. “No me tocó tirar porque había salido como a los 70 minutos. Tengo 44 años, ya no estoy para aguantar los 90’. Si no me sacan, pido yo mismo para salir. Je”.

Estudios

 En mayo debe volver a Bahía, que milita en Segunda División. La temporada pasada no pudieron ascender y por eso pudo irse a jugar a Penarol. Pero sabe que si llegan a lograr el ascenso le van a pedir que siga un año más aunque, ya va a tener 45 años. “Estoy estudiando para ser entrenador y gerente deportivo. En Bahía ya me ofrecieron que juegue y sea técnico, pero no me parece bien. Respeto al que lo hace, pero a mí no me gusta. Si soy técnico, soy técnico; no se puede hacer todo. Imagináte: estás jugando y decidís sacar a uno u a otro y son tus compañeros también. Sería un relajo bárbaro”. El curso de gerente deportivo lo está haciendo por Internet y le faltan unos tres meses para recibirse. Mientras que para ser entrenador debe ir a hacer el curso de la CBF en Río de Janeiro, que es el que lo habilita para dirigir equipos de la serie A, B y C. Para hacerse cargo de equipos menores o regionales ya está capacitado.

La pandemia

Brasil es uno de los países de América más afectados por el COVID-19. “Acá está todo muy complicado. Hoy la cosa ha mejorado un poco, pero hubo un momento que la gente se moría porque no habían tanques de oxígeno para todos. Ahora está más controlado. Por ejemplo, los locales de venta abren a las 10 de la mañana y cierran a las cinco de la tarde. Cierran los supermercados, cierra todo. Y una hora después, a las seis, ya no podés andar en la calle porque te meten preso. Por suerte en Itacoatiara está tranquilo, pero hubo un momento en que me asusté cuando me enteré que se habían muerto 3.000 personas en un día. Pero la gente no se cuida, es como que no hubiera ningún virus. Recién se dan cuenta cuando se lo agarran. Las playas, los bares y los supermercados están llenos. Y la gente, sin máscara, como si no hubiera nada”.

El propio Acosta ya tuvo la enfermedad en tres oportunidades. “Las primeras dos veces que me la agarré no tuve síntomas, pero la última que fue acá en el club, perdí el olfato y tuve un par de días de mucha tos. Pero no hice fiebre ni nada. Y nunca dejé de entrenar. Si el equipo practicaba de mañana, yo iba de tarde, solo. Separado del grupo. Y estaba aislado en mi cuarto. Por suerte, el club es muy organizado, me dejaban la comida afuera. Y tomaban todas las medidas de higiene. Lo peor fue lo del olfato; me duró como tres semanas. ¡Y eso que mi nariz es bien grande!».

El “Betito” tiene su casa en Brasilia. Allí pasó las fiestas junto a su familia. “Si Dios quiere pienso quedarme en Brasil. Invertí acá, tengo mis cosas acá. Un par de apartamentos en Brasilia mismo. Uno está alquilado y el otro se lo di para las nenas. Con ese marché. Je. Y Daniela, mi esposa, tiene su ‘loja’ de ropa acá también. Mis hijas ya me dijeron que no se van para Uruguay ni locas. Y es complicado estar lejos de los hijos”. Más ahora, que las gemelas Martina y Micaela ya lo han hecho abuelo. Miguel, su nieto mayor, tiene un año y medio y Pedro apenas 15 días.

“Yo a la que más extraño es a mi vieja. La quiero traer para acá con nosotros, pero viene un par de meses y se vuelve. Es de esas uruguayas que son de su lugar y de su familia. Y allá están las hermanas y los sobrinos. Mi vieja es una crack, pero ahora hace como dos años que no la veo porque por el virus no puede venir. La extraño como loco y sé que ella a mí también”.

LA SELVA

Respira Amazonas

Todos los equipos de la zona defienden la selva que ha sido desbastada, y por eso las camisetas llevan la frase Respira Amazonas.

Acosta suma 14 títulos en su carrera y 13 los consiguió en Brasil. “Casi uno por año, aunque en Corinthians gané como tres títulos. Me destapé en Brasil. Además, ahora juego de 9, no soy más aquel enganche. Nada de correr hoy para mí. Y mirá que cuando me llaman los equipos yo les digo que tengo 44 años, pero me dicen que hago goles y que me sé posicionar. Y que me respetan. Yo acá me gané un nombre. Y como sigo haciendo goles, se quedan con esa imagen”.

En Recife
A poco de llegar al final de su carrera, hace un balance de la misma. “Tuve varios buenos momentos. Lo de Cerrito fue espectacular. Hasta me citaron para la selección jugando en Cerrito. Pero me voy a quedar con Náutico de Recife. Allí tuve mi mejor año. Exploté en Náutico y fue donde mejor me sentí jugando. Me acuerdo que un día me fue a ver mi padre y justo le hice cuatro goles a Botafogo. Entonces me preguntó si me estaba drogando con algo, porque nunca me había visto jugar así. Je”, acota riendo.

“Era mi primer año en Brasil, pero me adapté enseguida. Y la gente me recibió muy bien. Náutico no pudo ganar nada, pero yo fui Balón de Plata y el mejor jugador del Brasileirão. Hasta me hicieron una canción que ponían en el estadio. Era una locura. Iba a un restaurante con toda mi familia y no me dejaban pagar ni un peso”.

Carbonero
Jugó en Peñarol dos temporadas: del 2005 al 2007. Y los hinchas carboneros lo siguen recordando. “Anduve bien en Peñarol, lo que pasa es que como no ganamos nada, eso no ayudó. Pero personalmente anduve bien”.

Disputó cuatro clásicos y nunca perdió. Ganó dos y empató los otros dos. En uno de ellos convirtió dos goles y en ese momento en Nacional jugaba un muy joven Luis Suárez. En ese entonces, el hoy jugador colchonero no le llamó la atención. “Es raro, porque en aquel momento no parecía tan bueno ni que iba a llegar a lo que llegó. O al menos no como está hoy, tan despegado. Son esas cosas raras del fútbol”, recuerda “Betito” sobre el “Pistolero”, que hoy puede llegar a los 500 goles en su carrera.

Fuente: Ovaciondigital